Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Voltear Hacia el Futuro
Eduardo García Gaspar
9 julio 2002
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Hay un común denominador en algunos de los sucesos principales de nuestro país.

Y ese común denominador, que tiene toda la apariencia de ser bueno, implica riesgos de cambiar para mal a la perspectiva nacional.

Estoy hablando de las investigaciones de hechos del pasado. Por ejemplo, las pesquisas acerca de los financiamientos electorales de PAN y PRI, de los manejos del PRD en la capital y, muy claramente, de lo que sucedió en 1968 y 1971.

La cuestión va a serio, pues nos enfrentamos a lo nunca antes imaginado, la cita de un ex-presidente en una investigación sobre sus responsabilidades en hechos sangrientos. ¿Es bueno que se hagan esas investigaciones y se castigue a los culpables? Sin duda alguna.

Gran parte de la confianza dentro de una sociedad deriva de la razonable expectativa de sus integrantes de que quien cometa delitos será arrestado y penalizado.

Entonces, al menos en teoría, esas pesquisas son positivas para el país. Pero ahora vayamos a detalles importantes que merecen una segunda opinión. Voy a mencionar dos de ellos.

• El primero de ellos es el riesgo de politizar la investigación. Muy pocos de nuestros gobernantes verán a esas investigaciones con objetividad.

Ellos las entenderán como ataques a cada uno de sus partidos y de esto hay muestras palpables en una declaración reciente de un miembro del PRI, quien dijo que “quieren desaparecer al PRI”.

Esta politización del proceso judicial amplía el terreno de los conflictos políticos y dificulta aún más el logro de negociaciones entre los diferentes poderes federales y estatales. Tenemos, por tanto, lo bueno de eso, de que se persiga y castigue a culpables de violaciones a la ley.

Pero en este mundo imperfecto, tenemos que reconocer que eso bueno en sí mismo tiene una consecuencia negativa al profundizar las enemistades entre los partidos, lo que altera las probabilidades de negociación en acuerdos de reformas muy necesarias para el futuro del país. El reconocer este aspecto negativo ya es ganancia.

• El otro riesgo es uno muy propio de la cultura mexicana y es el regodearse en el pasado más que ver hacia el futuro. Toda investigación judicial necesariamente se refiere a hechos pasados y, por ejemplo, la reapertura del caso de 1968 y 1971, profundiza la mirada hacia lo sucedido hace varias décadas.

Los intensos sentimientos de esos sucesos añaden un factor emocional que complica las cosas.

Basta con oír hablar a los involucrados en esos sucesos para confirmar que para ellos siguen vivos a pesar de los años transcurridos. Sigue siendo positivo el hacer esa investigación, el sacar a la luz los sucesos reales.

Lo que me temo que suceda aquí es que la atención de los gobernantes se distraiga del futuro en una proporción dañina.

México, creo, como un total, tiene gran tendencia a gastar su presente viendo hacia el pasado sin voltear hacia el futuro. Nos encanta recordar las glorias ancestrales y las batallas legendarias.

Y eso es malo si se hace como actividad primaria. El futuro es el lugar en el que viviremos y ese lugar merece más atención que el pasado.

No es descuidar nuestra historia sino que ella no sea el foco único de nuestra atención. Lo que digo es que esas investigaciones, principalmente la de los sucesos sangrientos de 1968 y 1971, va a entretenernos y producir el descuido del futuro.

Consecuentemente, tenemos una serie de investigaciones que son positivas pero que tienen consecuencias colaterales negativas, la de reducir probabilidades de acuerdos políticos y la de distraer nuestra atención de cuestiones más importantes.

El remedio a esos riesgos es en realidad muy sencillo, al menos en teoría. Hay autoridades encargadas de esas investigaciones y hay autoridades encargadas de gobernar. Separando esas funciones pueden evitarse los riesgos que mencioné.

El poder judicial es el que debe ver hacia el pasado y el resto de los poderes deben dejar que el judicial haga su trabajo y ellos encargarse de poner su atención en el futuro. Mero sentido común.

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