Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Otro Comentarista Más
Eduardo García Gaspar
6 enero 2009
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El pasado 29 de diciembre, el Universal reportó que “Teme la Iglesia venganza militar”. El origen de la frase fue la homilía dominical del cardenal Norberto Rivera Carrera, quien dijo que la reciente masacre de militares en Guerrero “puede conducirnos a un clima de venganza contra los delincuentes” que no dé resultados.

Añadió que la criminalidad ha prosperado porque ha sabido aprovechar las condiciones de pobreza de jóvenes que son reclutados por las bandas criminales a cambio de dinero. Dijo también que la familia debe ser el origen de loa esfuerzos para evitar esto: “Podemos librar a nuestras familias del mal alejándolas de la tentación, enseñando desde el hogar la importancia de la rectitud”.

Dos cosas hay dignas de señalar en lo anterior.

Una me recuerda lo que un amigo dijo hace tiempo: si un cura en un pequeño pueblo dice algún día que los narcotraficantes son también hijos de Dios, será muy probable que algún medio nacional reporte tal noticia diciendo, ‘El Vaticano bendice a los narcos’. No es tan exagerado como suena.

El reportero está escuchando al cardenal todos los domingos en busca de una nota y la va a lograr con el material del día, que es precisamente lo de la matanza de militares y a pesar de que eso haya ocupado una posición pequeña en la homilía del cardenal. Lo de la familia no da buen material noticioso, pero sí lo da la masacre y lo que el cardenal diga sobre ella.

Eso es muy conocido, las persona con experiencia de medios lo saben de sobra y lo aprovechan dando material subliminal a los reporteros para crear noticias. Da la impresión que el cardenal no lo sabe y cae en la trampa: su mensaje principal, el de la moralidad familiar es pasado por alto y se reproduce la parte que hace noticia que no es la central de su homilía.

La otra cosa digna de señalar es la conveniencia de tener a jerarcas religiosos haciendo declaraciones políticas. Desde luego, tienen la libertad de hacerlas igual que el resto. Pero aceptando esa libertad queda la cuestión de si es o no conveniente que, por ejemplo, un cardenal opine sobre los resultados de una campaña contra el crimen, o sobre una política económica.

Es un asunto de prudencia, es decir, de las consecuencias amplias de las acciones personales. A la larga, me parece, conviene más a los ministros religiosos mantener sus distancias con respecto a la política, evitando convertir en comentario político a las homilías dominicales. Las homilías no se diseñaron para ser entendidas como una columna de opinión que vale igual que el resto.

Cuando un ministro religioso nos habla de Dios, está dentro de su tema y lo escucharemos con interés, pero cuando expresa opiniones sobre la conveniencia de controlar precios o valorar resultados de campañas policiacas, la cosa cambia: podremos discutir en contra de lo que dice e incluso ganar la discusión. Eso no acontecería si se mantiene en su papel de traernos la palabra de Dios.

El tema es complicado. No quiero decir que los sacerdotes se queden callados sin meterse en las cuestiones terrenales, pero sí quiero decir que lo deben hacer con prudencia y sin convertirse en generadores de comentarios políticos frecuentes. Si lo hacen, reducirían su papel y olvidarían su razón de ser, la de ser portadores de mensajes religiosos y morales.

Mensajes que son de enorme importancia y consecuencias amplias. Hace muchos años conversé con un sacerdote que me habló mucho más de las grandes ventajas del comunismo que de las bendiciones contenidas en la Biblia. Me dio pena ver la terrible transformación de un ser que había cambiado su misión sagrada por la de un propagandista político errado.

Fue un caso extremo, pero ilustrativo de lo que no debe hacerse. Es cuestión de prudencia pero también de perspicacia, para alejarse intencionalmente del papel de comentarista político al que los medios forzarán al religioso sin que él lo quiera. Y que es a lo que se ha reducido la imagen pública del cardenal mexicano y de otros ministros religiosos.

No es un papel que infunda respeto en los creyentes, pero sobre todo es un papel que distrae del objetivo central de un sacerdote, que no es el de ser una fuente de opiniones sobre el desempeño de un gobierno. El está para hablar de Dios, no de lo que hacen o dicen los políticos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “Otro Comentarista Más”
  1. Eduardo Castañeda Dijo:

    En un asunto que causa tanta división, en un asunto que provoca tanta comezón, en un país que se promueve el linchamiento contra sacerdotes que hablan de política…qué artículo tan razonable, balanceado y cierto sobre la conveniencia del ministro religioso de centrarse más en lo suyo.





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