Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Relativismo es Conservador
Eduardo García Gaspar
23 abril 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Hasta donde se limita mi experiencia, he visto con consistencia un fenómeno que bien vale una segunda opinión. En los círculos de avanzada, progresistas, o como usted quiera llamarles, existe una forma de pensar que los hace mucho más conservadores que los conservadores mismos.

Es común que en esos círculos de avanzada se piense, como punto de partida, que todas las culturas son iguales. Es decir, que no haya culturas superiores. Todas son moralmente buenas y ninguna merece ser criticada. Ninguna. El mayor pecado para estas personas es el atreverse a emitir opiniones sobre las culturas.

Esto tiene consecuencias mucho más allá de su apariencia inicial. Por principio de cuentas, si todas las culturas son dignas de ser vista como iguales, sin diferencias entre ellas, ello sólo puede deberse a la imposibilidad de tener estándares de comparación. Lo que en cada cultura se cree y hace es bueno y cierto, es decir, no hay posibilidad de mejora o adelanto.

Cada cultura, por tanto, debe ser tomada como perfecta en sí misma y todas ellas son dignas del mayor respeto, tanto que ninguna admite crítica justificable. Pensar así es lo que hace que los progresistas sean los mayores conservadores: lo que no admite crítica debe conservarse como está, pues se encuentra ya en una situación óptima.

Es una paradoja fascinante que los de avanzada caigan en tamaña contradicción. La tolerancia cultural, el pluralismo, la multiculturalidad, la diversidad, todas estas ideas tienen la imagen de ser de avanzada y progresistas. Afirman que nada puede juzgarse, que todo debe ser aceptado, que todo es digno de respeto.

Pero ese es un principio absurdo. Si todas las culturas son dignas de respeto por el simple hecho de existir, se da una igualdad ética a la cultura que acostumbra la mutilación genital de la mujer, a la cultura que acepta la esclavitud, a la cultura en la que la esclavitud está prohibida y la mujer tiene derechos.

La afirmación que impide emitir juicios de superioridad cultural, por tanto, es una fuerza que sirve a la conservación de todas las culturas en el estado en el que se encuentren ahora. Si se acostumbra en alguna parte que las mujeres no puedan participar en política, eso debe mantenerse porque es bueno. Igual de bueno que una cultura en la que las mujeres sí puedan hacerlo.

Es una de esas ironías que tiene la vida que quien presume de ser moderno y de avanzada, sea en realidad un conservador acérrimo que defienda rasgos culturales que son dañinos, riesgosos y opresores. Pero esa es la conclusión obligada a la que se llega siendo un relativista cultural.

La cosa empeora por otra razón. Para el relativista, cada cultura y cada persona posee opiniones que son buenas y ciertas, imposibles de comparar: cada quien tiene su verdad y ella es inapelable. Independientemente de la pereza intelectual que eso fomenta, ello produce la imposibilidad de avance.

Si cada quien tienen su verdad y su definición incuestionable de lo que es bueno, no tiene ningún sentido hablar, discutir, ni intentar mejorar. La educación en sí misma dejaría de tener sentido. ¿Cómo enseñar a un alumno que la reducción del precio de un bien generalmente produce una mayor cantidad demandada, si alguien puede pensar lo opuesto y ambos tener la verdad?

No digo que no deban respetarse las libertades ajenas, pero hasta allí. Si se me pide cancelar mis juicios sobre lo que otros piensan y hacen, se afectaría la libertad personal. Después de todo, lo que usted piensa de mí es una propiedad suya, a la que usted tiene derecho y yo no puedo anular. Ese relativismo tan alabado, al final de cuentas, pide que usted deje de pensar y que las cosas se queden como están.

Y, la verdad, querer que las cosas se queden como están impide avanzar y superarse, una actitud curiosa entre quienes se dicen son de avanzada. Más aún, pedir que se deje de usar la razón, anularía la esencia humana que es racional.

Hay relativistas que son serios y argumentan en su favor, reconociendo que al final de cuentas están haciendo lo opuesto de lo que predican. Y hay relativistas perezosos, que son los que se niegan a argumentar diciendo que cada quien tiene su verdad, mostrando que son más tercos que relativistas.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras