división del poder

Los problemas del exceso de poder. Dificultades, riesgos y peligros de la acumulación desproporcionada de poder en los gobernantes y gobiernos. ¿Cuánto poder necesita un gobierno para crear condiciones de prosperidad?

.

Gobierno y ¿cuánto poder necesita?

Para examinar los problemas y peligros del exceso de poder, debe primero responderse una pregunta.

¿Cuánto poder debe tener un gobierno para hacer posible a una sociedad próspera? ¿Cuánto poder debe tener un gobierno para que sus ciudadanos vivan lo mejor posible?

Puesto de otra manera, es la determinación de la cantidad de poder que tiene la autoridad política en situaciones de progreso creciente y sólido.

Evidencias

Hay evidencia que sirve para examinar el tema. La idea es una acerca del poder. De la cantidad conveniente de poder que el gobierno necesita para que la sociedad prospere.

• Una clave para responder está en un libro. El de Paul M. Kennedy, The Rise And Fall Of The Great Powers : Economic Change And Military Conflict From 1500 To 2000.

La Europa del 1500 era una colección dividida de unidades políticas con autoridades sin muy grandes poderes, en competencia entre sí, con poderes equilibrados.

Este poder balanceado, no excesivo, entre las unidades políticas provocó que los gobiernos no fueran grandes obstáculos para las iniciativas personales de sus ciudadanos.

• Otro libro, de Rodney Stark, contiene una idea similar:

«Durante el siglo 14 había unas mil unidades políticas [statelets] en Europa. Esta proliferación tuvo varias consecuencias muy importantes. Primero, tendió a producir gobernantes débiles. Segundo, proveyó competencia creativa. Tercero, ofreció a la gente alguna oportunidad para ir a ubicaciones más convenientes en términos de libertad u oportunidad».

📌 La pregunta inicial, la de cuánto poder necesita tener un gobierno para para lograr tener una sociedad próspera, tiene una respuesta direccional: no demasiado, no tanto como para estorbar a la gente y hacerla pensar en ir a otras partes. Tiene sentido.

Tres elementos destacan:

  1. Gobiernos no excesivamente poderosos.
  2. Gobiernos que no obstaculicen las iniciativas personales.
  3. Circunstancias que no impidan movimientos de las personas.

El poder puede ser obstáculo a la prosperidad

El exceso de poder gubernamental presenta problemas: una vez rebasada cierta cantidad de poder, los gobiernos se convierten en obstáculos para las actividades de la gente. Por ejemplo, cuando ataca propiedades personales, o limita libertades.

El gobierno-obstáculo puede ser de intensidad variable, desde insignificante hasta dominante. Aunque debe existir un punto mínimo conveniente de poder gubernamental.

📌 De donde se deduce otro principio: nunca jamás debe dejarse aumentar el poder de un gobierno más allá del monto razonable. Conforme eso se haga, comenzará el ciclo de retiro de libertades ciudadanas y, por tanto, de disminución de prosperidad.

El problema del exceso de poder

Donde existan libertades ciudadanas allí se aprovecharán las labores, los talentos, las habilidades y las iniciativas de las personas para crear y producir, lo que aumenta la riqueza general de la comunidad y ella florecerá.

Conforme se dificulte el aprovechamiento de esos recursos personales disminuirá la prosperidad general. No son cosas complicadas, sino de mero sentido común una vez que se examinan.

El problema central del exceso de poder de gobierno es el ser un freno a las iniciativas de trabajo y creación de la gente y eso es un obstáculo para la prosperidad general de la comunidad.

Conforme más poder acumule el gobierno, menos libertades habrá y con menos libertades, menores posibilidades de aprovechamiento del talento de las personas. El resultado neto será un freno al progreso.

El riesgo convertido en oportunidad

Puede darse un giro al problema del exceso de poder gubernamental. Al ponerlo de cabeza, es posible ver cómo puede convertirse en una oportunidad.

En lugar de poner frenos a las iniciativas libres de trabajo de las personas, el gobierno puede actuar como su protector y promotor.

Este giro de la idea, asigna al gobierno la misión de facilitar la prosperidad por medio de la creación y mantenimiento de un ambiente propicio para el aprovechamiento de las labores, los talentos, las habilidades, las propiedades y las iniciativas de las personas a las que gobierna.

