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A continuación profundizo en este enfoque de la igualdad.
El proceso de redistribución de recursos o bienes tiene dos pasos básicos: (1) tomar recursos de quienes se ha definido que los tienen y (2) darlos a quienes se ha determinado que no los tienen. Un ejemplo clásico de este proceso es la existencia de muy altas tasas de impuestos, lo que produce fondos que son usados para cubrir los gastos de un servicio médico sin costo para los usuarios. La diferencia entre los dos enfoques puede entenderse mejor si agrego un elemento adicional, la libertad. Vista simplemente, la igualdad esencial pide una libertad igual para todos —mientras que la igualdad accidental pide resultados iguales o similares para todos. La oposición entre ambas visiones no puede ser mayor. Una pide libertad igual para todos reconociendo a la libertad como una parte de la esencia humana. Las consecuencias necesarias de esta posición llevan a la aceptación de desigualdad de resultados. Dentro de un Estado de Derecho las personas son libres de realizar acciones y los resultados de esas acciones no serán iguales para todos —necesariamente el enfoque de la igualdad esencial terminará en tener desigualdades accidentales. Y esas desigualdades son las que quiere resolver la igualdad accidental, por lo que sin remedio se opone a eso que las crea, la libertad. El corolario obligado de lo anterior es que quienes proponen la igualdad accidental son contrarios a la libertad —y la libertad es el más alto valor de los liberales. No es sobresalto alguno que entre sus partidarios exista una rivalidad irresoluble, derivada de las creencias mismas de ambos bandos. Intentaré a continuación explorar una avenida general de solución en dos niveles, el de principios o valores, y el de la realidad práctica. En un nivel filosófico todo se reduce a aceptar o no a la libertad como parte de la esencia humana. Quien no la acepta, quien la rechaza, quien la niega o coloca en un nivel secundario, es alguien a quien descarto de la exploración que hago —sencillamente me quedo con quienes apoyan y creen en conceptos como la libertad de expresión, la libertad de creencia, la libertad religiosa, la libertad política y en conjunto, en la libertades fácilmente aceptables que representa un sistema democrático. Aceptar a libertades como ésas lleva a la inevitabilidad de aceptar a la libertad como parte de la esencia humana, con todas las consecuencias que ello portea. Dejo el plano filosófico ahora y me voy a la realidad —sin implicar la superioridad de un nivel sobre el otro.
Llamaré pobreza a esas situaciones en las que las condiciones de vida real de la persona no son consistentes con la idea filosófica de que esa persona posee dignidad. Con las dos consideraciones anteriores, el problema puede ser expuesto de manera menos vaga que el de un simple reclamo de igualdad imprecisa. Y el problema consiste en cómo alcanzar un estado tal en el que las dos consideraciones sean alcanzadas, sin sacrificar una en aras de la otra —lo que quiero decir es que, primero, la igualdad debe entenderse en esos dos niveles de principios o valores y de realidad; y segundo, que la definición de cómo alcanzar esos dos niveles de igualdad es un planteamiento más concreto del problema. A riesgo de ser repetitivo insisto en aclarar el punto del párrafo anterior. Una situación ideal es ésa en la que al mismo tiempo se mantiene la libertad que emana de la idea de la naturaleza humana igual para todos y se da una realidad en la que no existen situaciones materiales de pobreza. Ése es el ideal, al que de inmediato califico diciendo que tal perfección es imposible en un mundo defectuoso —pero que a pesar de eso puede ser un objetivo al que es posible acercarse. Un mundo en el que exista libertad plena y escasa pobreza es una meta posible y el problema es cómo lograrlo. Para examinar esto, a continuación trato las medidas usualmente asociadas con los proponentes de la igualdad accidental. Quienes proponen la igualdad material a la que he llamado igualdad accidental —en oposición a la esencial o natural— conciben como injusta a la desigualdad material. No a la desigualdad poco diferenciada, sino a la que existe entre, por ejemplo, una comunidad rural en Chiapas, México, y un barrio de clase alta en la capital de ese país. O a la que se exhibe entre alguna hambruna en África y el consumo de artículos de lujo en Europa. Esas diferencias son calificadas de injustas y son propuestas medidas correctivas basadas en la idea central de la redistribución, una acción encargada al gobierno. Esa acción consiste primariamente en quitar a unos para dar a otros y presenta varios problemas que examino brevemente:
Mi tesis es ahora una específica posible de ver en los siguientes puntos:
Es una conclusión mixta, que aporta un elemento positivo, el de un Estado de Derecho, que es un labor gubernamental importatísima, y al mismo tiempo señala un elemento negativo, que el Estado no debe ser un instrumento redistribuidor directo. ¿Pensó en alguien mientras leía esta columna? Usted puede enviarla utilizando el botón de envío a un amigo. También puede comentarla y calificarla. Con antecedentes desde 1995, ContraPeso.info funciona como información adicional a los medios dominantes.
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