Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Igual que el Cáncer
Eduardo García Gaspar
3 febrero 2010
Sección: ETICA, LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
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La definición es comprensible y consiste en la dispersión de la enfermedad a otras partes del cuerpo. Se llama metástasis y se aplica generalmente al cáncer. Viene de dos palabras griegas, “meta” que tiene la connotación de ir a otros lados, estar más allá de un lugar; y “stasis” que connota colocación o lugar.

En el caso del cáncer, sus células salen del lugar afectado y van a otros órganos afectándolos. Implica la idea de una especie de contagio interno en el que todas sus partes resultan dañadas. Es un término médico, pero tiene sus aplicaciones en otros campos. Encontré una de ellas en un libro sobre Derecho Natural.

El autor habla de una metástasis social, la de la mentira. Y es un mecanismo que conocemos todos: para proteger una mentira, la que sea, usualmente debe usarse otra. Esas dos mentiras acumuladas necesitarán de otras más para sostenerse y al cabo del tiempo, las mentiras abundan y casi todo es falso.

Los humanos podemos mentir a otros y lo hacemos con frecuencia, por la razón que sea. Recuerdo hace tiempo cuando una persona me hizo un regalo de Navidad y tiempo después me preguntó si me había gustado. Le dije que sí aunque en verdad me había parecido un pésimo regalo. Una mentira, espero, sin gran consecuencia de metástasis: no fue causa de mentiras posteriores.

Pero hay mentiras que sí las tienen y graves. No sólo las decimos a otros, lo fascinante es que podemos mentirnos a nosotros mismos. Y entonces quizá haya un fenómeno de metástasis mayor cuanto más grande sea la mentira que se sufra. Mentir a otros y a nosotros, es construir un universo falso.

Piense usted en esta posibilidad: Venezuela sufriendo la metástasis de mentiras. La mentira inicial quizá haya existido en la mente de Chávez: realmente pensó él poseer el secreto de una nueva sociedad mejor para todos, una especie de auto-engaño. La mentira se propagó a otros que leal o deslealmente la aprovecharon y para sostenerla tuvieron que crear nuevas mentiras, como la conveniencia de expropiaciones y de duchas socialistas (sí, duchas menos frecuentes).

Pero no sólo se da en terrenos políticos, también en otros. Especulemos sobre una posibilidad realmente importante.

Supongamos que Dios en verdad existe. Bajo esta hipótesis afirmar que no existe es una falsedad que tendrá que ser sostenida  y apoyada con otras muchas y muy variadas mentiras hasta el punto en el que gran parte de lo que creemos es falso. El viceversa, por supuesto, tendría iguales resultados.

Lo que estas ideas nos obligan a hacer es a considerar como de mayor importancia la búsqueda de la verdad en los terrenos que sean. El riesgo es obvio: partir de una mentira tendría repercusiones cada vez mayores, no diferente a las que sufre un marido que usa mentira tras mentira para ocultar su infidelidad hasta el punto en el que todo se cae.

O en el caso de precios controlados, que son mentirosos y necesitan de otras falsedades para mantenerse (como los precios de la gasolina en México que suponen que el monopolio petrolero es propiedad de los mexicanos: un auto-engaño masivo que entre otras cosas produce contabilidad falsa en las empresas).

La noción clave de esto es la existencia de la verdad. Por más que la neguemos, ello es un engaño que nos hacemos por una sencilla razón: sabemos cuándo decimos mentiras, es decir, reconocemos que no decimos la verdad. Si la verdad existe, negarla es una mentira quizá auto-inducida, pero mentira al fin y que tendrá su metástasis alterando al resto de nosotros.

Hay terrenos en los que las consecuencias son irrelevantes. Una persona dijo falsamente hace tiempo ser un amante de la música clásica y lo dijo varias veces sólo para impresionar a quienes lo escucharon. Desde entonces ha sufrido el tener que recibir regalos de ese tipo de música y que no escucha. Pero hay terrenos en los que las consecuencias sí son importantes.

Por ejemplo, un gobernante que reconoce que la libertad económica produce más prosperidad que el intervencionismo estatal, pero que a pesar de eso implanta medidas intervencionistas, se engaña a sí mismo y tendrá que mentir continuamente para justificarse, lo que creará condiciones falsas que a su vez producirán otras falsedades, en una metástasis de política engañosa.

¿El remedio? Sencillo de decir: aceptar que existe la verdad y aceptarla con humildad sabiendo que ella es más poderosa que uno mismo. Ir en sentido contrario a la verdad creará una metástasis engañosa que lleva a malas consecuencias. Como el cáncer.

Post Scriptum

El libro que usé es el de Budziszewski, J. (2009). The Line Through the Heart: Natural Law as Fact, Theory, and Sign of Contradiction. Intercollegiate Studies Institute. p. 34.

Una buena ilustración de la metástasis de mentiras en Venezuela es la necesidad de controlar fuentes de información que sean independientes. La Human Rights Foundation, por ejemplo, reportó:

NUEVA YORK (2 de febrero de 2010) – La Human Rights Foundation (HRF) condenó hoy las acciones del Gobierno de Venezuela que la semana pasada produjeron la clausura de la señal satelital y por cable de RCTV Internacional (RCTV-I), junto a la de otros cinco medios televisivos (TV Chile, Ritmo Son, Momentum, America TV y American Network), que no transmitieron un discurso del presidente Chávez. En respuesta a este nuevo ataque a la libertad de prensa, la HRF relanzó hoy su campaña RCTV Libre, con la finalidad de despertar la conciencia internacional en relación a la grave situación de la libertad de expresión en Venezuela.

Las mentiras de la autoridad se agradan y contagian a otras instituciones: la gran mentira original ha infectado a la nación.


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