Los problemas del exceso de poder de los gobiernos comienzan cuando el gobierno se convierte en un obstáculo a ese aprovechamiento de talento y recursos, típicamente con demasiadas leyes, impuestos altos, regulación excesiva, caprichos cotidianos del gobernante y similares.

La lección primera

En resumen, resulta razonable creer que la mejor opción para prosperar es, en términos de poder gubernamental, una de poder dedicado a crear y mantener situaciones que maximicen la posibilidad de aprovechamiento de los recursos personales de las personas.

Existen otras variables, por supuesto. Además, no debe esperarse un sistema perfecto y sin problemas. Pero, al menos, es una evidencia razonable que apunta en contra de las ideas que suponen que al aumento del poder gubernamental producirá beneficios generales. No lo hará, al contrario.

📌 El problema del exceso de poder es, en pocas palabras, que convierte al gobierno en un freno al aprovechamiento de los talentos y recursos de las personas. Sin ese aprovechamiento, las oportunidades para progresar se anulan.

Ampliación de la idea

La primera consideración es muy básica. Si existe un gobierno es porque se juzga y se tiene la experiencia de que es mejor vivir en una sociedad con gobierno que en una sin gobierno.

Lo que ese gobierno provee es orden y certidumbre, es decir, la protección personal de quienes allí viven. Esta es la razón de ser del gobierno, de todo gobierno.

Lo mismo podría decirse de otras cosas que existen en la sociedad y que tienen una contribución positiva, Cosas como la propiedad privada que produce bienes y satisfactores, las familias y escuelas que preparan a las generaciones siguientes.

Es decir, los gobiernos tienen un papel en la sociedad y es un papel importante para el bienestar de todos, pero es solamente un papel de varios y de los que hay gran variedad.

No hay una sola organización ni una sola persona que sea responsable total del bienestar de la sociedad. Es cuando el gobernante supone que él es el responsable total del bienestar de la sociedad que comienzan los problemas del exceso de poder.

El gobierno es una y nada más que una de las muchas organizaciones de las que existen, cada una con funciones y responsabilidades que hacen que la vida en la sociedad sea mejor que la vida en soledad, separados de ella.

Por tanto…

De lo anterior derivo un principio central, el de que los gobiernos tienen como función y responsabilidad central una muy básica y de importancia mayúscula: establecer y mantener un orden que permita funcionar bien al resto de las organizaciones por medio de la protección a la vida y las propiedades de quienes las forman.

Esto permite establecer dos escenarios sobre el papel del gobierno y que ilustran los problemas del exceso de poder.

Escenario correcto

El gobierno actúa estableciendo y manteniendo ese estado de orden y protección que hace posible el buen funcionamiento del resto de la sociedad.

Es un escenario de confianza y tranquilidad que se convierte en un incentivo para que la persona se esfuerce, tenga iniciativas y confíe en beneficiarse de los resultados de su trabajo.

Escenario excedido

El gobierno va más allá de su función natural y realiza funciones que pertenecen a otras organizaciones, como la familia, las iglesias, las empresas, las escuelas y similares.

En este escenario, el gobierno acumula poderes excesivos y crea problemas de obstáculos al aprovechamiento de talentos personales. Es un escenario de confusión de papeles en las organizaciones que las personas forman en una sociedad —cuando los gobiernos añaden funciones que le pertenecen a otros.

Es un fenómeno de acumulación de funciones y responsabilidades que se encuentran diversificadas a través de todos los miembros de la sociedad y que van a parar a las manos de quienes forman el gobierno.

¿Dónde hay más bienestar?

¿Hay más prosperidad en la sociedad que centraliza funciones en el gobierno, o en la que esas funciones se diversifican en otras organizaciones independientes?

¿Cuánto poder necesita un gobierno para crear condiciones de prosperidad?

Esta es la pregunta que describe buena parte del problema político de estos tiempos que es el exceso de poder gubernamental.

La respuesta, en mi opinión, es un no rotundo. La comunidad en la que más prosperidad se crearía es la de un escenario en la que el gobierno no excede sus funciones naturales y produce un ambiente propicio al aprovechamiento de talentos y propiedades del resto.

