Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Opción Capitalista
Eduardo García Gaspar
21 julio 2015
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El asunto es vital. Se trata de ayudar o estorbar.

Piense usted en una decisión, la que tomaría usted. Seleccionar entre dos estrategias generales para aplicar a un país.

Una de ellas produce resultados muy superiores a la otra. Hay evidencia de eso. Resultaría absurdo implantar la estrategia que da resultados menores.

Tomo unos datos (Snowdon, Christopher. Selfishness, Greed and Capitalism. Institute of Economic Affairs, 2015).

«[…] hubo un aumento menor a tres veces en ingreso per cápita en Occidente entre los años 1000 y 1820. Entre 1820 y 2006, sin embargo, cuando “los países adquirieron la mayor parte de los atributos institucionales e intelectuales del estado capitalista moderno”, hubo un aumento de 21 veces en el crecimiento de los ingresos per cápita» pág. 88.

Ningún otro sistema económico ha logrado siquiera la mitad de eso. No es algo que pueda hacerse de lado por un capricho intelectual. Luego, el mismo autor hace una cita de otro, (Norberg, J. In Defense of Global Capitalism. Cato Institute, 2003)

« [entre 1965 y 2000] la quinta parte más rica de la población mundial aumentó su ingreso promedio en 75%. Para la quinta parte más pobre de la población mundial, el aumento ha sido aún más veloz, con ingresos promedio más que duplicándose durante el mismo período» pág. 88.

Eso hace al menos dudosa otra creencia, la de suponer que los países desarrollados debían su crecimiento al empobrecimiento de los demás países. La evidencia no apoya esa idea, al contrario.

Snowdon, el autor citado al inicio, hace una meditación personal:

«La riqueza del ciudadano promedio del mundo ha aumentado en más —mucho más— desde que yo nací en 1976 de lo que creció en el período entero de la historia entre la guerra de Troya y la coronación de Isabel II [en el reino Unido]” pág. 89.

Hay evidencias, igualmente, de reducción espectacular de pobreza. Muy bien, estas y otras más son pruebas de que un tipo general de sistema económico es muy superior a cualquier otro que conozcamos.

No es ningún secreto. La libertad económica, acompañada de un sólido estado de derecho, produce resultados superiores a los del resto de los sistemas económicos entre los que podemos seleccionar.

¿Por qué sucede que con frecuencia algunas persona, la mayoría de los gobernantes y muchos intelectuales optan por otro sistema y no el mejor?

Un amigo me ha dado una explicación pesimista: «la mayor parte de las personas tienen una inclinación poderosa hacia el error, como una especie de amor desesperado por las acciones irracionales y los actos irracionales y las causas perdidas».

Tiene su punto. Eso habla de una especie de inercia mental hacia lo equivocado. Una especie de fatalismo inexplicable que se encuentra en casos concretos, como en Argentina y México. ¿Cómo es que sabiendo cosas como las anteriores sean elegidos gobiernos que hacen lo opuesto?

¿Qué hay en la mente de, por ejemplo, Evo Morales o Daniel Ortega que les lleva a implantar la estrategia errónea? Peor aún, ¿qué hay en la mente de los ciudadanos que votaron por ellos?

El caso de Grecia es realmente ilustrativo, y no se queda atrás el de Francia.

Una pieza de información adicional abre la puerta a la comprensión del tamaño de la equivocación:

«De enorme interés fue un estudio publicado el pasado año, “Socialism Kills. The Human Cost of Delayed Economic Reform in India”, del economista indio Swaminathan S. Anklesaria Aiyar, en el cual ofrece una estimación de cuántos niños hubieran sobrevivido y cuántas personas habrían abandonado la pobreza si el Gobierno de ese país hubiera liberalizado su economía en 1971, en lugar de 1981, abandonando un modelo casi soviético de economía planificada, basado, entre otras cosas, en la autarquía, renunciando al comercio internacional. Según sus estimaciones, 14,5 millones de niños habrían sobrevivido, 261 millones de indios más estarían alfabetizados y habría 109 millones de pobres menos»

Esto es el meollo del asunto: no solo es un caso de tomar una decisión equivocada al seleccionar la estrategia que no da resultados buenos, sino que esa equivocación tiene efectos en las personas, en millones de ellas.

La decisión de seguir una opción capitalista o una socialista, por tanto, tiene en sí misma una carga moral muy fuerte, la del daño o beneficio que esa decisión tiene en millones de vidas. ¿Quiere usted en verdad ayudar a remediar pobreza? La decisión es obvia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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