Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Contradicción y Congruencia
Leonardo Girondella Mora
22 abril 2005
Sección: RELIGION, Sección: Análisis
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La muerte de un ser del calibre de Juan Pablo II produce reacciones —y pocas veces se han visto consecuencias del tamaño producido por este personaje. Dentro de todas estas reacciones, intentando ver el fondo, creo distinguir varias muy claras.

La más obvia de ellas: era un personaje de los grandes y extraordinarios.

Pasará a la historia sin duda alguna y sin él, el siglo 20 no podría contarse. Otra reacción muy clara es la que he bautizado con el nombre de “contradicciones versus congruencia” y es a la que me quiero referir en este análisis.

El tema confirma su importancia ante algunas de las primeras reacciones frente a la elección de Benedicto XVI y su evaluación como conservador o contrario a la modernidad. Las críticas que se centran en el argumento de la modernidad de la iglesia católica son el tópico de este análisis.

Mi orden de presentación va de un listado de las “contradicciones de la iglesia” al examen de la modernidad como un criterio de validez, para luego hablar de la diferencia entre lo descriptivo y lo prescriptivo, de la supuesta superioridad de lo moderno y llegar a conclusiones.

Las contradicciones

Las opiniones y juicios sobre Juan Pablo II en este aspecto y supongo que lo mismo sucederá con Benedicto XVI, se dividen en dos bandos.

• Quienes sostienen que sus ideas, decisiones y acciones son todas congruentes entre sí y de acuerdo con los principios de su iglesia y la tradición de la que ella es depositaria.

• Quienes sostienen que sus ideas, decisiones y acciones son incongruentes, al menos en algunos aspectos, con la realidad del mundo moderno. Estos son los que hablan de las contradicciones del Papa o de la iglesia.

Ahora deben verse los asuntos en los que esos dos grupos sostienen opiniones diferentes. Me parece que la lista siguiente es casi completa de esos argumentos que reclaman incongruencias o contradicciones.

• La iglesia católica como una institución escasamente democrática o incluso “fundamentalmente antidemocrática.” En el fondo, la acusación es una de no escuchar las peticiones de los fieles y encerrarse en una protección jerárquica ciega a la modernidad.

• La iglesia católica quiere establecer su dominio sobre las demás religiones proclamándose la real y verdadera.

• La iglesia católica ataca a las mujeres en dos sentidos, el de la prohibición de su ordenación y el de la prohibición del uso de métodos en contra de la concepción de hijos. Más la negación de la posibilidad de abortar.

• La iglesia católica está en contra de métodos de control natal que evitan la explosión demográfica y las enfermedades sexuales, especialmente el SIDA.

• La iglesia católica sostiene el celibato de los sacerdotes, una posición que se dice está en contra la naturaleza humana y que es causa de las situaciones de abuso sexual por parte de ministros de esa iglesia.

• La iglesia católica, bajo el pontificado de estos papas, ha sido y será en extremo conservadora.

De esos puntos pueden sacarse los siguientes comunes denominadores:

Sexualidad. Sobre el tema, por ejemplo, un fuerte crítico del Juan Pablo II ha escrito que “la campaña evangelizadora del Papa, centrada en una moral sexual totalmente alejada de nuestro tiempo.” (Hans Kung)

Democracia. Es una crítica de su estructura interna y de sus relaciones con el mundo, que en el fondo señala la intención de la iglesia de imponer su forma de pensar.

Y si a su vez, destilamos esos dos puntos a una sola idea central, quizá pueda resumirse en la crítica del aggiornamento, es decir, de la falta de adaptación a la modernidad, al mundo actual. Y se dice que es debido a esto que la iglesia católica pierde fieles y vocaciones de sacerdocio.

De acuerdo con esta manera de pensar, esta iglesia resolvería sus problemas si aceptara todas o muchas peticiones concretas, como el matrimonio de los sacerdotes, la ordenación de mujeres, el uso de métodos anticonceptivos, la posibilidad de abortar, la investigación genética ilimitada, los matrimonios de personas del mismo sexo y, en general, cediera a la realidad de la modernidad.

Es un reclamo de actualización el que en esencia piden sus críticos —incluyendo la democratización de su estructura, lo que es difícil de definir concretamente, excepto por la noción de que en ella influyan grupos que son o se sienten marginados.

En resumen, esas son las contradicciones de las que algunos acusan a Juan Pablo II y que se empiezan a proyectar en Benedicto XVI.

Examinaré esa crítica en general, sin entrar en los detalles de cada contradicción específica. Si se demuestra que la “modernización de la iglesia” no es una petición lógica podría al menos demostrarse también que cada una de las críticas debería evaluarse fuera del dominio general del reclamo de aggiornamento, o sea, de la actualización de la iglesia.

La modernidad como criterio de validez

La cuestión de fondo es determinar cuál es el criterio contra el que deben juzgarse las acciones y decisiones de esa institución, es decir, contra qué base deben ser congruentes y consistentes. La dualidad de las posiciones mencionadas antes indica la posibilidad de dos criterios centrales.

• Congruencia con las creencias y principios mismos de la fe católica, desde su fundación.

• Congruencia con las situaciones y condiciones de las épocas en la que se evalúe a la iglesia. Es obvio, me parece, que el último de los criterios, el de la modernidad no puede ser un criterio central ni absoluto, pues significaría que en cada época y en cada lugar existiría una serie de iglesias de tal variedad que entre ellas no existiría relación lógica alguna.

La conclusión hasta este momento es aceptar como única posibilidad lógica la de una serie de creencias y principios originales que datan del nacimiento de la iglesia —solamente así podría hablarse de una misma iglesia con consistencia y comunidad de ideas centrales que pudiera ser reconocida como una sola en todo tiempo y lugar.

La modernidad, la actualización, no es por esto totalmente desechada, sino simplemente pasada a un término inferior de evaluación.

El aggiornamento sencillamente es un criterio secundario de evaluación de la iglesia. Deseo ser muy claro en este sentido y reiterar el colofón al que he llegado. Para expresar una crítica, positiva o negativa, de congruencia o contradicción, se necesita una base o estándar contra el que se realiza una comparación.

Si una acción cualquiera se juzga incongruente es que ella resulta ser contraria a esa base o estándar —y lo contrario, si la acción se juzga congruente es que resulta tener consistencia en relación con esa base o estándar que es usado como principio central.

El eje primordial es, necesariamente, ese criterio básico que tiene dos posibilidades: (1) ser las creencias centrales de la iglesia desde su nacimiento, es decir, su cuerpo doctrinal de principios y mandamientos, o (2) ser las condiciones de la realidad en un momento dado, es decir, una serie de circunstancias propias de una época concreta, la que sea.

Ante esas dos posibilidades, se ha concluido que la primera de ellas es la principal o prioritaria —una iglesia debe ante todo ser fiel a las nociones, ideas, o principios que le dieron su razón de ser, independientemente del tiempo o la época de la historia en la que se encuentre. Solamente así puede una iglesia mantenerse como una institución estable y congruente.

La consistencia proviene primordialmente del nivel de concordancia de sus acciones con sus principios originales. De esto es posible concluir que el reclamo de contradicción contra las condiciones modernas no puede ser el criterio central de evaluación de la iglesia —y esto debilita notablemente el argumento de queja que dice que la iglesia está equivocada porque no se ha actualizado o no se ha adaptado a los nuevos tiempos.

No es la anulación total de ese reclamo de actualización al modernismo, pero claramente se concluye que el más importante de esos dos criterios es la congruencia con los principios internos, propios y atemporales de la institución. Pero existe otro problema, que hace necesario distinguir entre dos niveles de análisis, el descriptivo y el prescriptivo.

Describir y prescribir

La distinción es clara y está bien explicada en el entendimiento de la diferencia entre el “ser” y el “deber ser” —una distinción básica.

• Lo descriptivo no hace más que eso, describir una realidad, algo que es real, sin emitir otro juicio que el de corresponder a la realidad. Se trata, por ejemplo, en este terreno, de describir una acción específica, como la de un robo a un banco por parte de una banda organizada; el reportaje de un periódico, que describe los hechos del asalto es algo descriptivo.

Igualmente descriptivo es una fórmula química que explica la formación de una sustancia a partir de la mezcla de otros materiales.

• Lo prescriptivo se mueve en otro plano, proponiendo lo que “debe ser” y no lo que es. De buena manera, es una propuesta para cambiar la realidad si es que ella no coincide con lo prescrito. Aquí, lo prescriptivo señala la incongruencia entre el asalto al banco y uno o más de los principios prescritivos sostenidos —por ejemplo, la contradicción que existe entre el principio de propiedad privada y el robo de esa propiedad.

O bien, señala la contradicción que se tendría en caso de usar una sustancia química para fabricar un explosivo usado en un acto terrorista que quita la vida a otras personas —la contradicción aquí es la oposición entre el principio de respeto a la vida y el acto de quitar esa vida.

Entender la diferencia ayuda a comprender mejor el criterio de la modernidad como parámetro de evaluación de la iglesia y sobre el que se reclaman contradicciones. La más obvia de las conclusiones es que la modernidad, definida como descriptiva, está en un plano diferente al de la iglesia, que se mueve en un plano prescriptivo.

Es decir, el reclamo simple de que la iglesia tiene contradicciones porque ella no se moderniza o adapta a las situaciones actuales es erróneo en su misma base —es erróneo porque confunde los planos descriptivo y prescriptivo. La iglesia y su cuerpo de creencias son por naturaleza prescriptivos —intentan señalar lo que debe ser para influir sobre lo que es y cambiarlo.

Basta recordar los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña para entender que se trata de un llamado prescriptivo que pide actuar de cierta manera —establece un “deber ser” que es superior al “es.” La distinción hecha arroja nueva luz sobre el criterio de modernización de la iglesia como origen de la crítica que señala contradicciones en ella.

En el apartado anterior se ha visto que la modernización no puede ser el criterio principal y en este apartado se ve que la modernización se mueve en un plano diferente que plantea una drástica modificación: la inversión de las posiciones entre el “ser” y el “deber ser” y que puede significar la renuncia al “deber ser” para ceder sin restricción al “es”—lo que mandaría a la iglesia, cualquiera que sea, a abandonar su esencia y dejar de tener ideas si es que ellas contradicen a la realidad, cualquiera que ésta sea.

Este es el relativismo que Benedicto XVI ha señalado como el gran enemigo. A la conclusión a la que se ha llegado hasta ahora es a considerar que el reclamo de actualización de la iglesia a las nuevas circunstancias contiene trampas potenciales de enorme consideración, lo que en algunas mentes puede producir una conclusión inexacta: solicitar que la iglesia de actualice aceptando sin justificación lo que “es” en cada momento o época y renuncie, por necesidad lógica, a las ideas que le dieron origen y que forman su esencia basada en “deber ser.”

Este es el error de quien sin pensarlo se limita a repetir críticas a la iglesia por su falta de modernización y corresponde a formas simples de análisis.

Superioridad de lo actual

Hasta aquí se ha concluido que el reclamo de actualización a la modernidad que se le pide a la iglesia católica, y a cualquier otra, tiene dos defectos: (1) la existencia de un criterio superior a ese que es del de la congruencia con sus principios de origen y (2) la inversión de planos, por la que se renuncia al “deber ser” para aceptar sin restricción al “es.”

Existe una tercera dificultad en el señalamiento de contradicciones de la iglesia con la modernidad, que es la necesaria aceptación de que lo actual es superior a lo pasado y que por eso, debe aceptarse sin vacilación.

Cuando sin calificación o condición se señala que una institución tiene contradicciones internas porque ella no acepta la realidad actual, ese señalamiento obligadamente parte de la hipótesis que la actualidad es mejor que los principios de la institución.