Los problemas del exceso de poder gubernamental

Los siguientes son los riesgos que presentan las comunidades gobernadas por autoridades que concentran poder en ellas limitando las iniciativas personales.

1. Abuso de poder

La centralización de funciones adicionales a las naturales de un gobierno significaría un aumento de poder. Y un aumento importante y significativo llevaría a crear una entidad con demasiado poder y la probabilidad de abusos, corrupción y demás.

Cuanto más poder posea un gobierno, mayor será la probabilidad de abusar de él, de corromperse y de aislarse de la realidad.

2. Desperdicio de talento y recursos

El exceso de poder crea el problema de desperdicio de los recursos de capital humano porque acumula en el gobernante decisiones económicas y políticas sin aprovechar el talento externo.

Un régimen de poder concentrado presupone lo siguiente:

  • El gobernante conoce más que todos los demás juntos acerca de todas las actividades económicas en todas las regiones y ciudades.
  • El gobernante tiene capacidad de atención simultánea a todos los asuntos nacionales en todas partes y lugares.
  • El gobernante puede tomar todas las decisiones mejor que el resto de la gente.

El problema de este exceso de poder es el desperdicio del talento del resto de las personas, cuyas habilidades y conocimientos dejarían de usarse. Las personas fuera del gobierno terminarían sin libertades ni responsabilidades, teniendo solo la función de obedecer.

La centralización de funciones, además, disminuiría las ventajas de la división de especialidades necesaria para el buen desempeño de las diversas entidades en campos muy diferentes.

3. Retraso y ausencia de mecanismos de corrección

La elevación significativa de fracasos por malas decisiones centrales impedirán descentralizar los riesgos —un problema de falta de diversificación.

Las correcciones tendrán que esperar las decisiones centrales y ellas estarán muy renuentes a reconocer su equivocación.

4. Problemas de costo

Otro de los problemas del exceso de poder es que habría problemas económicos severos, producidos por el gran nivel de gasto que requeriría la implantación de las nuevas funciones gubernamentales.

Surgiría un estado de cosas en el que las personas tendrían que ceder recursos propios para financiarlas. Los incentivos para manejar los recursos acumulados en el gobierno son escasos.

5. Contra la naturaleza humana

Se atentaría en contra de la naturaleza humana, contra su libertad y capacidad de razón, al limitar las contribuciones y creaciones de quienes no fuesen parte de la autoridad.

Conclusión

Ha sido tratado el problema del exceso de poder en los gobiernos, concluyendo que reduce las posibilidades de prosperidad y progreso.

De lo que puede hacerse un pronóstico:

  • Vivirán mejor y tendrán más progreso los países en los que los ciudadanos gocen de libertades y los gobiernos sean promotores de ese estado de cosas.
  • Vivirán peor y tendrán más pobreza los países en los que haya exceso de poder gubernamental.

.

Y unas cosas más acerca del exceso de poder y sus problemas…

Debe verse:

¿Qué es división del poder? Definición integral

Otras ideas relacionadas:

.

ContraPeso.info presenta una idea de Anthony B. Bradley, acerca de un suceso de concentración de poder, el ascenso de Hitler y el descenso de la legalidad en Alemania. El título original de la columna es Crisis and Constitution: Hitler’s Rise to Power, publicada en 2013.

Hitler: crisis y constitución

El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler tomó posesión como canciller de Alemania. Mientras que él estaba siendo juramentado, dijo,

«Voy a emplear mi fuerza para el bien del pueblo alemán, proteger la Constitución y las leyes del pueblo alemán, concienzudamente realizar las obligaciones impuestas en mí y realizar mis trabajos del cargo con imparcialidad y con justicia para todos».

Ni el pueblo alemán, ni el resto del mundo, tenían idea de que ese día era el comienzo de una concentración gradual de poder que más tarde llevaría a la muerte a millones de personas y provocar la Segunda Guerra Mundial.

La lección que el mundo aprendió de Hitler sobre los peligros del poder sin control nunca debe ser olvidada.

En la semana siguiente al juramento de su cargo, el canciller Hitler convenció al presidente alemán Paul von Hindenburg de hacer dos cosas: disolver el parlamento y autorizar al ministro del interior y a la policía a prohibir las reuniones públicas y las publicaciones que podrían ser considerados un peligro para la seguridad pública.

