Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Xenofobia y Derechos Humanos
Leonardo Girondella Mora
14 marzo 2008
Sección: NACIONALISMO, Sección: Asuntos
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En noviembre de 2007, en Lo Nacionalmente Correcto, E. García Gaspar presentó esa expresión “nacionalmente correcto” para definir a la

“serie de creencias basadas en el orgullo nacional, el patriotismo y la soberanía nacional y que sirven para justificar decisiones y acciones dañinas pero que nadie está permitido cuestionar, so pena de ser acusado de traidor a la patria.”

Nada tan pedagógico como un ejemplo para comprender esa expresión como un caso real — no hace mucho, la Human Rights Watch hizo pública una evaluación del desempeño de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México “fue una revisión integral con datos de la misma comisión. Su presidente José Luis Soberanes Fernández dijo que “les abrimos todo, les dimos todas las facilidades.”

La siguiente es una muestra selecta de las reacciones que en México tuvo esa evaluación de la Human Rights Watch a la DNDH en México:

  • “No se vale que unos extranjeros vengan a decir que no estamos haciendo bien las cosas, nosotros investigamos, vamos a la sierra y no hacemos trabajos de escritorio como ellos.”
  • “Estas personas son de otro país no tuvieron la información o bien la cultura suficiente para enterarse cómo es que funcionan las instituciones nacionales.”
  • “Nos importa la sociedad [mexicana] que es a la cual nos debemos, no a instituciones estadounidenses.”

Este suceso es un gran ejemplo de lo nacionalmente correcto, una variante de lo políticamente correcto en la que existen componentes muy claros —hay xenofobia, pero sobre todo, algo muy digno de mencionar: la creencia de que los mexicanos no pueden ser entendidos por el resto, de que son únicos y diferentes, de que lo extranjero no aplica aquí. Si se estuviera en terrenos de Física, sería posible escuchar que en este país las leyes de la termodinámica son diferentes, que los cuerpos mexicanos caen a una velocidad distinta, que el agua hierve a otra temperatura.

Lo nacionalmente correcto, estoy diciendo, contiene una dosificación fuerte de separación del resto —aquí las cosas son distintas al resto del mundo y, por eso, lo que venga del extranjero no es aplicable dentro de las fronteras mexicanas. Posiblemente sea una racionalización de un rasgo mexicano que me parece innegable, el de la piel sensible, por el que es imposible aceptar comentarios críticos, sean los que sean.

Gracias a lo nacionalmente correcto es posible hacer de lado las más racionales observaciones —sin necesidad de discutir, razonar, ni presentar evidencias, lo que sea opuesto a lo que alguien sostiene o hace es rechazado pues lo ha dicho un extranjero que no conoce lo mexicano y, más aún, no es válido que un extranjero haga observaciones a los mexicanos. Esta posición tiene una gran ventaja —no requiere pensar, sólo necesita frases hechas, lo que me lleva a otra consideración.

Lo nacionalmente correcto produce comodidad y confort —no hay posibilidad de implantar controles de calidad, ni sistemas de retroalimentación, ni evaluaciones sistemáticas: si lo que alguien hace está mal hecho, no importa se sigue haciendo sin cuestionamientos porque es nacionalmente correcto, como el monopolio estatal de petróleo o el ejido o la educación pública.

Lo que he querido hacer es explorar más eso de lo nacionalmente correcto —me parece un concepto prometedor para explicar algunas de las cosas que suceden en este país y para explicar a los extranjeros la causa de esas reacciones tan incompresibles.

Post Scriptum

En La Crónica, se reportó el 14 de febrero:

Entre gritos, manotazos y desmentidos, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se enfrentó ayer con la organización internacional Human Rights Watch (HRW). El choque institucional, que incluyó acusaciones mutuas, se derivó del informe “La CNDH, una evaluación crítica”, presentado por HRW y en el que se acusó al organismo dirigido por José Luis Soberanes de no cumplir su labor de defensa a los derechos humanos en México y de tener un impacto limitado.

La HRW emitió el siguiente comunicado de prensa el 13 de febrero de 2008

“La Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México (CNDH) limita seriamente su impacto al no promover recursos eficaces para reparar las violaciones de derechos humanos que documenta, ni las reformas necesarias para poner fin a prácticas abusivas, señaló Human Rights Watch en un informe publicado hoy. La comisión podría tener un impacto mucho mayor en los derechos humanos en México, pero no lo hace. Si bien su trabajo de documentación de abusos y de identificación de problemas es aceptable, no adopta medidas que son esenciales para generar cambios.

El informe de 136 páginas, titulado “La Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México: Una evaluación crítica”, analiza el trabajo de la Comisión en más de 40 casos de derechos humanos, como por ejemplo los abusos cometidos recientemente por soldados durante operaciones de seguridad pública, la represión policial contra manifestantes en Guadalajara y en San Salvador de Atenco, y los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez cometidos durante la última década. El informe analiza, además, la actitud de la CNDH ante leyes violatorias de derechos fundamentales, tales como aquellas que restringen la libertad de expresión, y cómo ha respondido a reformas importantes, como la ley de 2007 que legalizó el aborto en el Distrito Federal…

Una delegación de Human Rights Watch, encabezada por Vivanco, presentó esta semana el informe a la CNDH, a la Suprema Corte de Justicia de México, al Presidente del Senado, a la Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado y a autoridades máximas de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Human Rights Watch instó enérgicamente a la CNDH y a la Comisión de Derechos Humanos del Senado a adoptar las recomendaciones incluidas en el informe, con el fin de garantizar que la CNDH lleve a cabo sus funciones de manera más efectiva.” versión completa


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