Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Factor Moral
Leonardo Girondella Mora
30 agosto 2013
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La idea del ser humano como una calculadora racional y fría que así toma decisiones tiene un origen sencillo —presupone que la persona tiene una motivación única, la de su propio interés.

En esta idea, que es también la del homo economicus, hay dos elementos que deben verse más de cerca, con más cuidado: la definición de “interés propio” y la de “decisiones racionales” —que es lo que exploro en lo que sigue.

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Primero, lo del “interés propio”, que suele connotar la idea de beneficio personal, de maximizar la satisfacción individual y otras ideas que suelen verse con recelo.

Dejadas a la imaginación, esas expresiones con cierta justificación evocan otras nociones más extremas: egoísmo, codicia, avaricia, materialismo y similares.

¿Es interés propio equivalente a codicia? No necesariamente. Es de interés propio para un ladrón encontrar a una víctima en un callejón oscuro —pero también es de interés propio para un padre de familia enviar a sus hijos a la escuela.

Mi punto es obvio: todo depende de cómo defina la persona su interés personal y que existen muchas personas que lo definen de manera que en ellas consideran el bienestar de los demás y también aspiraciones admirables para ellos y otros.

Por supuesto, existen personas que definen su interés personal de tal manera que les lleva a lastimar a otros, como los tratantes de blancas. Es decir, “interés personal” es una expresión sin connotación exclusiva, negativa o positiva. Es la persona la que la volverá reprobable o admirable.

La conclusión es lógica, no concluir que buscar el “interés personal” es igual a ser un codicioso que está dispuesto a lastimar a todos con tal de lograr su beneficio.

Segundo, lo de “decisiones racionales”, que acarrea la idea de un proceso frío, calculador, perfectamente informado, que sigue una fórmula matemática cuyo resultado es la comparación de beneficios de alternativas y lleva a la selección de la que maximiza beneficio en relación a costo.

La experiencia diaria niega ese proceso, pues no se cuenta con toda la información, intervienen emociones, se desconocen alternativas y el valor personal es subjetivo. Si se siquiera ese proceso, no habría decisiones equivocadas y, las hay por montones.

La razón de esto es la imperfección humana en un ambiente de libertades —más, por supuesto, la variabilidad con la que se define al “interés propio”.

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Lo anterior arroja luz sobre las simplificaciones irreales que suelen señalarse —siendo la más clara de ellas la que apunta que dentro de un sistema de libertad económica todos actuarán lastimando al resto y sin considerar el daño que les causen.

La posibilidad de que existan personas que realicen acciones que persigan su beneficio personal y lo hagan lastimando a otros es real, con independencia del régimen en el que se viva —porque la definición de interés personal y las decisiones que se tomen para lograrlo son variables personales, internas del individuo.

Lo anterior ilustra lo deseable que resulta la existencia de un código moral que ayuda a la persona a definir su interés propio de manera que considere a los demás —que al menos no signifique dañarlos e idealmente incluya ayudarlos.

Finalmente, es una opinión relativamente frecuente poner al capitalismo salvaje frente al socialismo humanista —como en la siguiente cita.

“Socialismo comunitario boliviano, ¿cómo? El socialismo es la salvación o vida por siempre de la Humanidad. El Socialismo es la ciencia del ejemplo, decía Ernesto “Che” Guevara de la Serna. El capitalismo salvaje, en cambio, es muerte, destrucción material de la vida de nuestra Planeta, y de matanzas de seres humanos como actualmente en Irak, Afganistán, Pakistán y Colombia. Luchar por el socialismo es luchar por la vida, por el bienestar y felicidad de los seres humanos en América Latina y en toda la Madre Tierra”.

El error es obvio, pues lo mismo puede existir un capitalismo salvaje que un socialismo salvaje porque la variable no es el sistema político económico que se implante —sino la existencia de un código moral que rija la definición del interés personal de cada persona.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Capitalismo. Y especialmente en ContraPeso.info: Vacío Moral. En El Inexistente Salvajismo hay una rica idea de M.N. Rothbard que aclara las cosas.

La tesis de Giirondella en esta columna me parece expresada memorablemente en eso de que tan puede existir un capitalismo salvaje comotambién un socialismo salvaje. Es cierto porque el salvajismo de un sistema no depende del sistema mismo, sino del código moral que prevalezca en esa sociedad.

Es decir, lo “salvaje” está en el vacío moral que la sociedad padezca.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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