Las condiciones que hicieron posible este movimiento de tipo anti-democrático fueron la depresión económica, la inestabilidad política (incluida la amenaza de la revolución) y un amplio deseo de recuperar la dignidad nacional después de la vergüenza de la derrota en la Primera Guerra Mundial.

Los nazis jugaron con estos temores y deseos. En la noche del 27 de febrero de 1933, el edificio del Reichstag, donde se reunía el parlamento, fue incendiado. Si la acción se llevó a cabo a instancias del Partido Nazi, o fue un acto independiente, eso sigue siendo discutible, pero es cierto que Hitler aprovechó el pánico producido.

Al día siguiente, Hitler instó a Hindenburg a responder mediante la emisión de una nueva ley que suspendió artículos de la constitución alemana que protegen libertades individuales.

En este Decreto del Presidente del Reich para la Protección del Pueblo y el Estado, el pueblo alemán fue informado de que,

«Las restricciones a la libertad personal, al derecho a la libre expresión de opinión, incluida la libertad de prensa; a los derechos de reunión y asociación; y violaciones de la privacidad de las comunicaciones postales, telegráficas y telefónicas y órdenes de allanamiento, órdenes de confiscación, así como restricciones a la propiedad, son también admisibles más allá de los límites legales prescritos».

En una sección posterior de este decreto, Hitler puso los cimientos de la abolición del sistema federalista del país, centralizando el poder en Berlín:

«Si en un Estado [gobierno regional] no se toman las medidas necesarias para restaurar la seguridad y el orden público, el Gobierno del Reich podrá temporalmente hacerse cargo de los poderes de la más alta autoridad del Estado».

En marzo de 1933, a través de diversas maniobras políticas, Hitler suprimió con éxito la oposición socialista, comunista, y católica a una propuesta de «ley habilitante», que permitía al Consejo de Ministros introducir una ley sin antes pasar por el parlamento, eludiendo así la revisión constitucional. La ley daría al ejecutivo un poder sin precedentes.

El régimen de Hitler diseñó el acto como una medida temporal que requiere nueva autorización por el Reichstag cada cuatro años. Una vez que los nazis eran la mayoría, se convirtió en reautorización perpetua.

El 23 de marzo de 1933, día en el que los votos para la ley fueron emitidos, todos los diputados comunistas y 26 diputados socialistas habían desaparecido porque habían sido arrestados o habían huido del país, de acuerdo con Lucy S. Dawidowicz en su obra La Guerra Contra los Judíos : 1933-1945.

Cuando los votos se contaron, 441 diputados lo hicieron a favor de la ley y todos los 94 de los socialdemócratas presentes votaron en contra. Hitler tenía ahora autoridad legal para la dictadura.

Cinco días más tarde, con el anuncio de un plan para silenciar las quejas de los judíos en el extranjero sobre Alemania, Hitler inició su campaña a largo plazo contra los judíos, que comenzó con el boicot a los negocios alemanes y más tarde escaló hasta el asesinato de aproximadamente seis millones de judíos.

Una lección

El ascenso de Hitler al poder es una historia aleccionadora de cómo una crisis y los llamados a soluciones rápidas, pueden tentar a ciudadanos y a líderes para subvertir el Estado de Derecho y hacer caso omiso de las garantías constitucionales de un país.

Adolfo Hitler juró proteger la constitución alemana, sin embargo, él persiguió un poder ejecutivo expandido «temporal» que eludía el proceso que garantiza el bien de la «seguridad» y «protección» de las personas.

La caída de Alemania en el totalitarismo es un ejemplo más de cómo los llamados a concentrar la toma de decisiones en los poderes ejecutivos, como lo vemos ahora en todo el mundo, sienta las bases con demasiada facilidad para la maldad política, social y moral.

En este oscuro aniversario, nos será muy útil recordar que una de las mejores protecciones que tienen los ciudadanos contra la tiranía y la opresión es la insistencia de que todos, incluidos los políticos, en rendir cuentas a las mismas leyes y que el proceso debido se respete siempre.

Estas garantías deben ser parte de un sistema en el que la toma de decisiones se dispersa, no concentra, porque, como Lord Acton nos recuerda: «El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente».