Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más que Sufragio Efectivo
Eduardo García Gaspar
21 marzo 2014
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una frase estándar. Siempre presente para el mexicano. androjo

Algo como la esencia del sistema político nacional.

Una especie de “credo” con dos nociones: (1) sufragio efectivo y (2) no reelección.

Esto merece una segunda opinión.

Veamos solo eso de “sufragio efectivo”, lo que para un niño en primaria poco puede significar, excepto quizá algo relacionado con dinero en metálico.

Resulta que significa, respeto al voto. Realmente curioso, porque si con algo se caracterizó el sistema político mexicano es por lo contrario. En fin.

Muy bien, entonces, eso de hacer efectivo el sufragio no es nada más allá que un compromiso de la autoridad de respetar ella y hacer respetar que cada voto dado cuente conforme a la intención de quien lo dio. Es como el más mínimo de los requisitos de la democracia, no el único.

No está mal enfatizarlo, por una causa muy obvia. El gobernante tiene todos los incentivos alineados a intentar manejar los votos en su provecho, aunque sea de manera sucia e ilegal. Si de los votos depende que llegue o siga en el poder, es decir, que sobreviva, será tentador no acudir a todo tipo de acción.

Esto sucede en todas partes y solo varía en intensidad. Entre los casos más intensos hay uno reciente, el de Corea del Norte,donde el nuevo líder Kim Jong-un obtuvo “el 100% de los votos en el distrito Monte Paekdu”, lo que ha sido interpretado como “una expresión del apoyo absoluto del personal de servicio y el pueblo” a Kim Jong-un (bbc.co.uk. 10 marzo 2014)

Incluso, ese porcentaje me parece bajo. Dadas las circunstancias políticas del país, cualquier cosa por debajo del 120% podría interpretarse como debilidad del líder. Igual que en Cuba.

Lo anterior significa en general que la intención democrática en las elecciones es hacer que cada voto cuente según la intención del votante. Pero esto choca con los intereses del gobernante, que se ve sujeto a la voluntad de millones y que puede ser volátil e irracional.

¿Qué hacer entonces? El gobernante tiene a su disposición varios caminos. El más tosco y vulgar es violar lo del sufragio efectivo: cancelar votos en su contra, aumentar votos a su favor, y hacerlo en las urnas mismas, o al contarlas. Era la costumbre mexicana del siglo pasado.

Cuando las elecciones se refinan y ya no es tan sencillo hacer lo anterior, el gobernante recurre a acciones algo más refinadas. Una de ellas es “comprar” bloques de votos, como por ejemplo, de sindicatos grandes.

Los sindicatos comprometen sus votos a cambio de algo, como legislación favorable para ellos. Pueden hacer lo mismo con empresas, las que dan fondos para campañas.

Otra y que es muy común, es la de hacer promesas y más promesas al electorado, muy especialmente a los grupos más numerosos. Les prometen empleo, ayudas, seguros gratuitos, cualquier cosa que se vea como una retribución: si votas por mí te daré medicinas gratis, o cualquier otra cosa.

Estas y otras acciones del mismo tipo son las que realiza el gobernante en un ambiente de elecciones en el que es difícil realizar fraude electoral en la urnas o contar los votos. Es decir, aún a pesar de que el sufragio sea efectivo, es decir, de que se respete el voto, el gobernante tiene otros trucos bajo la manga.

¿Cómo remediar esto? En realidad, no hay solución, al menos una total. Pero puede ser minimizado con la educación del votante. Ciudadanos mejor preparados, más sagaces respecto a los embrujos políticos, emitirían votos más sólidos, mejor pensados. Algo como estar vacunado contra las promesas de los políticos.

Sin embargo, no desaparecerían del todo las malas costumbres corporativistas, ni las clientelistas. No es posible aspirar a nada más que minimizarlas hasta un nivel aceptable y, lo más importante, hacer que el gobernante trabaje sujeto a los pesos y contrapesos de un sistema de división del poder.

Entonces entendemos mejor que sustentar un sistema político en la idea de “sufragio efectivo” es como querer sostener una mesa sobre una pata, o tener un coche con una rueda. Pero esta es la idea que de democracia se tiene en México: si el voto se respeta, lo demás no importa.

No sólo es la falta de otras ideas, también es la inflamación de la voluntad popular expresada en votos, a la que suele tomarse como sagrada y sin error. Terrible falla, porque el voto electoral no es expresión de nada en realidad, más que un mecanismo que permite cambios de gobierno sin violencia.

La mayoría no es igual a tener la razón, ni a estar en lo cierto, ni siquiera a determinar el mejor camino.

Finalmente, si en México se tiene una definición de democracia cimentada en “sufragio efectivo, no reelección”, es posible concluir que se tiene una idea terriblemente primitiva de ese sistema. Obviamente democracia es mucho más que eso solamente.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Democracia.

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