Por tanto, se registra un problema inmediato, el de probar que lo actual o moderno es superior —algo que esas críticas no señalan y que es una falta de omisión. Es necesario probar que lo actual es mejor por medio de un razonamiento que sea independiente, no solamente basado en que es algo actual. Lo moderno, por serlo, no necesariamente es mejor a aquello con lo que se le compara.

Resumen y refinamiento del problema

Ha sido evidente el camino seguido para probar un punto acerca de las críticas de contradicción hechas a la iglesia católica por su supuesta falta de modernización. Se le reclama que ella no ha sabido o no ha querido reconocer la realidad actual y que por eso, ella cae en contradicciones. Esa crítica ha sido demostrada hueca por tres razonamientos:

• Ignora la base central de la institución, la que proviene de sus creencias de origen.

• Ignora la diferencia entre lo prescriptivo y lo descriptivo.

• Supone, sin demostración, que lo moderno o actual es superior a todo lo demás. Con esto, cae por tierra la crítica simple del que afirma que la iglesia cae en contradicción por no actualizarse aceptando incorporar en ella las realidades actuales y que por eso tiene contradicciones.

Sin embargo, hay algo más que debe explorarse acerca de la influencia de la realidad en las creencias centrales de la iglesia y de esas creencias sobre esa realidad. Se trata de un cambio de planos.

En el plano general la crítica de las contradicciones no es lógica, pero en un plano individual lo racional es examinar cada caso y concluir si es o no compatible esa realidad con las creencias de la iglesia.

Lo que la discusión anterior ha proveído es una regla de extrema utilidad, indicando que la realidad no es por definición superior al cuerpo prescriptivo de ideas y creencias y que, por tanto, el problema se reduce a tomar una situación real actual, la que sea, y examinarla a la luz del cuerpo de creencias de la iglesia para determinar si cae en una de varias posibilidades:

• La situación específica real actual es incompatible con las creencias de la iglesia. Si existe incompatibilidad, entonces será congruente rechazar o desaprobar esa realidad y será contradictorio aceptarla.

• La situación específica actual es compatible con las creencias de la iglesia. Si existe compatibilidad, entonces será congruente aceptarla y será contradictorio rechazarla. Pero para hacer eso, es necesario tratar un tema antes, el del desarrollo del cuerpo de creencias de la iglesia.

Desarrollo del cuerpo de creencias

Para existir, tener fieles y poder funcionar, cualquier iglesia requiere un conjunto de normas, creencias, ideas, principios, valores y reglas. ¿De dónde sale ese cuerpo de principios?

Me parece lógico establecer que la iglesia católica desarrolla ese conjunto de principios a partir de dos orígenes —los textos que considera las fuentes originales de sus creencias, es decir, las sagradas escrituras, y además, el conjunto milenario de las interpretaciones de esos textos, a lo que llama tradición.

Es decir, la iglesia católica no hace una lectura literal de las escrituras, sino que las interpreta tratando de encontrar su significado y lo hace con extremo cuidado y celo. Obviamente es una tarea fenomenalmente importante. La consecuencia de esto es natural.

Para la iglesia católica existen una serie de principios absolutos e inamovibles, que no admiten discusión y que son centrales para ella —como el misterio de la Trinidad, la transubstanciación y otras más. Ellas se aceptan como verdades absolutas y ciertas.

Aquí se encuentran también principios como el de la vida dada por Dios y por eso totalmente respetable y digna, más otros principios lógicos derivados de los textos y su interpretación. El nivel en el que se mueven esos principios es prescriptivo, es decir, indican el “deber ser.” Y, por lógica necesaria, ellos deben ser interpretados indefinidamente por una causa irrebatible, la realidad es cambiante.

El caso que mejor ilustra esto es el de la investigación genética, algo inexistente en tiempos pasados, pero que es una realidad actual y que, por necesidad, será visto a la luz de los principios centrales o esenciales, concretamente bajo el del respeto a la vida dada por Dios a cada ser humano en lo individual y que lo hace digno en sí mismo.

