Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Certeza de Culpabilidad
Eduardo García Gaspar
9 mayo 2014
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es el problema del estándar perfecto. De la decisión absolutamente cierta. androjo

Una dificultad producida al querer deshacerse de toda incertidumbre. Es imposible.

Una persona lo demostró cuando dijo que “ninguna persona debe ser sentenciada a prisión cuando no se tiene la certeza total de su culpabilidad”.

No es la única persona que ha dicho eso de asegurar hasta la total certidumbre la verdad de una acusación, como requisito para emitir una sentencia de castigo.

El principio es fácil de entender: nadie debe ser condenado a una pena legal a menos que se tenga la certeza de que es culpable.

Claro que ese principio tendría una consecuencia, la de que impediría penalizar a todos o casi todos. Produciría un resultado benéfico, los inocentes no recibirían castigos que no merecen y eso es bueno; pero por el otro, todos o casi todos los culpables saldrían libres y eso es malo.

Esto es lo fascinante, algo que bien vale una segunda opinión.

La conclusión es la natural: no podemos aspirar a la perfección en nuestro mundo y si tratamos de alcanzarla crearemos problemas peores.

En este caso, esto puede verse claramente: querer lograr la perfección de no castigar a inocentes lleva a la consecuencia de tampoco castigar a culpables. Y si los delincuentes consideran esa situación, ella se convierte en un estímulo al crimen (reduciendo la probabilidad de ser castigado).

La idea ha sido resumida en la frase de que “es mejor que 10 culpables salgan libres a que un inocente sea condenado”. Es un buen resumen de cómo llegar a un extremo que supone un nivel de perfección, el de jamás condenar inocentes; pero ignora la imperfección inevitable, la de jamás condenar a culpables.

Lo que pretendo ilustrar es un punto que suele inquietar, en algunos casos frustrar, a demasiados. Tienen ellos un buen punto de partida, el de evitar castigar a inocentes y eso es admirable. Por supuesto que todo sistema de justicia debe tener eso en cuenta.

La inquietud se presenta cuando se reconoce que tener la certeza total de culpabilidad es un estándar tan alto que llevaría a caer en una situación indeseable: tampoco los culpables serían condenados, al menos muchos de ellos.

Cuando se reduce la probabilidad de castigo al criminal, ello funciona como un incentivo para el crimen: el criminal capturado sabe que siempre podrá hacer surgir alguna duda sobre su culpabilidad y salir sin castigo. El inocente, por supuesto, se sentirá muy seguro de no ser condenado bajo ese estándar.

Y esto nos lleva a lo que produce inquietud y frustración en muchos: debe admitirse que algunos inocentes serán castigados si es que se quiere tener un sistema judicial que funcione correctamente como un incentivo negativo al crimen.

La mejor decisión posible es la de tener mecanismos que minimicen notablemente la posibilidad de castigar a inocentes, pero sabiendo que no es algo que produzca total certeza. Ese mecanismo no es perfecto y por él se filtrarán castigos indebidos, lo que es muy indeseable, pero inevitable.

Esto es lo que cause furor e ira en muchos. Gritan que eso es inadmisible e injusto. Lo que producen es algo improductivo cuando no reconoce la realidad de la imperfección de nuestras vidas. Es lo que les lleva a producir clisés como el de los diez culpables libres y no un inocente condenado.

Esto nos lleva a una de las posibles maneras en las que es posible diferenciar entre conservadores y progresistas.

El progresista es el que tiende a moverse a lo ideal, a la perfección. El que se conmueve ante la posibilidad de condenar a un inocente hasta el extremo de preferir liberar a diez culpables.

Los conservadores suelen ser más realistas y aceptan la imperfección de nuestra existencia. No es que no se conmuevan con el castigo injusto de un inocente, sino que al mismo tiempo aceptan que es imposible cancelar totalmente esa posibilidad.

Un abogado-economista, David Friedman escribió que,

“Las reglas legales deben ser juzgadas por la estructura de incentivos y las consecuencias en la gente, alterando su conducta, como respuesta a esos incentivos”.

Es cierto y en este caso será razonable suponer que un estándar de certeza total de culpabilidad en el sistema judicial creará incentivos que estimulen el crimen al elevar por encima de lo razonable la probabilidad de no ser castigado .

En el fondo de este asunto y otros muchos está el choque entre dos grandes visiones del mundo. La de quien piensa que la perfección es posible y la de quien piensa que la perfección no es posible. Es al final de cuentas una confrontación entre el idealismo y el realismo.

Post Scriptum

Véase 10 Culpables 1 Inocente

La cita usada está en Friedman, D. D. (2000). Law’s order : what economics has to do with law and why it matters. Princeton, N.J: Princeton University Press.

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