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La competencia es buena para todos. Contrario a lo que suele opinarse diciendo que la competencia es negativa, ella beneficia a todos. Las razones de F. Bastiat son sólidas.

Introducción

Uno de los demonios favoritos es la competencia económica, calificada como causa maldita de muchos males. ¿Es en verdad tan maligna y diabólica la competencia, o simplemente es neutra, o incluso positiva? 

Bastiat tiene una respuesta que contradice esa percepción estándar. La competencia no es negativa, al contrario, es buena para todos. La clave para entender correctamente a la competencia está en ver los dos lados de la moneda.

La obra consultada fue Bastiat, FrédéricEconomic harmonies, (George B. de Huszar). Irvington-on-Hudson, N.Y. Foundation for Economic Education, chapter 10, «Competition», pp 297-316.

Punto de arranque: las invenciones

Bastiat inicia esta parte de su obra afirmando que una invención es una manera de aprovechar las fuerzas de la naturaleza por medio del ingenio humano.

Un invento capitaliza esas fuerzas de la naturaleza con métodos ideados por una persona. Y, si ese invento tiene éxito, el inventor puede lograr ingresos sustanciales.

Lo que hace posible que las invenciones sean puestas a disposición del resto de las personas es la competencia.

Entonces, ella es un mecanismo que hace posible grandes beneficios a todos. Es una manera de masificar los efectos positivos de esos bienes inventados por unos pocos. La competencia es buena para todos.

La competencia beneficia al productor de bienes exitosos, pero esos bienes benefician también a quienes nada han inventado.

El papel del capital

En este punto, Bastiat introduce un elemento, el capital. Dice que en este proceso el capital juega un papel importante. Por principio de cuentas, tener capital es tener trabajo realizado antes en el tiempo y que no ha sido remunerado.

Es decir, la persona que tiene a su disposición materiales y herramientas, más los medios para subsistir durante el tiempo que tarda en tener la producción de sus artículos, está en una posición legítima de tener un ingreso por eso mismo.

El punto es que entre los capitalistas existe de hecho competencia. Es decir, los capitalistas enfrentan rivalidades entre sí para encontrar un uso a sus capitales.

Capitales en competencia

Esta competencia que se da entre capitalistas es buena y beneficio para los consumidores, o sea, para todos. Vista así, la competencia es muy positiva para la sociedad.

Pero, como se dijo antes, el capital tiene un precio por ser un trabajo anterior no remunerado. Y esto significa que el capital está sujeto a la ley universal de la oferta y la demanda.

Las transacciones de capital solo se realizarán cuando exista un beneficio mutuo entre las partes. Y no habrá transacciones de capital cuando no existan esos beneficios mutuos.

El capital eleva su precio cuando existe una demanda superior a su oferta y baja cuando hay más oferta de capital. Todo esto está en armonía con la justicia: el precio se eleva con la escasez de capital y se reduce con su abundancia.

Supongamos que la tasa de interés es de cuarenta por ciento y que ella baja a dos por ciento. Esta caída de 38/40 en el precio del capital, significa una reducción del costo capital usado para producir todos los bienes, lo que resulta en abundancia y aumento del bienestar.

La competencia entre capitales es buena y de beneficio al consumidor y ya que los trabajadores son también consumidores, ella opera en su beneficio.

Este hecho innegable, por tanto, demuestra que es ilógico decir que la competencia lastima a los trabajadores. Al contrario. Ella es buena.

La fuente del error

Y es que, dice Bastiat, tenemos la costumbre de pensar en grupos de personas. Es usual que contemplemos agregados sociales, como trabajadores, capitalistas y otros grupos.

Vemos a los trabajadores y a los capitalistas y examinamos si la competencia entre los trabajadores lastima los intereses de estos. Esta visión impide entender que la competencia es buena.

Este es un panorama incompleto. La realidad es que los trabajadores y todo el resto de la sociedad son vendedores que compiten entre sí, pero también son ellos compradores.

El mérito de Bastiat está en hacer ver ese doble papel de las personas. Desde luego, en ambos papeles se sienten los efectos de la competencia y el problema está en ver solo un lado de la cuestión.

Los trabajadores, desde luego, compiten entre si cuando están en su papel de vendedores de su trabajo.

Pero no hay que olvidar que los trabajadores son también compradores y que los compradores, dentro de una situación de competencia, son el centro de atención de todas las empresas.

Es un error, por tanto la visión parcial que contempla un solo lado de esta moneda. Todos somos compradores y todos somos vendedores. El trabajador, como comprador, es el beneficiado directo de la misma competencia de la que se quejan las empresas.

Bastiat afirma ahora, basado en lo anterior, que es una cuestión de certeza matemática el hecho que la competencia es buena y de beneficio para todos en proporción directa al estado de pobreza que tenían antes.

Sobre la igualdad

Pasa ahora Bastiat a hablar de la igualdad, afirmando que la igualdad no significa resultados iguales para todos.

Esos resultados de cada persona en lo individual van a ser consecuencia de la cantidad y de la calidad de los esfuerzos realizados.

Vista más de cerca, esta aparente desigualdad, que es justa y necesaria, es en realidad igualdad. Somos tratados con la misma justicia.

Tratando el tema de los ingresos, dice el autor que ante las mismas circunstancias, si todo lo demás permanece constante, ciertos trabajos tendrán mayores remuneraciones que otros. Por ejemplo, los trabajos peligrosos darán más ingresos que los que no lo son.

Igualmente, los trabajos que requieren gran tiempo de capacitación pagarán más que los que no lo necesitan. Y Bastiat pregunta si no es esto justo. Desde luego, contesta, sí lo es.

Concluyendo, la competencia es buena para todos

Al final de esta parte de su obra, el autor concluye diciendo que la competencia es en realidad una parte de la solidaridad, ya que ella hace accesible al uso general lo que antes era exclusivo. La competencia es buena para todos sin duda.

No es racional, por tanto, lastimarnos poniendo obstáculos, tarifas y prohibiciones a la competencia, pues así obstaculizamos nuestro propio bienestar.

En última instancia lo que hace la competencia es nivelar y actuar en contra de quien levantó su orgullo por encima de los demás.

El mérito de Bastiat es claro, pues da una visión más completa. No es un buen análisis el que solo ve un lado de la cuestión, creyendo que únicamente hay trabajadores y capitalistas.

También los trabajadores son compradores y ellos son beneficiarios de la competencia entre los capitalistas y sus invenciones.

[La columna fue revisada en 2019-08]