Esquemáticamente, la forma de funcionamiento es sencilla de ver. Existen principios absolutos y ellos deben ser aplicados a situaciones nuevas, no tenidas antes. Es una tarea interminable por tenerse una realidad cambiante siempre —la que sin detenerse presenta nuevas situaciones que requieren esa interpretación.

El fiel católico tendrá esa interpretación “oficial” de su iglesia y, sin duda, esto presentará situaciones potenciales de choque de ideas. Este choque de ideas es lo que ha sido erróneamente llamado contradicciones de la iglesia, cuando en realidad no lo es — veamos por qué con un ejemplo actual.

En la época actual existe un clima intelectual que sostiene fuertemente la igualdad entre los sexos, una creencia que la iglesia apoya dado el principio de que hombres y mujeres son obra de Dios y entre ellos no existen diferencias esenciales.

Hasta aquí, no hay problema, pero algunas personas se hacen la pregunta natural, ¿cuál es la razón por la que no pueden existir sacerdotes mujeres?

Una manera de pensar actual choca contra la tradición interpretativa que señala que no puede haberlas. Y como ése, otros casos pueden presentar choques de ideas. Por ejemplo, las costumbres más sueltas de relaciones sexuales de estas épocas han provocado que algunas personas propongan que la iglesia acepte el uso de métodos anticonceptivos, las familias formadas por personas del mismo sexo, el aborto y demás.

El razonamiento usado es el de que la iglesia de una vez por todas acepte la realidad y la incorpore a sus preceptos —lo que se ha visto que es erróneo, pues lo existente es descriptivo y no necesariamente es superior a lo prescriptivo. Una conclusión hasta aquí es lógica. La vida de la iglesia estará siempre sujeta a esas situaciones de choque entre la realidad y el “deber ser.”

Lo fue antes, lo es ahora y lo será en el futuro. Ésa es la vida normal de la iglesia y nada nuevo es lo que ahora se tiene, lo que nos manda a entender algo raramente expresado: la iglesia ve por encima del tiempo actual, su horizonte es atemporal y por principio no puede ceder fácilmente a las situaciones de lo actual.

No debe sorprender. por tanto, que existan confrontaciones de ideas entre ella y la realidad. Quien es depositario de una serie de creencias inamovibles se comportará así siempre si es que desea ser congruente con esas creencias.

Visto de otro modo, la vida entera de la iglesia es una de evaluación de la realidad en relación con sus principios y allí se dará siempre la posibilidad de oposición entre la realidad y esos principios. No son propiamente contradicciones, sino oposiciones entre lo que “es” y lo que “debe ser” de acuerdo a sus creencias.

La única posibilidad de la iglesia cayendo en contradicciones es la de tener dos o más principios, dentro de su cuerpo de creencias, que sean opuestos entre sí. Ésta sí sería una contradicción y no lo que comúnmente se piensa como tal.

Es decir, la única posibilidad de contradicción debe ser interna —no puede haber contradicción entre la iglesia y la realidad, simplemente puede haber oposición. Pero sí es posible una contradicción cuando es interna.

Conclusión

Si el lector esperaba que aquí se propusieran soluciones a la posición de la iglesia en temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo, seguramente estará desilusionado. Lo que he intentado de hacer es algo menos llamativo —aunque creo que mucho más importante.

He intentado demostrar los tres errores en los que caen las críticas que hablan de las “contradicciones” de la iglesia y con ello anular el reclamo de la necesidad de ella para actualizarse y aceptar la realidad actual, por ejemplo, aceptando el uso de métodos abortivos. No es así como se debe razonar.

Pero sí puede razonarse de otra manera, examinando cada situación por separado a la luz de las creencias del cuerpo doctrinal de la iglesia. El hecho de que exista oposición entre una situación real y las creencias de la iglesia no se resuelve con la aceptación o condonación de esa realidad, pues la real contradicción se presentaría internamente dentro de las creencias y no entre esas creencias y la realidad.

