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Francisco y la Pobreza Cristiana
Selección de ContraPeso.info
2 febrero 2015
Sección: RELIGION, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Oskari Juurikkala. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es Francis and the Idea of Christian Poverty.

Proporcionar una síntesis del pensamiento de Francisco sobre la economía es difícil y fácil. Es difícil, porque nunca ha ofrecido reflexiones extensas y sistemáticas sobre estas cuestiones; sus declaraciones se encuentran aquí y allá, inseparables de un mensaje moral y espiritual más amplio.

Al mismo tiempo, él ha dicho bastantes cosas acerca de las cuestiones económicas y está muy interesado en los valores y los resultados económicos. Por supuesto, él los ve no como cuestiones técnicas aisladas, sino como algo que también tiene que ver con un pastor cristiano de almas. Eso es lo que hace que mi tarea sea relativamente fácil.

El pensamiento de Francisco sólo puede entenderse en el contexto de sus principios morales y espirituales. Estos, a su vez, son inseparables de su personalidad sencilla y directa.

Dejaré a otros a estudiar textos específicos en detalle; simplemente voy a resumir el mensaje del Papa en torno al concepto de la pobreza cristiana. Quizás podríamos casi decir que Francisco es un profeta de la pobreza cristiana, y su nombre papal no es casualidad en este sentido.

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Lo que quiero decir con esto es doble, en la medida en la que la comprensión cristiana de la pobreza implica necesariamente dos dimensiones diferentes.

En primer lugar, está la actitud hacia los pobres. También podríamos llamarla la dimensión social y caritativa, que pone de manifiesto la vocación de ejercer no sólo la justicia, sino también la caridad eficaz hacia los necesitados. Esto ha sido siempre una dimensión fundamental de la ética cristiana y nos encontramos con su insistencia en la Evangelii Gaudium.

En cuanto a los principios valorados por los economistas liberales, el documento papal también reconoce el valor de la propiedad privada y de la “noble vocación” de la iniciativa empresarial, siempre y cuando se vean en un marco más amplio e inspirados en valores éticos.

Evangelii Gaudium rechaza repetidamente la idea de una “autonomía absoluta” del mercado no regida por las leyes y la moral. Es fundamental, no sólo para los que utilizan los mercados con fines egoístas, sino también para aquellos economistas que tienden a mirar a la pobreza como un problema secundario que debe resolverse de forma casi automática como un subproducto del crecimiento económico.

En un pasaje muy citado, se lamenta: “¿Cómo puede ser que no sea noticia cuando muera un indigente que no tiene donde vivir, pero lo sea cuando el mercado de valores pierde dos puntos?”

Lo que preocupa al Papa no es el mercado de valores en sí, pero la tendencia a dirigir nuestra atención a ella de una manera que la convierte en un nuevo ídolo, mostrando indiferencia práctica ante la difícil situación de tantas personas.

Hay, sin embargo, otra dimensión en el mensaje de Francisco, que sostendré como fundamental para la comprensión de su pensamiento en su conjunto. Cuando se ignora, la dimensión social no puede entenderse plenamente. Esta segunda dimensión es la dimensión más interior y espiritual, a saber, la pobreza como una virtud cristiana.

Encontramos este ideal hacia el principio de la Evangelii Gaudium. En un pasaje importante que lamenta el problema del consumismo, el Papa lleva la cuestión a un nivel más profundo y sostiene que “el gran peligro” de nuestro tiempo “una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”.

Esto no es sólo un asunto privado, porque tiene profundas consecuencias en nuestra vida social y religiosa: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”.

Este mensaje está, creo, en el corazón del pensamiento y la mentalidad de Francisco en lo que concierne al ámbito económico. Lo encontramos repetidamente en su predicación personal como las homilías en las misas de la mañana, que de hecho rara vez se centran en el aspecto social de la pobreza.

En sus homilías, insiste, por ejemplo, en el desprendimiento de los bienes temporales y en la batalla contra lo mundano; en la relación entre la pobreza espiritual y la alabanza a Dios; y en la búsqueda del verdadero tesoro.

Encontramos la misma idea en las afirmaciones que rodean el tema de la reforma de la Curia romana: el Papa no está tan interesado en las reformas institucionales como lo está en la fidelidad de los servidores de la Iglesia al espíritu del Evangelio, que incluye desprendimiento material y pobreza de la espíritu.

Las dos dimensiones están íntimamente conectadas, por supuesto. La dimensión social de la justicia y la caridad para con los pobres sólo puede ser eficaz cuando hay un compromiso interior de tratar a los bienes temporales como regalos que finalmente vienen de Dios y que pertenecen a él.

Según Francisco, por otra parte, la relación también va en la otra dirección. Hay verdadera caridad sólo cuando es acompañada de actos que establecen una conexión personal con la persona en necesidad: “Dime, cuando das limosna ¿miras a los ojos del hombre o la mujer a la que tú das limosna?… Y cuando das limosna, ¿tocas la mano de aquel a quien tú das limosna, o le lanzas la moneda?”

El Papa se ha desvinculado explícitamente de lo que él llama pauperismo. Por otra parte, independientemente de los métodos específicos de ayuda a los pobres, para Francisco, el tema principal no es la filantropía institucional, sino el llamado divino a salir de uno mismo.

No es tanto una cuestión de dar bienes materiales a los pobres, como de darse uno. Esto es lo que ayuda a restaurar la dignidad de los pobres: no solo cosas, sino el toque personal y el contacto que les reconoce como personas verdaderamente humanas.Nota

Nota del Editor

Oskari Juurikkala es el ganador del Premio Novak 2014. Estas notas fueron extraídas de su Conferencia Calihan del 4 de diciembre en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz titulada, “Pobreza Virtuosa, Libertad Cristiana: Una apreciación de libre mercado de Francisco”. El texto completo estará disponible en un próximo número de Acton’s Journal of Markets & Morality.

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