Igualdad o libertad, pero no las dos. No pueden tener la misma prioridad. Una de ellas debe estar en primer lugar. Y, cada la naturaleza humana, ella debe ser la libertad.

Libertad o igualdad, escoja una

Pareciera suceder que al considerar a la libertad y a la igualdad, se pensase que ambas son grandes valores dignos de todo respeto.

Y que, para evitar discusiones, las dos deben ser tratadas como iguales. Es decir, colocadas en el mismo nivel y con la misma deferencia. No es posible hacerlo.

Una de las dos —libertad o igualdad— debe recibir una mayor prioridad. Sí, Igualdad o libertad, pero no las dos al mismo nivel. La decisión que se tome, debe ser una meditada razonablemente.

No puede darse igual valor a las dos, una de ellas debe prevalecer sobre la otra. Eso no significa que la otra deba desaparecer, simplemente ser un valor importante pero secundario al otro.

Si la igualdad es la prioridad mayor

En la decisión igualdad o libertad pero no las dos, se ha optado por la igualdad.

Si se intenta colocar a la igualdad al mismo nivel que la libertad de inmediato surgirán conflictos originados por la consecuencia que tiene la libertad unida a la diversidad humana.

Diferentes habilidades, personalidades, aptitudes y talentos, producirán resultados desiguales en la persona y sus propiedades. La libertad ocasiona desigualdad.

Para lograr igualdad de los resultados que la libertad ocasiona, sería indispensable limitar la libertad con medidas distributivas que quitaran a unos para dar a otros. Y con medidas prohibitivas que impidieran usar talentos y habilidades.

Todo lo anterior sucede cuando la igualdad ha sido definida como la similitud de resultados producidos por la libertad —es decir, tener ingresos similares, o patrimonios parecidos, o propiedades comparables.

Si la libertad es la prioridad mayor

En la decisión igualdad o libertad pero no las dos, se ha optado por la libertad.

Esto sucede cuando la igualdad es definida de manera distinta. Deja de significar igualdad de resultados y quiere decir, igualdad de libertades. Todos son igualmente libres, tienen los mismos derechos y desde luego, las mismas obligaciones.

La visión es ahora más clara. La libertad produce consecuencias en las personas y esas consecuencias no son iguales, por lo que debe reconocerse que la libertad ocasiona desigualdad.

Libertad produce desigualdad

La afirmación tiene una connotación que para muchos puede ser triste y que causará indignación. Esta reacción debe ser afinada al reconocer que la libertad ocasiona desigualdad de resultados, pero que ello no es necesariamente malo.

No lo es, primero, porque en la decisión igualdad o libertad pero no las dos, se ha optado por la libertad. Y se igualdad se ha llevado a significar libertad igual para todos. Todos son igualmente libres, lo que es una igualdad de derechos.

Segundo, porque la desigualdad de las consecuencias de la libertad igual para todos no significa que las personas sean dañadas. En realidad, la desigualdad es el requisito obligado de la colaboración humana.

Lo que estoy afirmando va en contra de la opinión de algunos, que piensan que la libertad ocasiona desigualdad definida como pobreza y que por eso, debe limitarse a la libertad e igualarse sus consecuencias.

Digo lo opuesto: la libertad igual para todos no ocasiona pobreza, pero sí desigualdad de resultados —que no son lo mismo.

En resumen

Propongo las siguientes ideas centrales sobre el tema de la decisión igualdad o libertad pero no las dos.

1. La libertad y la igualdad no pueden ser colocadas al mismo nivel y con la misma importancia —una de ellas debe ser superior a la otra.

2. Lo anterior es cierto cuando la igualdad es definida como la similitud de los resultados obtenidos por las acciones libres de las personas. Las personas son distintas y esas diferencias causarán diferencias en resultados.

3. Sí es posible hacer compatibles a la igualdad y a la libertad cuando la igualdad deja de ser definida como similitud de resultados de la libertad y es definida como igualdad de libertades. Cuando todos son igualmente libres.

4. Existe un problema de entendimiento de estas cuestiones cuando la desigualdad de resultados que la libertad produce es confundida con pobreza. Y con este fundamento, se propone alterar la desigualdad de resultados de la libertad. No es lo mismo pobreza que desigualdad.

Y una cosa más…

Es un fenómeno curioso el que la obsesión con la igualdad haya reducido la causa de todos los problemas sociales culpando a la desigualdad.

