Mérito y desigualdad

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Existe desigualdad. Es necesario redistribuir la riqueza. La desigualdad es intolerable. Debe haber justicia distributiva.

Reclamos como esos son comunes y merecen una segunda opinión, pero con una condición: verlos desde ese punto de vista que tanto se olvida, el del mérito. Esa pequeña gran idea del merecimiento.

Es de simple sentido común que las cosas de la vida no están distribuidas proporcionalmente igual entre todos. Una población de 100 personas que sufre 100 gripas al año no tiene a cada miembro sufriendo exactamente una gripa y nada más una al año.

El coeficiente de inteligencia no es el mismo para todos; ni la salud, ni la altura, ni el lugar y fecha de nacimiento, ni las actitudes, opiniones y gustos. Tampoco las habilidades, las capacidades y las inclinaciones. No somos copias unos de otros.

Esas realidades innegables aumentan las diferencias. Hacen que exista desigualdad de propiedad, de riqueza, de ingreso entre las personas. ¿Son indebidas e inmorales esas diferencias de riqueza? No necesariamente.

Caso sin merecimiento: una o mas personas usan sus talentos, habilidades y fuerza para robar, asaltar, vender drogas, logrando así una cuantiosa fortuna.

Muy pocos serían los que argumentaran que la desigualdad entre esos grandes criminales y el resto de la gente sea algo justificado y merecido, algo digno de aprobación.

• Caso con merecimiento: el de la persona que trabaja, se esfuerza, ahorra y logra una fortuna personal significativamente mayor a la de otra persona que ha hecho lo opuesto.

Muy pocos serían los que argumentaran que la desigualdad entre esos dos es injusta e indebida. Al contrario, será vista como una desigualdad merecida.

Hasta aquí, el asunto es simple: la desigualdad puede ser merecida o inmerecida. Si es merecida, entonces sería injusto que se confiscara esa riqueza para ser distribuida entre quienes no exhibieron esos méritos. 

Pero la simpleza comienza a desaparecer cuando se toman en cuenta las afectaciones entre personas. Es cuando sucede, por ejemplo, que el padre que abandona a la esposa embarazada, deja al hijo en condiciones de desventaja en relación a la familia en la que el padre permanece en familia.

La gente cercana a nosotros no afecta para bien y para mal, en una cadena muy complicada de efectos y causas que producen situaciones con mérito, sin mérito, justas, injustas, egoístas, compasivas que crean una situación total imperfecta. Habrá desigualdades merecidas, inmerecidas, dudosas, indirectas, directas, justas, injustas.

Esa tan compleja situación de desigualdades de todos tipos no admite ser ser considerada con simpleza juzgándola injusta e implantando políticas redistributivas genéricas. Un gobierno que haga eso castigaría al mérito y otorgaría lo inmerecido. Una herramienta demasiado ruda y tosca para ser efectiva.

Y una cosa más…

La idea clave que facilitará toda discusión acerca de la desigualdad es la aceptación de que la sociedad no puede llegar a ser perfecta e ideal. Las utopías no son un elemento que justifique medida alguna.

Es mi impresión que en el origen de los más terribles y sangrientos regímenes es esa suposición de que es posible tener una sociedad perfecta.

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