Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Mente Progresista
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los planes de acción de un gobierno cualquiera suelen ser llamados agendas. Ellas contienen una colección de medidas por realizar y que son congruentes con la forma de pensar de los gobernantes en el poder. Son medidas claramente influidas por las ideas que esos gobernantes poseen.

Un ejemplo actual de agenda política es la de Obama. Entre sus puntos se incluye el tema del aborto y sobre él, contiene medidas como el usar fondos gubernamentales para realizar abortos fuera de los EEUU, usar esos mismos fondos para pagar investigaciones que requieren la destrucción de embriones humanos e ir en contra de la oposición de conciencia, que ahora libera a personal médico de actividades a las que no aprueban moralmente.

Quizá los detalles no se sabían de antemano y habrá más de ellos en el futuro, pero esa parte de la agenda era conocida. Lo que creo que debe examinarse es el origen de esa parte de la agenda de Obama y de muchos otros que la apoyan. El grupo de personas que promueven esas medidas suele ser llamado “progresista”. En México, por ejemplo, el PRD tiene esta posición.

En inglés de EEUU, la palabra es “liberals” (y que no es lo mismo que liberales en el resto del mundo). Su manera de pensar tiene un antecedente en un libro famoso, el de J. S. Mill, titulado Sobre la Libertad. La defensa que allí se hace de la libertad puede ser interpretada como una que aplica el principio de que es posible hacer todo con la condición de no dañar a otros.

Su apariencia es sana. El principio parece tener sentido y atractivo: puedo hacerlo todo pero sin dañar al resto, es decir, sin quitar esa misma posibilidad a los otros. Para el lector más perspicaz, ese principio es al menos sospechoso, pues da a la persona una autorización moral de hacer todo sin frenos: todo exceso personal es admisible y permitido si es que no tiene un daño visible en otros.

Me puedo, por tanto, dañar todo lo que yo quiera y puedo tener conductas irresponsables si es que no se ve un daño claro en los demás. Es una despedida a las virtudes que nos piden tratar a otros como quisiéramos ser tratados. Eso ya no importa y los demás son el único freno ético que puedo tener.

Esto lleva a otro paso fácil de tomar: el principio del no te metas conmigo y lo que yo hago, no puedes juzgarme, no tienen derecho a hacerlo, yo soy la única persona que me importa. Es así que cada persona es elevada a ser su propia meta sin consideraciones ajenas. Es la elevación del yo como eje de la existencia y lo que frene a su libertad es indeseable.

La idea, entonces, tiene sus consecuencias: el único principio ético que puede existir es lo que yo pienso. Todo lo demás es un freno a mi libertad y, por eso, con lógica interna rechazo todo principio moral y ético que frene mi libertad. Los mandatos religiosos, los imperativos morales, las consideraciones éticas, todo sistema de valores es una imposición en mi vida.

El problema que sigue es que sin sistemas morales ni éticos ya no se tiene nada que sustente el valor de la persona. Si todo lo que me preocupa es mi libertad, el resto de la gente ya no importa. Y, por consecuencia, puedo llegar a considerar que el resto son también frenos a mi libertad: el cura que me pide obedecer los mandamientos, el profesor que me pide estudiar, la madre que pide llegar temprano a casa.

El trastorno es ya patente. Se ha llegado a la idea de que soy libre, pero no tengo responsabilidades. Ellas son un peso indeseable que me limita. Y, con esa misma lógica, se llega a exaltar la libertad sexual sin restricciones y, desde luego, sin responsabilidades. Una de esas responsabilidades sexuales es la concepción de hijos.

¿Cómo evitar esa responsabilidad sexual? Hay varios medios. Uno de ellos, el aborto, al que debe justificarse de alguna manera. Por ejemplo, diciendo que el recién concebido no es aún una persona y que por eso la puedo matar según mi voluntad. El recién nacido, después de todo, es un freno a mi libertad, a la que entiendo sin responsabilidades.

Todo lo que he querido explicar es otra instancia de que las ideas tienen consecuencias y que una mala definición de libertad ha tenido efectos nefastos. Ha alterado la manera de pensar de algunas personas y les ha facilitado matar a seres humanos. Es mejor creer que puedo hacerlo todo, pero que no debo hacer todo.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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