Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Démosles un Gran Susto
Eduardo García Gaspar
16 junio 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Jugar con números es divertido. Y hacer con ellos proyecciones futuras lo es aún más. Redondeando números, para hacer las cosas más sencillas, sabemos que las elecciones de 2006 en México produjeron un abstencionismo del 40% y que las intermedias de 2003, de 60%.

Hay 20 puntos de distancia en el abstencionismo de ellas. Podemos, por tanto, anticipar varias posibilidades. Una de ellas es la ortodoxa, decir que se repetirá más o menos el abstencionismo de 2003 y que las elecciones de 2009 tendrán un abstencionismo de 60%. Insisto, estoy redondeando las cifras.

Las campañas electorales en estos momentos pueden suponerse, al menos, como de calidad mediocre en propuestas y bajo leyes y reglas mal diseñadas. Las campañas sucias, que están prohibidas, existen. Y, peor aún, el desempeño global del gobierno mexicano deja mucho que desear. En fin, tanta es la mala apariencia de las campañas y tan baja la calidad percibida de los partidos y sus candidatos, que ha surgido la propuesta de no votar y si se vota, anular las boletas.

El objetivo, hasta donde puedo saber, de tales propuestas abstencionistas, es mandar un mensaje a la clase política, un mensaje de protesta, deseando que él tenga efecto posterior en la calidad del desempeño de las autoridades. Supongamos que el abstencionismo sea aún mayor que el esperado de 60% y que se eleve sustancialmente para que esa protesta sea efectiva: digamos de más del 70.

Si no llega a esos niveles, en realidad no habría protesta importante. Es decir, el éxito de una campaña de abstencionismo dependería de lograr porcentajes superiores al 70%. Si llegara al 80 o algo así, la protesta se notaría, aunque eso no sería garantía de que el gobernante la comprendiera.

El problema del abstencionismo masivo ya ha sido mencionado con insistencia: dar el poder se elección de gobernantes a los clubes de fanáticos financiados por cada partido, pero lo peor no sería eso. Sería que el ciudadano se alejara de las cuestiones políticas, algo que es lo opuesto a lo deseable en la democracia.

En cuanto a la anulación intencional de votos, que es otra propuesta, eso tendría el mismo efecto de dar el poder de elección de gobernantes a los grupos partidistas. Los números de los que se parte son bajos: los votos anulados fueron pocos, un 2% en la elección de 2006. Para que se entendiera como protesta importante, la anulación de votos tendría que ser superior al 10% y aún así, el gobernante alegaría que es una minoría. Tampoco parece una estrategia con probabilidades de éxito.

En cambio, sí existe una estrategia alterna que envíe un mensaje directo a los gobernantes. La explico y consiste en hacer lo que ellos no esperan que se haga. En sus cálculos y expectativas, la clase política espera que el abstencionismo sea grande, más o menos el mismo de las elecciones intermedias anteriores, es decir, un 60%.

Y si esperaran algo diferente sería un abstencionismo mayor. Por eso es que si se quiere mandar un mensaje que se oiga, conviene hacer lo opuesto a lo que ellos esperan. Si esperan un abstencionismo grande, la mayor sorpresa será tener un abstencionismo mucho menor. Si es de un 50% o menor, créame que será una sorpresa realmente grande para nuestra clase política.

Es decir, lo que propongo es igual a lo que proponen los otros, que es mandar un mensaje muy claro a la clase gobernante diciéndoles que se está muy descontento con ella. Pero hacerlo de una manera opuesta a lo que ellos proponen. Ellos quieren anular votos o incrementar abstencionismo.

Lo que le propongo a usted es más malévolo y maquiavélico. Es hacer lo opuesto de lo que esperan los partidos político. Eso sí que sería un mensaje sorprendente. Si esperan mucho abstencionismo, que tengan uno mucho menor. Buen susto se pegarán con números altos de participación.

Las sorpresas están basadas en lo que todos sabemos, la presencia de lo inesperado en un momento de distracción, como en las películas de miedo. Los partidos en México están ahora distraídos, poniendo atención en sus peleas entre sí. No saben de nada más, ni quieren saberlo. Y esperan que el abstencionismo sea el natural, que según debe andar alrededor del 60%.

Si usted y yo, más otros más, logramos que el abstencionismo sea menor a ese porcentaje, el susto que les daremos será espectacular y nos reiremos a carcajadas cuando les veamos las caras de apuro y preocupación.

Post Scriptum

Sergio Sarmiento (Grupo Reforma 10 junio 2009) hizo un cálculo curioso:

Si la participación se reduce ahora a un 30 por ciento de una lista nominal de 77.5 millones [de votantes]… se habrían emitido por radio y televisión 23.4 millones de spots para obtener 23.2 millones de votos…

Eso es lo que se espera, un alto abstencionismo y la real sorpresa, el gran susto, el verdadero mensaje a dar es el opuesto, el de una participación alta que significaría algo muy claro: mucha más gente de la esperada los está vigilando a ustedes gobernantes.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Démosles un Gran Susto”
  1. Cecilia Dijo:

    Sería muy divertido ver la cara de sorpresa de nuestros políticos al ver una gran afluencia de votantes, aunque sería más divertido ver la cara de terror de los electores al ver quienes son lo posibles futuros diputados y saber que no hay posibilidad de cambiarlos.





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