Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imperfección Religiosa
Leonardo Girondella Mora
7 enero 2016
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La escandalosa conducta de un sacerdote y los efectos de su comportamiento, fue el tema tratado en una conversación cuyos puntos centrales reproduzco.

— No puede negarse que ese miembro de la Iglesia Católica cometió muchas y muy graves faltas, y que además eso sucedió durante un largo tiempo, sin que se tomaran medidas que lo evitaran —dijo la persona.

— Lo que usted dijo es cierto. El sacerdote en cuestión, ha sido probado fuera de toda duda razonable, cometió actos reprobables durante años. Un suceso terrible para la Iglesia, con efectos severos —dije.

— Eso es lo que molesta e indigna, el que ministros de una religión que han prometido comportarse de cierta manera terminen haciendo lo opuesto y lleven vidas depravadas. ¡No debía suceder!

— Totalmente de acuerdo, no debía suceder. Igual que no debían suceder una buena cantidad de cosas, como la corrupción entre gobernantes, o los atentados terroristas, pero suceden y eso es parte de nuestra humanidad.

— ¿Quiere usted justificar la conducta de ese sacerdote diciendo que al fin y al cabo era un humano? —me preguntó.

— ¿Justificarla? No, nada como eso. Simplemente digo que esa iglesia, como cualquier otra, está formada por humanos y que los humanos no somos perfectos. Eso es todo.

— ¡Pero qué chiste tiene eso! No entiendo. ¡Bah, deben todos ellos deben comportarse como predican, sin pretextos ni excusas de que son humanos! Se pasan la vida diciéndoles a los demás qué no hacer y resulta que lo hacen.

— Eso sucede en todas partes en proporciones variadas. Algunos sacerdotes fallan notablemente, como también fallan padres de familia, artistas, profesionistas, todos. Somos humanos y, por eso, somos imperfectos. La Iglesia también está expuesta a las fallas humanas, no es la excepción, ni puede serlo.

— Eso es un pretexto para justificar malas conductas de los sacerdotes.

—¿La imperfección del médico justifica que haga cobros deshonestos? ¿La imperfección del gobernante legitima que cometa actos de corrupción? —pregunté.

— Pero especialmente los sacerdotes… de ellos se espera la perfección porque eso es lo que me exigen, que me comporte como un ángel y resulta que ellos no lo son.

— ¿Lo es alguien? Supongo que nadie. ¿Son perfectos los sacerdotes? Tampoco. ¿Encontraremos algunos sacerdotes reprobables? Sin duda.

— Pero es hipócrita que algunos de ellos se comporten de mala manera y que digan al resto que lo que ellos están haciendo no lo hagan los demás.

— Sí, resulta hipócrita. ¿Pero preferiría usted que ellos predicaran a los demás que también tuvieran las mismas malas conductas? Me imagino que seria preferible lo opuesto, que hablaran de hacer el bien, aunque ellos no lo hicieran.

— Bueno, creo que sí sería preferible eso. Pero, defenderse de la acusación usando la excusa de ser imperfectos me parece que es eso, una excusa sin mérito que busca justificar lo malo que hizo ese sacerdote y otros más.

— ¿Es usted perfecto, o acaso lo soy yo?

— No, pero tratamos de serlo, supongo —dijo la persona.

— Igual que todos, o la mayoría tal vez, no distintos de los sacerdotes. Lo intentamos y fallamos algunas veces. Es como una constante humana que no tiene excepción en los ministros religiosos, que en algunos casos mostrarán conductas escandalosas.

— Eso es lo que indigna, que quienes deban portarse ejemplarmente sean casos tan sonados de escándalo.

— Le doy toda la razón, eso indigna e irrita, especialmente en casos en los que las personas deben constituir un ejemplo de estándares altos para el resto.

— Lo que me pasa es que un caso como el de ese sacerdote, me hace perder fe en la Iglesia Católica, a la que entonces veo llena de gente que muchas veces hace lo contrario de lo que predica.

— ¿Dejaría usted de creer en la vida porque hay asesinatos? ¿Diría usted que la propiedad nada vale porque hay ladrones? ¿Dejarían de necesitarse las leyes porque hay personas que las violan?

— No, pero es diferente lo que le digo…

— ¿Lo es? No lo creo. ¿Dejarían de tener validez los Diez Mandamientos porque uno, o varios sacerdotes los desobedecen? Incluso, aunque todos los desobedeciéramos incluyendo los sacerdotes, sería injustificable perder la fe en ellos.

— Sí, entiendo lo que me quiere decir… pero esas conductas necesitan ser castigadas, incluso penalmente…

— Totalmente de acuerdo.

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