Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pueblo, Sociedad, Nación
Eduardo García Gaspar
2 febrero 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Quizá a usted le pase lo mismo que a mí. Me refiero al uso de nombres colectivos considerándolos como unitarios. Me explico. Escuché a un conferencista decir que “México en los años 50 optó por una política económica proteccionista”.

La duda que me asalta es la existencia de algo llamado “México” capaz de tomar esa decisión.

La realidad es que esa política fue decidida no por México, sino por personas en puestos gubernamentales. No hay un sujeto único colectivo, sino uno personal. Lo mismo pasa con algunos discursos políticos que hablan de “los deseos del pueblo” y que parten de la misma hipótesis: la de que existe alguien llamado “pueblo”.

También es frecuente escuchar cosas como “los reclamos de la sociedad”, con el problema de que eso supone la existencia de alguien que se llama “sociedad”.

El asunto no tendría la menor importancia, excepto por el hecho de que puede ser tomado literalmente. Cualquier persona sabe que hablar de que “México adoptó una política proteccionista” es una figura de lenguaje, que no existe nadie llamado “México” capaz de tomar decisiones. Que la frase se refiera a una decisión de las personas en el gobierno.

Tampoco puede tomarse literalmente la frase “reclamos de la sociedad”, ni “deseos del pueblo”. Ellas son eso mismo, figuras del lenguaje, muy útiles para designar a grupos de personas individuales.

Sin embargo, si se toman literalmente llevan a errores, como el creer en la “propiedad social” de, por ejemplo, el petróleo en México. ¿Puede una colectividad ser propietaria?

Sí, definitivamente, como en los casos de accionistas de empresas, en las que cada persona tiene partes de esa propiedad, que puede comprar y vender. Pero no es social en realidad, sino personal al final de cuentas.

¿Puede un país tomar una decisión colectiva? La realidad no. Un país es una entidad colectiva que no puede tomar decisiones si no es por medio del cúmulo de decisiones personales para, por ejemplo, elegir gobernantes.

Es decir, la sociedad no existe en el sentido de ser una entidad autónoma. Sin personas no habría sociedad. El punto bien vale una segunda opinión por el error que se sufre al creer que en efecto la sociedad existe autónomamente. Ella es simplemente un grupo de personas, definido de cierta manera, en el que esas personas tienen autonomía e independencia.

Si usted me dice que el asunto es abstracto y vago, le contestaría que sí, pero que tiene consecuencias graves. Si en realidad se cree que hay algo real que se llama “sociedad”, entonces se empieza a hablar de cosas como “propiedad social” y “justicia social”, que suenan muy bien, pero que causan el olvido de la persona… y la persona es el elemento clave que origina esos grupos.

Si se habla de “justicia social” se corre el riesgo de olvidar a la justicia sola, la que es totalmente personal, basada en la conducta individual y que le representa obligaciones al individuo, no a la sociedad.

Si se habla de “propiedad social” se tiene el peligro de olvidar a la propiedad personal, que es causa de la libertad. Si se habla de la “voluntad del pueblo”, los riesgos son tremendos.

La “voluntad del pueblo” es, desde luego, una figura del lenguaje, pero si es tomada literalmente da cabida al surgimiento de un representante del pueblo: ése quien se erige el portavoz de la colectividad y se abren las oportunidades para el sacrificio de la persona en aras del pueblo, es decir, el líder ya tiene permiso de anular a las personas que según él no son el “pueblo”.

El pueblo, la nación, la sociedad, todos los grupos no existen en sí mismos con independencia de quienes los forman. Esas colectividades son ficticias en buen grado, pues están compuestas por personas libres y es esa libertad la que anula la posible existencia de una voluntad colectiva distinta a la de sus miembros.

El lenguaje, se dice con razón, tiene sus consecuencias. Su mal empleo lleva a errores en las ideas y ellos a distorsiones de la realidad. Nuestra unidad de análisis en terrenos políticos, económicos y otros similares, debe ser la persona y no las colectividades. A los grupos y a as colectividades las hemos inventado nosotros por facilidad de lenguaje, a las personas no. Ellas son reales, libres e individuales.

POST SCRIPTUM

Sobre el tema, una persona hace tiempo me argumentó en contra utilizando la imagen del cuerpo humano, con diferentes órganos y partes todas formando una entidad con vida propia; la sociedad, me dijo, es como el cuerpo humano y sus órganos son las personas.

La metáfora es atractiva, pero falsa. Un estómago, por ejemplo no tiene la autonomía de una persona para pensar por sí mismo y, por ejemplo, decidir casarse con el páncreas, jubilarse, estudiar ingeniería, ni decidir su religión.

Repliqué que la imagen de la sociedad recordaba más bien a la de un equipo de futbol, con personas voluntariamente coordinadas en un esfuerzo común altamente dependiente del desempeño de cada persona según sus propias decisiones libres. Seguir perteneciendo al equipo, además, es una decisión del jugador.


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