Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Democracias, No Gracias
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2008
Sección: FALSEDADES, LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Encontré a una persona maravillosa para ilustrar a la serie de clisés que tanto produce la falta de empleo de neuronas. Hablaba ella de la modernidad y lo grande que ese concepto es al estar poniendo en tela de juicio a todo lo establecido. Una de las personas que estaba junto a ella tuvo la afortunada idea de preguntarle qué era eso de la modernidad.

Se deseaba una definición más o menos razonable. Nunca la pudo dar, ni siquiera de manera atolondrada y al final dijo algo como que si se preguntaba qué era la modernidad eso significaba que nada se sabía del tema. Sea lo que sea, al modernismo asignó todo el mérito de los adelantos actuales y del progreso que se tiene, lo que provocó que otra persona hiciera una pregunta.

Le preguntó sobre cómo el modernismo podía ser causante de tanto progreso, a lo que ella respondió que se debía a las actividades participativas de las personas. “La participación ciudadana en los diálogos sociales era una garantía de progreso en todos los sentidos.” Se le volvió a interrogar para definir diálogo social, lo que tampoco pudo hacer de manera satisfactoria, pero que le adentró en el tema de la democracia.

A estas alturas de la conversación me encontraba yo al borde de la risa, la que contuve no sin esfuerzo, absteniéndome de pronunciar palabra. Dijo la persona que la democracia es “participación social y diálogo dialéctico que frena las presiones hegemónicas sectoriales”. La expresión de la voz de la sociedad podía dar respuestas sorprendentes, afirmó.

No uso comillas en todo porque no son citas textuales exactas, pero sí reproducen las palabras utilizadas con gran fidelidad. Fue interrumpida nuevamente para que definiera a la voz de la sociedad, a lo que ella respondió que era la voluntad de la mayoría. Se le volvió a preguntar cómo saber qué es mayoría y cuál es su voluntad. Dijo que esa interpretación sólo podía ser “aprehendida mediante el conocimiento profundo de la sociedad” a la que se gobierna.

Se le volvió a preguntar qué pasaría si dos gobernantes distintos tienen una interpretación diferente de lo que es la mayoría y de lo que ella desea, una posibilidad que me pareció de lo más razonable. Respondió que un buen gobernante “encarna” esa voluntad popular mayoritaria de la nación y que se expresaba siempre en el voto de la mayoría, sea en una elección o por otros mecanismos, como el diálogo social y la participación comunitaria ciudadana.

Volví a hacer esfuerzos grandes para no reírme y seguí callado. Esta persona estaba totalmente convencida de que palabras vacías podían ser usadas sin límite para entender al mundo, o al menos a la política. Para ella, la democracia es el voto de la mayoría cuya voluntad sólo puede ser entendida por el gobierno. Una postura más totalitaria es difícil de tener.

Salí de allí con una idea, la de que quizá conviene olvidarnos de la idea de una democracia, la que de su original sentido ha sido transformada en su opuesto. Es posible, me quedé pensando, que debamos volver a usar otra palabra que aún no ha sido prostituida, la de “república”. En una república privaría el sentido común y personas como esa no tendrían argumentos, pues allí no cabe la idea de que un gobernante encarna a la voluntad mayoritaria. Las mayorías no tienen significado en una república, donde lo que cuenta es la libertad de las personas y la aplicación de la ley por parte de un gobierno que es delegado de la gente y nada superior a ella.

Y es que la democracia ha sido desvirtuada. Primero se le ha considerado un valor político, cuando es una herramienta muy imperfecta para hacer respetar las libertades evitando abuso de poder. Segundo, se ha creído que la democracia es el respeto a lo que sea que la mayoría decida según lo interprete un gobernante en sus más pequeños detalles, como lo sucede a Venezuela y a Ecuador en estos momentos.

Quizá sea ya tiempo de mudarnos a otra palabra y dejar que “democracia” tenga una nueva definición, la de ser un pretexto totalitario al mal interpretar a las votaciones populares que el gobernante totalitario manipula a su conveniencia.

Quizá sea tiempo de ir otra vez a la idea de una república de amplias libertades ciudadanas, bajo un estado de derecho que fragmenta poderes y evita su abuso, y en el que todas las personas valen mucho e igual todas.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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