Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Como un Comic Legal
Eduardo García Gaspar
8 febrero 2011
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Al final de cuentas, el tema es uno de modernización. O mejor aún, uno de actualización. Similar a las ocasiones en las que uno actualiza alguna aplicación o algún sistema de cómputo.

Las cosas cambian y uno se pone al día. Nada fuera de lo normal.

Un tema concreto de la modernización es el del cambio en algunas leyes. Leyes que fueron emitidas bajo ciertas condiciones y dando por supuestas algunas ideas, merecen al menos revisarse y, muy posiblemente, hacerles eso que hacemos con los sistemas tecnológicos.

Más específico aún es el asunto de la ley laboral de muchos países, construida en tiempos pasados y bajo otros supuestos. Cuestionarlas es, de menos, un ejercicio útil.

En México, como en otras partes, es un tema que va y viene, sin que haya mucha acción: la modernización afecta intereses y los afectados no quieren la actualización.

En lo que sigue, quiero compartir algo con usted. Algo que creo que bien vale una segunda opinión, una de las ideas que sirvieron de base a muchas leyes laborales.

De manera explícita o no, las leyes laborales presupusieron que el empleador debía realizar obras de caridad.

Comienzo por el principio. Un empleador y un empleado tienen una relación económica a la que han llegado por acuerdo mutuo. Los dos piensan que el trato acordado será de beneficio para ambos.

No está mal, nada mal. Los dos ganan. De lo contrario no hubieran llegado al acuerdo de contratación.

El empleado, por decisión propia, ha optado por no abrir un negocio él mismo. Prefiere tener un empleo en un negocio de otro. El empleador, por su lado, ha tomado la decisión opuesta y prefiere un negocio propio que trabajar en el de otro.

Es una maravilla, los dos intereses diferentes se complementan en beneficio mutuo.

Hasta aquí, el esquema es analítico y tiene mucho sentido, pero entra una idea que todo lo oscurece. Me refiero al clisé que presupone, sin demostración, una definición de empleador y de empleado.

Define al empleador como un egoísta, rico, exitoso, poderoso, que todo lo que persigue es satisfacer su codicia extrema y tiene recursos de sobra.

La imagen se ha vuelto un clisé, una caricatura, la de un tipo gordo, vestido con sombrero de copa y un puro en la boca.

Al empleado lo define de lado contrario. Débil, flaco, miserable, impotente, sin dinero, muerto de hambre. Un sacrificado, buena persona, que es una víctima irremediable del otro. Usted ha visto esas caricaturas del empleado, vestido con ropa rasgada, sucio y despeinado.

Si de manera implícita se presupone cierta esa caricatura, es lógico que la ley laboral tenga un contenido tal que trata con diferencia a uno que a otro. Sobre el villano caen las obligaciones y el supuesto de culpa ante cualquier desavenencia. A la víctima se asignan los derechos y la suposición de inocencia en todo conflicto.

La caricatura dual es una idea sobre la que se basaron esas leyes y es algo de eso que debe actualizarse.

No corresponde a la realidad. Es una simplificación absurda. Por supuesto que hay empleadores cercanos a esa caricatura, pero no son todos iguales. Igual que no son todos los empleados inocentes y virginales víctimas (vea a los sindicatos si no me cree).

Si todo lo anterior es razonable, entonces queda por poner en duda esa idea, la de que el empleador debe adicionar actos de caridad con el empleado adicionales a los de su contratación. El empleador, en realidad, con esa contratación ya ha ayudado al empleado.

¿Debe hacer más? Si ya lo está ayudando en una relación de mutuo beneficio, la verdad, no veo razón para que por ley el empleador tenga más cargas basadas en una idea de caricatura. Cargas como la de no poder contratar por jornadas cortas, o tener altos costos por despido, incluso justificado.

Un caso es ilustrativo: si el empleado puede abandonar su empleo de un día para otro sin recibir por ello pena alguna, no se ve razón por la que el empleador que quiera despedir a un empleado sí reciba castigo.

Es una asimetría que viola igualdad de derechos. La única posibilidad de justificarla es pensar que es merecido el castigo al empleador.

Son estas caricaturas irreales las que deben ser revisadas y descartadas al no ser reales. Leyes que están basadas en caricatura, son leyes ridículas, como parodias legales que merecen revisión.

Post Scriptum

Sobre el tema general, hay más ideas en ContraPeso.info: Reformas Estructurales y en 11 Reformas Estructurales se hizo una lista de ellas, las principales.

La reacción superficial ante ideas como la de esta columna es la de una indignación que, por supuesto, está sostenida por esa misma caricatura colectiva de dos grupos, el villano y su víctima. Mi punto es que una ley buena no puede ser soportada en caricaturas colectivas, sino en tratos iguales a personas individuales, una por una.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras