Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Calderón es de Izquierda
Eduardo García Gaspar
11 julio 2007
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Las noticias reportaron declaraciones del presidente mexicano: “… dijo a empresarios altruistas que ‘no hay caridad sin justicia’ y por ello los convocó a unirse a la ‘cruzada enorme por una justicia que está olvidada y tenemos que hacerlo antes de que sea demasiado tarde’”.

Tan vago es lo anterior que permite ser aprobado porque suena bien. Pero según también se reporta, Calderón dijo que, “La tarea de las empresas debe ir más allá de la esfera de los negocios; además de perseguir finalidades económicas las empresas tienen una gran responsabilidad con la sociedad… La finalidad social de la empresa es promover los valores fundamentales de la sociedad para su mejor desarrollo”.

Hay dos puntos en las palabras de Calderón. Uno cierto y otro falso.

El punto real es el de la urgencia: “Si no corregimos esa desigualdad ahora, se seguirá incubando en todo el país y particularmente en el campo donde se concentra la pobreza extrema, rencores y agravios que se exacerban con intenciones políticas y que pueden romper totalmente las posibilidades del desarrollo del país”.

El apremio es cierto. El ataque a la pobreza es prioritario. Pero el otro punto pertenece al género de las ideas chatarra, esas que saben muy bien pero provocan males. Calderón sostiene la relativamente popular noción de la “finalidad social de la empresa” y de la gran “capacidad estatal” para remediar los males sociales. Vayamos paso por paso.

Primero, eso de la responsabilidad social de las empresas, una de las manifestaciones populistas de impreciso significado y que asigna a las empresas deberes adicionales a los de servir al consumidor rentablemente. Les haría responsables de hacer donativos (que no serían deducibles) y colocar decisiones de negocios en personas que no son sus propietarias. Un clásico caso de ideas basura que son de gran atractivo político en discursos que justifican lo que el gobernante quiere.

Y eso que el gobernante quiere es el segundo de los conceptos chatarra. Me refiero a la creencia es la “capacidad estatal” que Calderón apoya. Normal que suceda. Los gobernantes desean con ansias la expansión de su poder y necesitan creer en la capacidad ilimitada de los gobiernos para solucionar lo que sea.

El problema es que en realidad sucede lo contrario: la intervención estatal después de cierto límite resulta contraproducente y es causa misma de los problemas que quiere resolver.

El sucumbir a ideas chatarra no es diferente a las tentaciones de la comida del mismo tipo: saben bien, son llamativas, tienen atractivo universal, pero en exceso causan males serios, como obesidad burocrática y esclerosis económica. Pero ahora viene lo interesante, que es la relación de todo esto con Calderón.

La percepción general de Calderón y el PAN es que son partidarios del liberalismo económico. Así piensa la mayoría, la gran mayoría. Y, sin embargo, eso que ha declarado el presidente mexicano lo coloca ideológicamente como parte de la izquierda, quizá moderada, pero izquierda sin duda. Y por eso, precisamente, Calderón era el mejor de los candidatos presidenciales, o mejor dicho el menos malo.

El ex candidato del PRD era la opción de la izquierda extrema, la vieja, ortodoxa y tradicional que nada sabe excepto engrandecer a la burocracia. Los ex candidatos del PRI y del PAN eran mejores por ser menos extremos: menos malos por ser menos socialistas, sin que eso significara que fueran buenos. Pero los tres eran de izquierda. La decisión del votante era, al final, qué tan de izquierda quería a su presidente.

El punto, me parece, bien vale una segunda opinión para intentar corregir una percepción equivocada. Es común que las noticias reporten al PAN como de derecha y al PRD como de izquierda, con el PRI en una posición media. En los medios internacionales suele encontrarse la descripción del PAN como un partido conservador, significando eso uno liberal en economía.

Creo que he ofrecido pruebas de lo erróneo que es ubicar al PAN dentro de la escuela liberal de economía. Las palabras de Calderón apoyan mi tesis. Es un presidente de izquierda, moderada, pero de izquierda y eso no es bueno. Desde luego, del lado optimista puede buscarse consuelo al pensar que la otra opción hubiera sido de izquierda extrema.

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POST SCRIPTUM

Un análisis de los principios básicos del PAN justifica lo escrito aquí: en economía el PAN no es liberal.


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