Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Was-yuh-neim-ja
Eduardo García Gaspar
31 diciembre 2008
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Sin categoría
Catalogado en:


En el año 1996 hice un viaje a Yucatán, concretamente a Mérida y sus alrededores, incluyendo Cancún. Encontré unas notas del viaje que comparto con usted. Mérida es una gran ciudad. La hacen grande sus habitantes. Son estupendas personas, siempre dispuestas a ayudar y muy amables. Además, la ciudad es bella, con sus casas afrancesadas y españolizadas.

Y por si fuera poco, esa zona tiene valores históricos impresionantes. Las ruinas mayas son un atractivo que uno no se cansa de ver, al igual que las construcciones coloniales. Realmente es un paraíso, porque además su cocina es estupenda. Estuve en Izamal, que es muy recomendable, aunque la iglesia da la impresión de que ha sido saqueada de sus tesoros. Estuve en el Celestún, donde están los santuarios de las aves.

Allí en Celestún visité las instalaciones de la Sociedad de Solidaridad Social Turística (sic) de Santa Cruz Cambalán, a cuyo costado están los baños que cobran un peso por ser usados. Supongo que cobrarían dos pesos si existiera asiento en el baño. Esas instalaciones son como usted se las imagina para una institución con ese nombre… más descuido de edificio no se puede pedir, y eso que no deben llegar a más de veinte metros cuadrados de construcción.

Por cierto que en Celestún hay una zona donde pueden verse los flamencos y un letrero que dice que no debe asustárseles. Adivine usted qué fue lo que hizo el lanchero que nos llevó hasta ese lugar en la lancha más ruidosa que pueda imaginarse. En Valladolid, camino a Cancún, al visitar la iglesia, dejé estacionado el carro. Al bajar sentí un golpe suave en los riñones y una voz que me decía “was yuh neim ja”. Era un muchacho de unos doce años que quería cuidar el carro. Una impresión desagradable, aunque pintoresca que revelaba un inglés aprendido de boca a boca.

En Cancún hice un descubrimiento que me pareció interesante. Hay tantas y tantas camisetas que dicen Cancún, que calculé que si cada habitante de la tierra recibiera una, sobrarían camisetas. Han producido en esa zona más camisetas de las que jamás se necesitarán. La sobreoferta es ridícula, de esas camisetas y de sarapes y de souvenirs de viaje.

Tulum es una maravilla aunque podría estar mejor arreglado. Al igual que todas las ruinas, Tulum debería privatizarse para arreglarlo mejor y poder tener gasolineras menos distantes unas de otras (si usted va para allá y usa carro, cargue gasolina donde vea una gasolinera, la siguiente puede estar a más de ciento cincuenta kilómetros). Xcaret está privatizado y es de lo más digno de visitar.

En Chichén-Itzá, para entrar usted tiene que comprar dos boletos, uno federal y otro estatal… y además dan una calcomanía. El desperdicio de papel es absurdo, porque además uno de esos boletos tiene banda magnética que sirve para nada porque hay dos personas perforando los boletos a la entrada. Una persona ve lo que hace la otra.

Allí hay más vendedores de souvenirs que piedras viejas. Esos vendedores están fuera de las ruinas, pero también dentro. Impiden ver las ruinas y son extremadamente molestos. Calculo haber recorrido en total, en auto, cerca de los 2 mil kilómetros. Pasé por muchos pueblos y constaté que en Yucatán hay posiblemente un perro por cada dos o tres habitantes. Perros verdaderamente en mal estado. También hay topes que son asesinos. Muchos topes. Un tope por cada dos o tres perros.

Uxmal es otra maravilla. Me gusta más que Chichén. Allí vi el espectáculo de luz y sonido. Precioso. Ese espectáculo contiene una serie de oraciones al dios Chac, el de la lluvia. Deben ser oraciones muy exitosas porque esa noche nos llovió mucho desde antes que empezara.

En fin, que esa parte de nuestro País es privilegiada. En las partes verdaderamente turísticas se están echando a perder con la excesiva molestia de los vendedores y su constante insistencia, al igual que con su trato verdaderamente insultante. Ojalá haya cambiado.

Los tesoros de esa zona son únicos. Olvídese del resto de las playas mexicanas, que son preciosas. Esa península podría ser el polo turístico mayor del mundo. Podría, porque para compensar el extremo atractivo, el destino puso allá a las autoridades mexicanas y a los vendedores de souvenirs.

[Las notas fueron publicadas originalmente el 8 de noviembre de 1996 en El Norte]


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