Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Estómagos Revueltos
Eduardo García Gaspar
22 marzo 2010
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia fue impresionante. Reinhard Marx, obispo de Munich y Freising, pidió que se haga justicia a las víctimas de abusos en Alemania, cometidos por ministros católicos.

El día anterior (17 marzo 2010), hubo otra noticia. El cardenal Sean Brady pidió perdón por su falta de acción en casos de abuso sexual en Irlanda, también dentro de la Iglesia Católica.

Antes, en México, hubo una declaración: “Evaristo Sada el secretario general de los Legionarios de Cristo reiteró el perdón de la congregación a las víctimas de abuso sexual de su fundador Marcial Maciel”.

También, en fechas recientes se ha hablado de casos similares, por ejemplo en Brasil con tres sacerdotes y en Chile, con un caso igual.

Son noticias realmente atroces. Lo son por dos razones principales.

• Una es la de conductas impías en personas de las que se espera una conducta no sólo buena, sino ejemplar y que han cometido actos bajos que lastiman profundamente a menores. El contraste es espeluznante. Cualquier persona con mínimo sentido moral tiene el estómago revuelto al saber de esos hechos.

• La otra razón también ha sido mencionada en los medios y, también revuelve el estómago. Me refiero al ocultamiento de esas conductas, pero no sólo ocultamiento, sino en algunos casos dejar libres a los culpables. La reacción general de indignación está plenamente justificada.

Es una serie de sucesos que permiten mostrar algo que no es tan reconocido como esas dos razones: la coincidencia de mandatos entre los gobiernos y esa religión. Es obvio que ambos prohiben y castigan esas conductas. No es un caso de imposición de creencias católicas en el gobierno, sino simple conclusión natural de que las personas valen en sí mismas y no pueden ser abusadas por otros. En muchas ocasiones, la mayoría, las leyes humanas coinciden con los mandatos religiosos. El lógico que suceda y no se trata de imposición de uno sobre otro.

Cometer una falta como ésas es un pecado muy serio para la Iglesia y es también es un delito grave para los gobiernos. Los culpables deben ser tratados en el mundo terrenal por las leyes de los gobiernos. En el mundo celestial, ese juicio es de Dios e ignoramos el veredicto, pero en la tierra cometieron actos que tienen penas mundanas. Esto va también para el ocultamiento intencional y directo de culpa.

¿Duro y difícil? Sin duda y mucho. Pero la verdad impera sobre nosotros y es deber aceptarla. Es mejor eso que fabricar un mundo virtual acomodado a los deseos propios y que ignoran esa realidad de acciones indebidas.

¿Un golpe a los católicos? Por supuesto y muy directo. Los tradicionalmente opuestos a la religión aprovechan los hechos, pero eso es lo menos importante. Importa más el efecto en los fieles que se sentirán consternados, como muchos incluyéndome entre ellos. Sobre todo, si cometieron el error de elevar demasiado su admiración por los ministros religiosos, haciendo de ellos objetos de veneración.

¿Causa suficiente como para perder la fe? Definitivamente no. Un terrible recordatorio de la imperfección humana. Piense usted en esto: el primer papa negó tres veces conocer a Jesucristo. No hay peor ofensa que ésa para un cristiano, contra el primer mandamiento.

¿Por qué suceden esas cosas y otras más, tan aterradoras?

Es la pregunta que se ha hecho por siglos, la causa de la existencia del mal en el mundo. Hace años escuché a un rabino dar una respuesta impresionante: la libertad que Dios nos ha dado es una libertad para decidir hacer lo bueno por nuestra propia voluntad, pero hay veces que decidimos hacer lo malo, con acciones que son terribles. Lo mismo que se dice en el evangelio: la maldad nace de nuestro interior.

En un libro que leí decía que tenemos una capacidad innata para distinguir entre lo bueno y lo malo, eso que llamamos conciencia. Por mucho que la quieran negar, ella nos es natural a los humanos y se manifiesta en esos estómagos revueltos. Un relativista moral aprobará esas conductas porque según él cada uno tiene su moral. Sí, de acuerdo con el relativismo moral, esos sacerdotes no cometieron falta alguna y sus acciones son tan dignas de respeto como las opuestas.

Pero estos casos prueban que esa conciencia existe, que no es relativa, que por naturaleza tenemos esa capacidad para saber si una conducta es mala. Es lastimoso y cruel que tengan que suceder esas cosas para demostrarnos que sí existe en los humanos esa conciencia moral y que ella es condición necesaria para tener libertad.

La libertad sin conciencia de la verdad es un absurdo absoluto. Creer que un acto libre, por serlo, es ya legítimo, es tal vez el más grande engaño jamás concebido. Los estómagos revueltos por la indignación, prueban que tenemos una conciencia innata y que la verdadera libertad es aquella en la que por decisión propia hacemos lo que debe hacerse.

[Esta columna fue escrita el 18 de marzo y revisada el 19 de marzo]

Post Scriptum

El 20 de marzo 2010, la BBC reportó:

A través de una carta pastoral dirigida a los católicos irlandeses, que fue dada a conocer este sábado, el pontífice expuso su primera respuesta pública a los abusos… Benedicto XVI expresó que los sacerdotes implicados en los escándalos de pederastia deben “responder ante Dios y los tribunales por las accciones pecaminosas y criminales que han cometido”.

No he modificado mi posición sobre el tema, exprasada el año pasado en Un Mismo Error, con respecto a los ataques a una iglesia sustentados en la conducta de algunos de sus miembros:

Una de las cartas de san Pablo, en la que llama la atención a quienes escribe, dice que “Cuando uno dice ‘yo soy de Pablo’, ‘yo soy de Apolo’, ¿No proceden ustedes de un modo meramente humano?” Es comprensible, por ser humanos, admirar a ciertos personajes de la propia iglesia, pero ellos jamás son la base. Son simples humanos.

Quien basó su fe católica exclusivamente en Juan Pablo II, por ejemplo, erró su meta y el mismo Papa lo hubiera reprendido. Y quien ataca a esta iglesia por la conducta de algunos de sus ministros, también comete el mismo error. Y ése es mi punto: detectar y señalar la debilidad de “pruebas” que demuestran “culpabilidad total”, en este caso o en cualquier otro.


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