Casi para terminar, una consideración sobre los reclamos de democratización de la iglesia —que me parecen son los de menor relevancia. Si por democratización se entiende poner a votación las creencias doctrinales de la iglesia, eso sería la aceptación del relativismo interno y la creación intencional de contradicciones internas —el mismo defecto del que se pretende acusarla.

Una institución que es depositaria de verdades reveladas sencillamente no puede ser regulada por votaciones populares sujetas a cambios en el tiempo y a la voluntad de la mayoría.

Espero haber demostrado convincentemente una sola cosa, que el reclamo de modernización de la iglesia como una cuestión general que le obliga a aceptar la realidad y aprobar conductas reales actuales, es una petición sin sentido ni fundamentos lógicos.

Y demostrado que si se le pide a la iglesia aceptar alguna conducta real específica esa conducta debe ser examinada no a la luz de la modernidad, sino a la luz del cuerpo doctrinal de la iglesia —las sagradas escrituras y la tradición.

Por ejemplo, si se trata en específico el tema del celibato sacerdotal, el reclamo de permitir sacerdotes casados tendrá que ser examinado en términos de su consistencia no sólo contra las sagradas escrituras, sino contra toda la tradición interpretativa.

Ni este tema ni los demás son sencillos de tratar en sí mismos por otra razón adicional: la iglesia debe preocuparse no sólo por la actualidad, sino por el futuro y el pasado, al mismo tiempo.

Apéndice

La idea de que la dimensión central de modernidad en la que se está evaluando al papado está confirmada en los siguientes reportes del Media Research Center de EEUU.

• El día 18 de marzo, ese centro reporto lo siguiente:

The night before the Catholic Cardinals were to begin their conclave to choose a new Pope, the U.S. broadcast network evening newscasts painted the role of women as the most important issue and gave a platform to left-wing church activist Joan Chittister. “The future of the church is now in the hands of 115 men. Some Catholic women find that offensive,” ABC’s David Wright asserted Sunday night… Wright proceeded to showcase a woman upset that her unborn daughter cannot become a priest… CBS’s John Roberts… sandwiched two denunciation from Chittister around touting how “a new CBS News poll finds the majority of Catholics think the next Pope should admit women into the priesthood, let priests marry, and allow birth control.” Plus, “52 percent of American Catholics think the church is out of touch.”

• Al día siguiente, 19 de abril, reportó:

On Sunday, NBC’s Jim Maceda referred to “the ultraconservative Ratzinger” and reported that “he was briefly a member of Hitler’s youth group in Nazi Germany.” On Monday morning, Katie Couric asserted that Ratzinger is “known to be quite conservative. He’s been called ‘God’s rottweiler’ because of his strict adherence to Catholic doctrine and ‘The Enforcer’ as well.” … ABC’s David Wright said “he’s been dubbed ‘God’s rottweiler,’ a staunch conservative…” After her viewers voted Ratzinger the “Person of the Day,” CNN’s Paula Zahn on Monday night lamented how “he’s butted heads with theologians and teachers, silencing dissent, shutting down debate over issues such as homosexuality and the ordination of women.”

• Y ese mismo 19 de abril:

NBC’s Katie Couric asserted on Monday morning that “according to a recent poll, 78 percent of American Catholics would like the Catholic Church to be less conservative,” but the only current poll the MRC could locate with such a finding was an early April CNN/USA Today/Gallup survey of Catholics which found 78 percent said the next Pope should “allow Catholics to use birth control.” But Couric cherry-picked the number she liked since the poll also determined that when asked if the next Pope should “make church doctrine on abortion less strict,” only 37 percent said he should compared to 59 percent who responded that he should not. And, contradicting Couric’s thesis, asked directly if the next Pope should be “more conservative than John Paul II, about the same, or more liberal than John Paul II?”, 59 percent endorsed the conservative status quo.

Por su parte, Grupo Reforma en México reportó el día 19, antes de ser electo, lo siguiente:

Defiende Ratzinger su modelo conservador. El Cardenal alemán Joseph Ratzinger, líder de la corriente ortodoxa en el Cónclave, aprovechó ayer la última misa para defender desde el altar de la Basílica de San Pedro su programa conservador de Gobierno… Ratzinger defendió un modelo de Iglesia firme y conservadora, capaz de combatir el marxismo, el liberalismo, el libertinaje, el sincretismo o las sectas… Ratzinger habló contra la dictadura del relativismo imperante en la sociedad… El canonista Andrea Zanotti cree que el sermón fue una declaración de principios. “… Ratzinger debe haber comprendido que no tiene grandes posibilidades y por eso se permitió la libertad de dar un mensaje tan fuerte”, dijo a EL NORTE.

Y lo siguiente fue reportado en las principales cadenas de los EEUU el día de la elección del nuevo papa:

1. CBS Most Egregious in Applying Ideological Labels to New Pope No honeymoon on CBS for the new Pope. All of the networks, broadcast and cable, on Tuesday afternoon and evening, focused at least some coverage on the conservative theological views of the new Pope, Joseph Ratzinger, and the disappointment by some Catholics, particularly women, in his selection. But none were more egregious in applying labels than the CBS Evening News which led with Mark Phillips asking: “He has taken the name of a healer, but where will this arch-conservative lead the Catholic Church?” Anchor Bob Schieffer tagged Ratzinger as “very conservative” before John Roberts described him as “a doctrinal conservative” and “an unswerving hardliner.” Phillips then declared that “the cardinals picked the most polarizing figure in the Catholic Church” who has been “labeled by some as ‘God’s rottweiler.’” After all of that, Sharyn Alfonsi, whose story featured a Catholic woman lamenting how the new Pope is “very conservative,” relayed how “some say…people have been too quick to label this Pope.” Nonetheless, Schieffer proceeded to tag Ratzinger as a “hardliner” and insisted that “a lot of American Catholics were looking for a Pope who might liberalize some of the rules of the Catholic church.”

2. ABC & CBS Quick to Tag “Rottweiler” Ratzinger as “Controversial” ABC and CBS had a rapid response to the announcement of the new Pope in live coverage minutes after he appeared at the Vatican: He was an “extremely controversial choice,” complained ABC’s Cokie Roberts, because he “is seen by the world as the most conservative voice of Catholicism.” George Stephanopoulos brought up Cardinal Ratzinger’s “very controversial” position on denying communion to “pro-choice” politicians and ABC’s producer in Germany asserted that “there\\’s widespread doubt here that he will be able to overcome his reputation as the intimidating enforcer, punishing liberal thinkers and keeping the Church in the Middle Ages.” On CBS, John Roberts quickly turned to the new nickname: “His conservative bent, his strict adherence to conservative Catholic doctrine has earned him the nickname in some circles as “God’s Rottweiler.’” Bob Schieffer dubbed him a “hardliner” and Mark Phillips called him a “polarizing” pick. CNN got into the act, with Jim Bittermann, who recited Ratzinger’s “strict fundamentalist” and “hardline” views, calling him “a really astounding choice.”

3. Por su parte, Grupo Reforma destacó como principales puntos entre varios de Benedicto XVI su “Pasado como soldado nazi” y “Su ortodoxia extrema.”


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2 Comentarios en “Contradicción y Congruencia”
  1. dante Dijo:

    Creo que en este momento actual es cuanto mas fuerte debe hacerse la Iglesia, como lo relata el mensaje precedente, es decir, lo mas claro posible, ante el ataque del ateismo europeo y la indiferencia.

  2. Freddy Dijo:

    Aja ¡ Pero en definitiva son infalibles los Papas o no lo son. es decir si el unico infalible es Dios como es que ellos se dicen infalibles si el mas ingenuo observador al revisa su historia se da cuenta que no los son. NOTA DEL EDITOR: antes de opinar conviene tener información, como el saber que los Papas no reclaman infalibilidad en sus actos y escritos, sino bajo condiciones muy especiales y que rara vez ocurren.





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