Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Uno, Pero no Los Dos
Eduardo García Gaspar
3 mayo 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Nuestro mundo es fascinante. Una nuestra de ello es el contraste entre dos posturas. La primera de ellas es la de James A. Dorn, editor del Cato Journal y director de la Conferencia Monetarial anual de Cato.

Hace poco él escribió que

“Mientras el congreso de los EEUU practica el proteccionismo y la Casa Blanca consiente, China continúa moviéndose hacia una economía de libre mercado. La aprobación el 16 de marzo, por el Congreso Nacional del Pueblo, de la nueva ley de propiedad es otro paso positivo en la transición de China de la planificación al mercado. El movimiento de China hacia la libertad económica es verdadero, y el Congreso debe responder manteniendo abiertas las puertas comerciales, no imponiendo tarifas aduaneras punitivas que perjudican a ambos lados”.

La segunda de ellas es la del presidente colegiado de la Unión Nacional de Trabajadores, en México, Francisco Hernández Juárez, quien escribió que

“lo que está en el aire es un deseo de profundizar el autoritarismo y la arbitrariedad en el mundo del trabajo. Un deseo de abaratar aún más a nuestra castigada clase trabajadora, un deseo por hacer oficiales las prácticas que han dejado más de 20 años de políticas ‘neoliberales’”.

Dos personas, dos posiciones. Una apoya a la libertad humana y a su resultado lógico, el libre mercado. La otra hace lo opuesto, dice que el libre mercado es una forma de castigar al trabajador. ¿Quién tiene la razón? La pregunta es vital porque de la respuesta dependerá la prosperidad mexicana. Obviamente uno de esos dos caminos es mejor que el otro.

Dorn y Hernández Juárez son simples expositores de la disyuntiva actual en buena parte del mundo. La disyuntiva entre el liberalismo y el socialismo, entre la prevalencia de la libertad personal y el dominio del gobierno. La oposición entre ambas posturas lleva siglos.

Si usted toma a Adam Smith y aún a los anteriores Escolásticos Tardíos, verá que ellos son partidarios de la libertad, junto con muchos más actuales, como los economistas de la Escuela Austriaca. Pero si usted toma a Marx y los socialistas de su tiempo, incluyendo a los mercantilistas anteriores y a otros más recientes, verá que ellos sostienen que es mejor la intervención estatal.

Usted, mucho me temo, tendrá que seleccionar una de esas dos opciones siguiendo sus propios razonamientos y justificaciones. Estar interesado en cuestiones políticas significa tener una filosofía al respecto y eso obliga a estar inclinado por una de esas dos corrientes. Es contestarse a sí mismo con sinceridad qué prefiero, el régimen de la libertad o el del gobierno.

Cada quien contestará a su modo y con sus justificaciones, pero sabiendo que la razón asiste a una de esas dos posturas más que a la otra, por lo que quedarse en medio es una postura posible pero no aceptable. Por mi parte, si le interesa, estoy claramente inclinado del lado liberal: prefiero a la persona humana que a los gobiernos, aunque reconozco que ellos son necesarios.

Comparto, al final, con usted un consejo que me ha sido muy útil, el no irse por los sentimientos. Y es que cuando, por ejemplo, usted ve una situación de pobreza extrema de inmediato vienen las ganas de hacer algo, no diferentes a las que se tienen cuando se está en presencia de un herido. Pero mientras que con el herido uno no se atreve a atenderlo médicamente y espera a los expertos, con el pobre sucede lo contrario.

De inmediato entran ganas irresistibles de redistribuir la riqueza, de tomar lo que otros tienen para dárselo a los que no tienen. Esta primera reacción es comprensible y humana, pero no es aconsejable. Conviene como en el caso del herido esperar a los expertos, o al menos ser asistido por ellos. Redistribuir la riqueza puede ser tan malo como hacerle al herido una transfusión de sangre equivocada.

Puedo pensar que tanto Dorn como Hernández Juárez quieren hacer el bien, pero uno de ellos ha pensado mejor las cosas que el otro. Uno de ellos tiene más pruebas de que su postura es la aconsejable. Las intenciones de los dos deben ser encomiables, quieren lograr el bienestar, pero en lo que varían, sustancialmente, es en el cómo hacerlo. Y eso es el asunto en el que usted debe tomar una decisión personal importante para todos.


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