Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Fernando y Juan
Leonardo Girondella Mora
22 agosto 2006
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Fernando y Juan tienen dos mentalidades muy diferentes.

• Fernando Moreno vive en Yautepec al sur de la capital mexicana, vende helados en la calle (hielo raspado) y ha escrito cinco cartas al actual presidente. En ellas le pide prestado para comprar un nuevo congelador. Cuando fue entrevistado antes de las elecciones, dijo que ahora tenía sus esperanzas puestas en el candidato del PRD.

• Juan González es taxista y piensa que ésta es la primera vez que llega a fin un gobierno sin sufrir problemas económicos. Otros presidentes han creado inflación y manejado mal sus finanzas. Dijo que no quiere más papá-gobierno.

Con esos dos ejemplos termina un reportaje de David Luhnow y John Lyons del Wall Street Journal (1 de julio), acerca de las elecciones mexicanas. En el escrito hablan de la decisión del electorado mexicano —entre volver al gobierno paternalista o seguir con las reformas y la apertura. Es verdad.

Al final de cuentas, lo que en principio de ve como una complicada decisión llena de cuestiones ideológicas, análisis complicados y lenguajes incomprensibles, Juan y Fernando lo han visualizado en sus propias vidas —uno quiere arroparse bajo la autoridad, el otro piensa que los gobiernos han causado daños.

Los intelectuales hacen sus sesudos escritos desde torres de marfil y usualmente van por el lado de la simpleza mental. El gobierno tiene que crecer para cumplir con sus funciones —el problema es que cada vez tiene más funciones y los recursos para ejercerlas tienen que ser obtenidas de algún lugar.

Y el único lugar posible es el ciudadano mismo, lo que termina en un círculo impracticable: para que el gobierno haga más, el ciudadano tiene que hacer menos. La realidad es así de dura.

Fernando escribe al presidente pidiendo dinero. Supongo que no tiene otra fuente de financiamiento —no puede ahorrar los 1,400 pesos que pide, no los puede pedir prestado y su conclusión es sencilla, elegir a otro presidente, uno que piense que sí le donará el dinero.

Juan, por su lado, quiere lo opuesto: finanzas en orden. Todo se ha llevado al nivel de la vida individual de cada ciudadano.

La idea de dar ayudas a las madres solteras es otra instancia como la del préstamo directo de la presidencia —pero ahora oficializado como promesa. La madre soltera, como Fernando, no verá el bosque, sino el árbol que le ofrecen, seleccionando al gobierno que le dé a ella la ayuda por ser eso, madre soltera.

El voto es comprado por vías legales y en una ligereza malvada logrará lo obvio: si se promueven a las madres solteras, se tendrán más de ellas. Más hijos abandonados en familias incompletas —total qué, si el gobierno ayuda. Y el gobierno cree que está haciendo un gran bien. Todos lo creerán.

La mentalidad de Fernando es egoísta en extremo —su voto está en venta a quien prometa darle a él, no a otro, esos pesos. El resto no importa. Juan ve las cosas de otra manera, preocupándose de la inflación, que le afecta a él, pero también al resto. Es una visión más general, más altruista y generosa.

Fernando es un egoísta, dependiente de la autoridad, dispuesto a apoyar al que más le dé —uno de los efectos del gobierno grande. Los intelectuales le dicen clientelismo. En la realidad se llama venta de votos y peleas por el reparto de los favores del gobierno, los que crecen hasta que la fuente se acaba y sobreviene una crisis. Crisis cuya culpa será buscada en cualquiera menos la autoridad.

Varios han tratado el tema del miedo a la libertad y del futuro, que es el núcleo del problema que se trata aquí —qué bueno sería quitarse responsabilidades y sacrificios pasándolos a otros, al gobierno que promete dar si se vota por él.

Créanse así ciudadanos irresponsables, enemigos de las libertades, que buscan cobijo a cambio de su apoyo al gobierno. La otra opción es la de Juan, que sólo parece estar pidiendo que el gobierno no cometa errores en sus finanzas, que lo dejen sólo, que él puede.

Las elecciones pasadas en México promovieron el egoísmo ciudadano —a los artistas se les prometía apoyos, igual que a las madres solteras, a los ancianos; para todos había ofertas de compra de voto. Pocos tenían conciencia de que todo eso cuesta y lo tienen que pagar otros, no el gobierno. Es la erección del monstruo caritativo, el que hace caridad con recursos ajenos.

Es la historia repetida en muchas partes —la del político en campaña que habla con un ciudadano y le pregunta “¿en qué le puede ayudar mi gobierno?”. Ante la pregunta Fernando respondería “en prestarme un dinerito”. Pero Juan contestaría como cuenta la historia, “con que no me joda es suficiente”. Dos mundos. Uno de libertad y realización. El otro de esclavitud. Esclavitud voluntaria.

NOTA DEL EDITOR

• El gran libro sobre el tema es el de Postrel, Virginia I (1998). THE FUTURE AND ITS ENEMIES : THE GROWING CONFLICT OVER CREATIVITY, ENTERPRISE, AND PROGRESS. New York. Free Press. 0684827603.

• Sobre los efectos del Estado Benefactor es muy recomendable Bartholomew, James (2004). THE WELFARE STATE WE’RE IN. London. Politico’s. 1842750631. Y también un clásico sobre los efectos de las ayudas gubernamentales para combatir la pobreza, el de Murray, Charles A (1994). LOSING GROUND : AMERICAN SOCIAL POLICY, 1950-1980. New York. BasicBooks. 0465042333.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras