Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Refranes y Simplismo
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2016
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


¿Qué es un refrán? Una forma de filosofar, de expresar sabiduría.

Dichos «sentenciosos» en su acepción ortodoxa, como «el que mucho abarca poco aprieta».

Suelen contener una sugerencia, un principio, algo que ilustra una lección, algo provechoso, como «en boca cerrada no entran moscas». Aunque también expresan alguna observación perspicaz, como «las penas con pan son menos».

Tienen un sabor a sabiduría y a experiencia, dentro de una frase memorable que le permite ser recordado, incluso una metáfora como «candil de la calle, oscuridad de su casa».

Sancho, el de El Quijote, es sabio en ese sentido refranero. Imagínelo diciendo «más vale un “toma” que dos “te daré”»; «quien te cubre, te descubre»; «más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena».

Llegamos así a la posibilidad de una definición, un trabajo del que me abstengo citando esta:

«Frase breve y de uso común, que dispensa una enseñanza de orden práctico, material o moral, expresada en forma metafórica o a veces directa, y provista de elementos poéticos (ritmo, rima, asonancia)».

A lo que añade un elemento aclaratorio muy útil:

«Del proverbio y del adagio, diré que no se distinguen en nada del refrán. En cuanto a las sentencias y máximas, que considero expresiones sinónimas (como también el aforismo), me parece que se diferencian del refrán por su carácter más culto o erudito».

Hay en estas expresiones un deseo de brevedad sabia, de concisión docta y laconismo erudito, que por su forma pierden formalidad. Se vuelve accesible a todos, como «ten tu arca bien cerrada y la llave bien guardada», o «abierto el cajón, invitado está el ladrón».

Vayamos ahora a una modalidad moderna del refrán y que es también una respuesta a nuestra necesidad de brevedad informal. No son refranes propiamente, pero sí son expresiones cortas, de uso común y que, se piensa, contienen algo valioso.

En inglés, la expresión «sound bite» muestra a una frase pequeña, corta, parte de algo dicho por alguien célebre, en algún medio, y que es llamativa por alguna razón. Puede ser inteligente, tonta, atrevida, lo que usted quiera.

De nuevo, estamos frente al elemento clave, la brevedad extrema.

Y esa necesidad de brevedad extrema nos lleva a otro terreno adjunto, un despeñadero en realidad, el del simplismo. La conocemos como clisé o cliché y es:

«[…] aquella frase, expresión, idea o acción que ha sido empleada con exceso, hasta punto tal de perder fuerza y originalidad, en especial, si en un comienzo apareció como algo novedoso e innovador en su categoría».

Los hay de muchos tipos y categorías, especialmente en política, como cuando un candidato asegura tener «vocación de servicio social y comprensión de los problemas populares».

Pero también los hay que sirven para ganar discusiones, como «la historia la escribe el vencedor». En mi experiencia que no pretendo sea posible proyectar al mundo, la educación que creo que se imparte está llena de clisés ideológicos progresistas.

Tome usted, por ejemplo, «la diversidad da fuerza a la sociedad», algo simple, repetido y sin mucho cimiento. O bien, uno de mis favoritos, «la violencia engendra más violencia», lo que llamaría a aconsejar hacer desaparecer a los cuerpos de policía de todas partes.

Me refiero a clisés como «la desigualdad es la causa de los problemas sociales», una afirmación como pocas de atrevida y simplista.

Son clisés, frases hechas, repetidas, que son breves y al cabo del tiempo dejan de tener significado. Se vuelven a fuerza de repetición algo incuestionable, o bien algo irrelevante.

Piense usted en el refrán que quiera, por ejemplo, «cuando la perra es brava hasta a los de casa muerde». No importa el número de veces que lo escuche, nunca perderá vigencia porque hay contenido en lo que dice.

Compare ahora con el clisé aprendido por los jóvenes, «tengo derecho a (anote usted aquí lo que quiera)».

La necesidad de brevedad, satisfecha por los refranes, mucho me temo está siendo satisfecha por frases hechas.

El problema es obvio: se pierde el rico contenido del refrán y el talento para encontrar coincidencia entre ese contenido y la situación en la que se aplica. El clisé actual, mucho me temo, no tiene contenido, o tiene tan poco que es preferible ignorarlo.

Post Scriptum

Hay una aceptable colección de ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Clisés.

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