Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Bien Sin Intención
Eduardo García Gaspar
26 agosto 2013
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La coincidencia es fascinante.

Comienza con una idea publicada en 1776 que contiene una idea quizá no tan original como bien expresada, y sigue en 1835.

En ese año se publicó otra idea curiosamente similar.

Empecemos por casi el principio.

Vayamos a 1776 y La Riqueza de las Naciones, el libro de A. Smith (1723-1790). Escribió allí que, “No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”.

Otro forma de poner eso mismo es esta cita,

“Cada individuo está siempre esforzándose para encontrar la inversión más beneficiosa para cualquier capital que tenga [...] Al orientar esa actividad de modo que produzca un valor máximo, él busca sólo su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en su propósitos [...] Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo.”

La idea es atrayente, siempre lo ha sido. La frase del carnicero se cita una y otra vez.

Creo que esto sucede porque resulta todo un descubrimiento que queriendo hacer algo, como buscar mi propio beneficio, termino haciendo también algo que ni siquiera he pensado, un bien para el resto.

Vayamos ahora una buena cantidad de años adelante, a 1835, con otro libro, La Democracia en América, de Tocqueville (1805-1859). De allí hago la cita:

“… donde los funcionarios públicos no tienen interés de clase que hacer prevalecer, la marcha general y continua de gobierno es benéfica, aunque los gobernantes sean a veces inhábiles y despreciables… Así es como sucede que, en los gobiernos aristocráticos, los hombres públicos hagan el mal sin quererlo y en las democracias produzcan el bien si haberlo pensado”.

La misma idea básica, la de hacer el bien (o el mal) sin realmente buscarlo.

Es curioso que la idea original haya nacido antes, con Bernard de Mandeville (1670-1733) y su libro La Fábula de las Abejas, de 1705. Allí creó lo que ahora se conoce como la Teoría de los Efectos no Intencionales.

En resumen, una persona cualquiera realiza una acción con la intención de lograr el objetivo A, el que sea. Y después de realizada se encuentra que pudo o no haber alcanzado el objetivo A, pero que también su acción tuvo el efecto B y el C, que no había considerado. Simplemente no pensó en ellos.

Igual que el carnicero que vende sus productos buscado su propio beneficio y sin tomarlo en cuenta, hace posible que otros puedan comer.

Más aún, buscando todos vender sus productos y teniendo como meta su bienestar personal, se logra tener un sistema que es benéfico para todos. El carnicero puede tener la cerveza y el pan que él no vende.

Sin tener intereses de clase, los gobernantes democráticos lograrán buenos resultados a pesar de sus incapacidades.

La Fábula de las Abejas es más cínica, una sátira en la que se muestra que algunos vicios privados resultan de beneficio público. La historia narra cómo la decisión de los habitantes de una sociedad de no robar lleva a la ruina a los fabricantes de cerraduras, candados y rejas.

Total que estamos frente a una idea que lleva su tiempo. No es precisamente algo nuevo y desconocido.

Una idea que contiene una lección personal: esforzarse en anticipar efectos no buscados posibles ocasionados por acciones que buscan un objetivo intencional. Pueden ser efectos no intencionales buenos, pero sobre todo habrá que cuidarse de los malos.

Y hay, sobre todo, una lección para los gobernantes. Una lección de prudencia y sabiduría, la de tratar de anticipar efectos imprevistos, no buscados, buenos y malos… y considerarlos en sus decisiones.

Con una precaución difícil: esos efectos no intencionales no son intuitivos, requieren cierto refinamiento en el uso de la razón.

Recuerdo un caso de un político que proponía elevar impuestos a los artículos de lujo, con lo que elevaría la captación de recursos fiscales. Nunca entendió que en la realidad, esa captación podía bajar, que se perderían empleos, que se generaría contrabando….

Esta es la misma razón por la que muchas medidas buenas son rechazadas, porque en apariencia sus objetivos son malos, aunque sus efectos colaterales sean una maravilla.

Por ejemplo, el dejar libres los precios, lo que puede dar la apariencia de que subirán, aunque en realidad sin buscarlo intencionalmente bajarán.

Post Scriptum

Mi temor es la mente rudimentaria y elemental, tanto del gobernante como del ciudadano, que no le lleva a considerar los efectos no intencionales. Véase Creando Más Madres Solteras.

Las citas de Adam Smith fueron tomadas de WikiQuote. La cita de Tocqueville viene de su libro. Un resumen de la idea de Mandeville está en Vicios y Bondades.

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