Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No Todo es Efectividad
Eduardo García Gaspar
4 febrero 2010
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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La historia es seductora. Todo comienza con una noticia del Washington Post (2 febrero 2009) que apunta que el gobierno federal de EEUU eliminó 170 millones de ciertos programas de educación sexual y apoyó otros con 114 millones.

La razón de quitar apoyos a unos y darlos a otros es lógica: confirmar resultados de diferentes programas y apoyar a los más efectivos. Una de las bases tradicionales de esa decisión de dar o no apoyo ha sido la creencia de que los programas basados en la abstinencia sexual no son tan efectivos como los que no la promueven y, por lo tanto, a ellos se les suelen retirar apoyos.

Pero, un estudio reciente de Archives of Pediatric & Adolescent Medicine prueba que los programas de educación sexual que promueven la abstinencia sí tienen resultados, no como antes se creía: sólo un tercio de los alumnos del sexto y séptimo grado que pasaron por ese programa iniciaron actividad sexual en los siguientes dos años.

Es decir, si se desea combatir el embarazo juvenil sin matrimonio y otros efectos negativos de la promiscuidad juvenil, los programas que sólo hablan de la abstinencia tienen resultados que antes se creía no tenían. Interesante hallazgo, pero hay mucho más que eso.

Lo primero que se verá es fácil de prever: la discusión entre progresistas y conservadores, atacando y defendiendo los detalles y la metodología del estudio. Normal. Mucho de esto dependerá de valores y creencias personales: los progresistas quieren más actividad sexual sin normas limitativas, que es lo opuesto a la opinión de los conservadores que sí creen en reglas morales claras.

Pero más en el fondo y mucho menos sencillo de ver puede encontrarse una falla terrible: la de colocar toda la base de la discusión en investigaciones de resultados de efectividad. Lo que se está haciendo así es muy reducido. En esencia se mide efectividad de programas de educación sexual que dan resultados de atraso de actividad sexual y de menores contagio de enfermedades y embarazos fuera del matrimonio.

Pero no se investigan otros efectos de mucho mayor plazo y en otras dimensiones personales, como fidelidad matrimonial, divorcios, efectos en hijos y muchos más. Es decir se están tomando decisiones sobre bases muy incompletas y eso se debe a la reducción de la moral a medidas de efectividad medible inmediata medible.

La moral no está sujeta a estudios ni a encuestas porque no es posible medirla en todas sus dimensiones.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión porque es un signo de nuestros tiempos: nuestra pasión por la eficiencia y los resultados, nuestro desprecio por lo bueno y debido. Si medimos los índices de calidad de un producto, creemos que también es posible medir los resultados inmediatos visibles de reglas morales. Y este es un gran error.

La moral, ese conjunto de reglas que nos indican lo que debemos y no debemos hacer, no tiene posibilidad de ser estudiado cuantitativamente en sus efectos, porque no todos sus efectos son medibles ni inmediatos.

Imagine usted que un estudio indica que una cierto programa de educación resulta con diez por ciento menos embarazos que otro: de todas maneras esos embarazos resultan en vida humana. Y la vida humana, una sola de ellas no puede ser tratada como un número en una estadística.

Los datos son interesantes por su contraste con la estrategia de educación sexual que se sigue en México. Un análisis de contenido de los libros de texto de segundo de secundaria indicó que el programa de educación que se sigue promueve la promiscuidad entre jóvenes de al menos unos doce años. Ni siquiera considera la posibilidad de exaltar la abstinencia.

No será sorpresa que en México crezca el número de embarazos juveniles y de enfermedades sexuales, que es lo que en verdad promueven. Pero de nuevo aquí puede verse el problema de fondo en nuestros días: el hacer de lado toda idea de reglas morales que las personas respeten para su mejor vida integral y natural.

Las discusiones, mucho me temo, se enfocarán a la discusión de las investigaciones de la efectividad de tales o cuales programas. Y ellas perderán de vista el corazón del problema, que es moral, y que persigue el mismo objetivo inmediato de evitar las malas consecuencias de una actividad sexual incontrolada.

La moral o ética no es un asunto de eficiencia de resultados, sino uno de congruencia entre la conducta humana y su propia naturaleza. La educación sexual más adecuada será la que promueva reglas de conducta que exalten esa congruencia que en sí misma es buena y deseable… y produce lo que se busca: menos embarazos fuera del matrimonio, menos contagios de padecimientos sexuales y, lo mejor, personas con dominio de sus pasiones e instintos.

Post Scriptum

Existe una situación por demás llamativa en las políticas gubernamentales mexicanas y que puede verse con facilidad:

• Por un lado, las autoridades reconocen y desean combatir problemas crecientes, como el aumento de los embarazos no deseados y la trasmisión de enfermedades sexuales. Estos problemas afectan a los jóvenes y su futuro, crean familias disfuncionales y signiifican gastos médicos adicionales.

• Por el otro lado, las autoridades promueven y desean entre los jóvenes una mayor actividad sexual desde edades tempranas, como se puede ver en los libros de texto del país.

Es decir, el gobierno mexicano, como seguramente muchos otros, aplica políticas contradictorias que complican el trabajo del gobernantes. Un caso más de miopía estatal.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “No Todo es Efectividad”
  1. Rubén Rodríguez Dijo:

    Sin duda el problema de fondo es la falta de valores en la sociedad – o más bien el cambio de valores en la sociedad que privilegia el hedonismo sobre la fidelidad. NOTA DEL EDITOR: sí y no, el problema señalado es el de la pasión por la eficiencia como medición de progreso sin considerar el aspecto de felicidad interna natural… pero en el fondo, sí es una falta de integrar valores.





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