Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Convención del EZLN
Eduardo García Gaspar
5 enero 2007
Sección: FAMOSOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Sucede con cierta frecuencia: hay quienes en persona me comentan sobre la labor de un columnista diciendo que debe ser difícil escribir a diario, a lo que desde luego respondo que sí, que es arduo hacerlo. Con eso quiero aparecer como un tipo esforzado, pero la verdad es otra. Escribir columnas de este tipo es fácil.

Por una razón. Los columnistas tenemos a gente que a diario da temas para comentar, muy específicamente a los gobiernos, los que se empeñan en proveernos de temas sin fin. Vea usted la cantidad de columnas que se escriben sobre eso.

Son cientos en cada país y casi todas ellas dependen de ese inagotable manantial que es el de las acciones de gobierno. Y si los gobiernos no hacen mucho, como el fin del año pasado, entonces se tiene a otras personas.

Otras personas que, como los neo-zapatistas de Chiapas en México, abastecen de temas a los columnistas. Hablando de eso, resulta que durante el fin de año el “Ejército Mexicano de Liberación Nacional” (sic) se puso a trabajar. No lo hace mucho el resto del año, pero sí en estas fechas, organizando el “Primer encuentro entre los pueblos zapatistas y los pueblos del mundo”.

Resulta de humor involuntario que ese encuentro haya sido inaugurado por miembros del “Comité Clandestino Revolucionario”. Como que no es congruente que la clandestinidad tenga un encuentro y pierda esa cualidad de ser oculto. Parte de los integrantes son Moisés. Tacho, David, Javier y Felipe y otros, que al parecer no tienen apellidos y los han sustituido por grados militares, como “teniente coronel revolucionario”.

Muy bien, se reunieron en algún lugar de Chiapas para trabajar. Trabajar para erradicar del mundo dos cosas, al capitalismo y al neoliberalismo. Uno esperaría que se reunieran para cosas como combatir enfermedades, elevar ingresos en países pobres, o algo por el estilo.

Pero no, esa organización tiene una meta, la de combatir al liberalismo, porque, argumentan, eso causa injusticia, pobreza, falta de libertad y de dignidad. Y, explotación, desde luego (lo que sea que ello signifique, siempre suena muy bien decir que hay explotación).

Para combatir al liberalismo se reunieron, según las noticias al respecto, unos dos mil representantes de 40 países. La realidad es que no son representantes en el sentido acostumbrado de la palabra, sino personas nada más, sin ninguna representatividad nacional: individuos que tienen en común querer luchar contra el liberalismo y son fans de los zapatistas. Vaya, es como un club de amigos, una convención más, no diferente a una de agentes de ventas.

Se pusieron a trabajar ordenados en mesas de trabajo y cada una de ellas trató temas que tienen nombres: “La otra educación”, “La otra salud”,  “La otra comunicación, el otro arte y la otra cultura”, “Otro comercio” y, perdón por la repetición, otros más. Como que existe un tema subyacente en esto, el de la palabra “otro”, lo que sugiere que hablarán de opciones alternas a las de su enemigo.

No está mal hacerlo, pues es parte de las libertades humanas el poner en tela de juicio a los supuestos del pensamiento. Es indudable un fenómeno de globalización, de libertad de comercio, de liberalización económica y de democratización mundial. Retar esas ideas es parte de lo esperado. No debemos darlas por supuestas. Y en esto es lo que llama poderosamente la atención ese grupo de amigos en convención.

¿Cómo piensan llevar a la práctica su lucha en contra de su enemigo? No hay muchos datos al respecto, excepto dos: el EZLN declaró la guerra al gobierno mexicano en 1995 y ha rehusado convertirse en partido político. Eso indica que la implantación de sus objetivos no seguirá la vía democrática aceptada y sugiere también pensar en que son partidarios de vías no pacíficas.

Usted puede ser un liberal o un socialista, no importa. Usted puede defender sus opiniones persuadiendo a otros: escribiendo, analizando, conversando, formando partidos políticos, siendo gobernante. Son caminos pacíficos. Pero hay otros, que son los de la imposición y la coerción. Lo preocupante de sucesos como el mencionado no es su crítica al liberalismo, sino la inclinación de esos grupos por la violencia para imponer sus opiniones y proyectos.


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