Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Empresas no Son Personas
Leonardo Girondella Mora
4 noviembre 2014
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


¿Son personas las empresas? No, no en el sentido de seres humanos, separador.001individuales y únicos —una realidad que me parece pasa sin ser percibida totalmente.

La concepción general hace ver a las empresas, sobre todo a las mayores, como una entidad que tiene obligaciones morales por encima de las que le corresponden por su actividad —más allá de respetar la ley, los contratos y principios básicos de honestidad y buen ciudadano.

El razonamiento hace ver que las empresas se benefician de la sociedad y a ella deben entonces mostrar agradecimiento —lo que debe llevarlas a campañas ambientales, donativos a causas sociales, mejoras comunitarias y demás.

Mi tesis es que en esto existe una confusión. Se piensa que las empresas son personas, cuando claramente no lo son —son organizaciones complejas que producen bienes que satisfacen necesidades.

No son nada más que eso, organizaciones o asociaciones, formadas para ese propósito.

Trasladar a ellas una responsabilidad moral olvida que solamente un ser libre puede asumirla —no una estructura organizada para producir. En todo caso, solamente quienes forman la empresa participando en ella pueden ser sujetos de esa responsabilidad.

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Lo anterior, y este es mi punto central, es que imponer obligaciones a las empresas, en sí mismas, no tiene sentido —porque no tienen ellas una naturaleza humana.

Son simples organizaciones formadas por las contribuciones de seres humanos.

Si alguien, por ejemplo, propone que las empresas paguen la guardería de sus empleados, la siembra de árboles, la escuela del barrio, la aportación al sistema de seguridad social, o cualquier otra cosa, esos son costos adicionales de operación de la organización.

Y tales costos, justificados o no, no los absorbe la empresa —ellos son pagados por alguien que está en relación con la empresa: clientes, empleados, accionistas, proveedores.

La empresa, en sí misma, no paga nada, no absorbe costo alguno; solamente los traslada de una parte a otra.

Un ejemplo de siempre, el de los salarios mínimos. Una ley puede elevar el salario mínimo creyendo que son las empresas quienes pagarán el incremento —una creencia errónea porque las empresas son simples distribuidoras de costos e ingresos: el incremento de salarios podrá ser pagado de múltiples formas, ninguna por la empresa.

Lo pagarán con menos contrataciones, con precios más altos, con menos calidad, con sacrificio de utilidades, con más productividad. Alguien lo absorberá, pero jamás la empresa en sí misma.

Imponer costos a las empresas, suponiendo que ellas los pagarán, es una ilusión —esos costos serán costos de operación y tendrán el mismo efecto de cualquier otro costo.

Visto de otra manera, solamente las personas pueden pagar los costos impuestos a las empresas. Los clientes podrán pagar precios más elevados; los obreros permanencia menos estable; los accionistas menos rendimiento; los proveedores menos pagos y pedidos.

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Es en realidad una suposición equivocada en pensar que las empresas pagan los costos impuestos a ellas —tales costos son siempre absorbidos por personas, las que están en relación con ellas.

Si, por ejemplo, se imponen legislaciones caras de implantar para empresas escritas en bolsa, los costos serán parte de la operación del negocio y, por definición absorbidos por personas —jamás por la empresa en sí misma.

Otro caso cotidiano: los impuestos a las empresas, los costos de permisos de operación, de licencias y tramitación burocrática —ninguno de ellos es pagado por la empresa; todos son absorbidos por clientes, proveedores, empleados, accionistas.

Promueva alguien la idea de que las empresas deben devolver a la comunidad lo que ellas obtienen de la sociedad y verá que todo lo que está haciendo es repartir esos costos entre personas —la empresa en sí misma no puede tener responsabilidades, solamente las personas.

Los costos impuestos a las empresas pueden ser justificados o no —lo que es otra historia totalmente—, pero nunca en verdad serán cubiertos por la empresa, sino por las personas que están relacionadas directamente con ella.

Addendum

Una empresa, en su fondo, obtiene ingresos por la venta de lo que produce —y de esos ingresos resta los costos de su operación productiva.

El remanente es la utilidad o beneficio neto, que es un costo de supervivencia usado para nuevas inversiones, capital de trabajo, renovaciones y similares. Una parte del beneficio neto puede ir, no siempre, como ingreso al accionista o propietario.

Conforme se aumentan los costos de las empresas, de manera no justificada, comienzan a alterarse las distribuciones o pagos hechos a otros participantes de la empresa.

Nota del Editor

Las observaciones anteriores hacen ver con cierta fascinación aseveraciones como ésta:

“La empresa recibe mucho de la sociedad y existe entre ambas una interdependencia inevitable. Por eso no puede decirse que las finalidades económicas de la empresa estén por encima de sus finalidades sociales” responsabilidadsocialempresarial.com/.

La empresa no recibe de la sociedad en general. Nada más reúne en ella una organización que recibe colaboración de personas específicas, como accionistas y trabajadores, bancos y proveedores.

A cambio de esa colaboración ellos reciben una retribución acordada. Las personas entre sí dan y reciben, logrando por medio de la empresa producir satisfactores.

Si se dice que la empresa recibe mucho de la sociedad, no queda más opción que aceptar que también la sociedad recibe mucho de la empresa. La sociedad no pierde en sus tratos con las empresas, sino que gana.

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