[La columna, publicada originalmente en 2009-05, fue revisada en 2019-07]

Bonus scriptum: más sobre el tema

Entre libertad o igualdad

Por Eduardo García Gaspar –   17 septiembre, 2008

Democracia y socialismo

Creo que fue en el famoso libro de F. Hayek que se mencionó una idea que no es aún lo suficientemente clara.

En Camino a la servidumbre, se habla de lo que en común tienen la democracia y el socialismo. Es plantear una pregunta. ¿En qué se parecen el socialismo y la democracia?

La respuesta de Hayek es rotunda. No se parecen en nada. Son opuestos políticos.

La democracia divide los poderes como una herramienta para la defensa de la libertad.

El socialismo, por el contrario, concentra los poderes y anula a la libertad.

Pero hay algo más. La realidad es que el socialismo y la democracia tienen sólo una cosa en común, a la igualdad.

Igualdad o libertad

La democracia y el socialismo intentan hacer a todas las personas iguales. Claro que iguales en diferentes niveles.

La idea de la democracia es hacer a los ciudadanos igual de libres.

La intención del socialismo es hacer a los ciudadanos igual de sumisos ante el gobierno.

La diferencia entre ambos es la libertad, a la que el socialismo considera más un estorbo que un derecho.

Mejor retórica de la igualdad

Estas diferencias son muy notables en el discurso de los gobernantes. Seguramente usted estará conmigo en una cosa: el tema de la igualdad ocupa en las palabras de los políticos un lugar mucho mayor que el tema de la libertad.

La razón al final de cuentas es una muy práctica y comprensible.

Cuando el gobernante habla de igualdad eso le significa acumular más poder. Para usar ese poder igualando a los ciudadanos de la manera que él desea. El discurso de la igualdad concentra poder en el gobierno, pero el discurso de la libertad se lo retiraría.

Un ciudadano libre es uno que depende menos del gobernante. El ciudadano libre tiene poder, más que el ciudadano que solo es igual.

Para el gobernante la decisión es obvia, entre igualdad o libertad, él va a preferir sostener a la igualdad como el más grande de los valores de la sociedad a la que gobierna.

La igualdad da poder al gobernante

Entre igualdad o libertad, escogerá a la igualdad porque en el fondo es una política que le dará poder acumulado.

El gobernante será el gran distribuidor de recursos y favores, lo que le permitirá beneficiar a los que desea volver sus partidarios.

En buena parte, esa es la razón de acciones de gobierno, como concesiones de vivienda, regalos de artículos escolares, pagos a personas ancianas y demás.

Querer la igualdad es el gran pretexto estatal para intervenir y dominar, por ejemplo, siendo el principal proveedor de la educación básica.

Igualdad o libertad, decisión personal

Para el ciudadano la decisión es clara. Debe seleccionar entre la igualdad que le vuelve sumiso al gobierno y la libertad.

No es posible escoger un camino medio. Uno es el de todos iguales en la libertad y el otro es el de todos iguales en la sumisión al gobierno.

Entonces, la libertad resulta tener sólo un posible defensor importante, el ciudadano mismo. Los gobernantes casi nunca lo serán, pero los ciudadanos pueden serlo.

Lo que creo es que el futuro político está en manos de los ciudadanos y sus decisiones. Depende de la actitud que las personas tengan sobre la libertad.

Cuando un ciudadano es comprado con favores gubernamentales, tenderá sin mucha conciencia a volverse sumiso y dócil ante el gobierno.

Recibirá favores, como una pista de hielo gratuita, conciertos populares, subsidios y demás. Y lo hará a cambio de su libertad. El ciudadano pensará que vota por un gobierno que hace el bien, aunque en realidad estará votando por ser un vasallo.

En resumen

Lo que apunto es la enorme habilidad de los gobernantes para comprar votos de ciudadanos incautos.

Hace tiempo escuché el caso de las tías de un amigo que viviendo en el DF recibían un subsidio de varios cientos de pesos mensuales sin necesitarlo, pero que les entusiasmó tanto que consideraban al gobierno de esa ciudad como uno muy efectivo.

Unos cientos de pesos al mes, que no salen del bolsillo del gobernante, fueron capaces de comprar votos para el sometimiento de las tías de mi amigo.

Más habilidad para engañar es difícil de lograr. Es igual que votar por el gobierno que me conducirá al patíbulo.

Y una cosa más…

En la columna adjunta a esta, Girondella ha planteado con sencillez el dilema de igualdad o libertad, pero no las dos. Creo que tiene razón.

[La columna de 2008-09 fue revisada en 2019-07]