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El asunto es realmente complicado. Es el de la reforma al sistema de salud en los EEUU, el llamado ObamaCare. Es una iniciativa de Obama muy acorde con su mentalidad intervencionista y que tiene mucho menos apoyo popular del que podía esperarse para un nuevo presidente. En varias encuestas, más de la mitad expresan desacuerdos. Y en las reuniones municipales realizadas, las voces de reprobación se han dejado escuchar muy sonoramente. La base de la propuesta es doble. Por un lado, se pretende resolver un problema de falta de seguro de la población entre varios millones de personas. Por el otro lado, se presupone que la mejor manera de resolver eso es mediante la reforma de todo el sistema, en el que el gobierno intervendría mucho y, de acuerdo con cálculos del propio gobierno, se registraría un déficit sustancial. Sean cuales sean sus detalles, que son muchos y realmente complicados, la esencia del ObamaCare es diáfana para todos: el gobierno federal entra a regular/dominar el mercado de servicios de salud de todos los ciudadanos. Las comparaciones hechas, por sus enemigos, equiparan a esta reforma como el establecimiento de un sistema de salud similar a los servicios estatizados del Reino Unido y Canadá. Los detalles de esas mil páginas y los cambios que en ellas se hagan, son tema de discusiones que desesperan por su especificidad y complejidad (uno de ellos es ha sido el de la posibilidad de bajar costos del sistema limitando tratamientos a personas con poca expectativa de vida). Sin embargo, lo que sí puede verse con claridad es otro conflicto de ideas entre partidarios del intervencionismo y de la libertad. Algunos de los temores de los partidarios de la libertad son los obvios: un programa mal administrado, lento, lleno de trámites, que reduzca la calidad del servicio y produzca más gastos de los calculados. También existe temor a obligar a la compra de servicios de salud, a la anulación de la confidencialidad de información biométrica y a acciones condicionadas, como el no obtener licencia de conducir si no se tiene un seguro de salud. Las experiencias que se tienen con sistemas similares en algunos estados, más aún, indica problemas, como en Massachusetts, donde los costos de atención médica han subido más que la media nacional debido a un sistema estatizado que ha reducido calidad. Este y otros casos, muestran evidencias fuertes en contra del ObamaCare. Si alguien argumenta que ahora el sistema de salud es un mercado libre en los EEUU, se equivoca: está muy reglamentado, y tiene diferentes regulaciones estatales, con un mercado individual escaso y, en algunos lugares, obligando la aceptación de venta de seguros a gente enferma ya, y sin diferencial de precios (lo que eleva las primas de seguros de todos, como en Nueva York, que son del doble de lo que serían sin esa condición). Esto recuerda mucho el efecto de la espiral regulatoria, que comienza con la emisión de reglas gubernamentales que tienen admirables beneficios, como el que las primas de seguro sean iguales para todos, pero que ocasionan nuevos problemas, como elevación de costos, lo que causa otra oleada de regulaciones, con más efectos malos, hasta que se termina, como en esta caso, con una intervención gubernamental total. Pero al peso de las pruebas, las evidencias y las experiencias, debe añadirse una dimensión adicional. Una que es filosófica, la de la libertad. ¿Es congruente con la libertad humana y sus derechos el tener un sistema de salud dominado por el gobierno? La respuesta es claramente negativa. Se trata de una violación de derechos y libertades. Se impediría la libertad de las personas para tener o no seguro, para atenderse con el proveedor que quiera, para gastar lo que juzgue necesario. Violar estas libertades lastima la dignidad personal. Y, si el problema es el de un grupo de personas que están recibiendo menos atención médica de la considerada adecuada, ése es el problema concreto (y mucho menor al publicado en los medios dominantes) y no puede resolverse violando libertades del resto. Este es el real fondo del ObamaCare y sus consecuencias, más allá de detalles muchas veces incomprensibles. He querido tratar este tema para mostrar el fondo del conflicto de ideas en ese país y que es el mismo que en otros muchos: una confrontación entre defensores de la libertad y los enemigos de ella… y en el que por lo visto hasta ahora, están ganando los amigos de la libertad según reporta El Diario Exterior:
Post Scriptum Entre las medidas alternativas propuestas para resolver el problema de un grupo de personas sin acceso a la salud, una antigua idea de B. Clinton, se han propuesto varias ideas:
Estas ideas son algunas de las de John MacKey, en una columna del WSJ (11 agosto 2009). MacKey es cofundador y CEO de Whole Food Markets, una empresa con un sistema de servicios médicos realmente original, que funciona y es barato. • El NYT reportó (11 agosto 2009):
• Si no quiere alguien creer que Obama desea tener un sistema socializado, puede ver este video en el que dice:
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Noma para felicitarlo por su articulo, tan explicado, pues como usted dice que con las 2000 pagina quien va a leer el contenido de la Reforma al Cuidado de la Salud o el ObamaCare, ni siquiera los miembros del Congreso, solo que ellos no van a ser los perjudicados ninguno de los que estan en las altas esferas de la politica se va a traducir en perjuicio como siempre de la poblacion comun y corriente que no tiene culpla alguna de la arrogancia de Obama, bueno si tiene culpa los que votaron por el.
Comentario del día septiembre 3, 2009 a las 16:46