Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Personalismo versus Ideas
Eduardo García Gaspar
20 julio 2007
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es un clisé aceptado el del mexicano como un ser personalista, desconfiado de otros, que prefiere aislarse y para quien la vida es un dilema entre ser lastimado o, antes y mejor, lastimar a otros.

Las evidencias a favor son las de las ideas de Octavio Paz, pero también los comentarios que mencionan el mejor desempeño de los mexicanos en deportes individuales que de conjunto.

También puede citarse la escasez de empresas mexicanas grandes con propiedad diversificada. Y hasta la existencia de una película como “Tintán, el hombre mono”, producida enteramente alrededor de un hombre y sin historia, dependiente sólo de la celebridad y sus gestos.

Hay otra comparación interesante, la de la independencia mexicana contra su revolución.

En la independencia había ideas. Estaban los conservadores y los liberales, como grupos con creencias. Pero ya no las había en la revolución, cuando había personas más que ideales: villismo, carrancismo… hasta lo de nuestros días, con el foxismo, por ejemplo. Todo reducido a personas. Nada de ideales ni de creencias. En 2006 sucedió lo mismo.

Las elecciones mexicanas fueron personalistas al extremo: duelos entre candidatos cuyas ideas eran lo de menos. Y, de nuevo, la fe ciega en alguno de los candidatos, como si él fuera la salvación nacional, no muy diferente a lo que sucede en otras partes de Latinoamérica. Lo que trato de hacer es señalar una faceta del personalismo: la ignorancia de las ideas.

Pongo un ejemplo, mencionado por una persona, el de los programas de televisión. Dice que están basados enteramente en la estrella, una celebridad a la que se ha tratado de dar fama por cualquier medio. Lo demás no importa.

No importa el talento, ni las ideas, ni los escritores. Nada. Todo se basa en la celebridad. Y si ella pasa por algunas circunstancias personales, que ellas se hagan públicas, que eso ayudará a los ratings.

Me parece que Octavio Paz hablaba del personalismo por su efecto en el aislamiento personal. Quisiera añadir que también hay otro efecto, el de poner de lado a las ideas, con la consecuencia de que en tiempos de amplias libertades, sin ideas las personas se pierden. Y terminan siendo sometidas a las acciones que se ven en las celebridades del momento.

Resulta lógico que en un medio ambiente aislado de las ideas, ellas sean sustituidas por las personas. El resultado es el culto a la personalidad, sea Lenin, Stalin, Castro, Mao, Hitler, Paris Hilton, o los participantes de cualquier reality show. El problema es que las personas somos humanas e imperfectas, y muy pocos de nosotros son ejemplos buenos de comportamiento. Adoramos a las personas, a las personas equivocadas en la mayoría de los casos.

Porque al fin y al cabo, sí hay personas ejemplares que son las que han tenido creencias y vivido en congruencia con ellas. Pero no suelen ser a las que se colocan en nichos. Haga usted una lista de los programas de televisión más vistos y entenderá lo que digo. Encontrará vulgaridad, estupidez, falta de talento y aislamiento de las ideas. Y sin embargo, al mismo tiempo hay algo esperanzador.

Contaba un librero de muchos años que la categoría de libros que más venta tiene es la de auto-ayuda. Claro que eso puede verse desde dos lados, el del pesimista que critica el tipo de libros más vendidos en esa categoría… y que tiene cierta razón. Pero también está el optimista que señala que las personas dejan así ver sus deseos de ir más allá del nivel de la revista Hola! y de los programas de chismes de celebridades.

La realidad es que aunque se tenga una tendencia al personalismo, al aislamiento que rechaza ideas, el vacío que eso produce debe ser llenado con algo. Así sean recetas de cómo ser mejor en diez pasos. No creo que podamos vivir totalmente sin ideas que nos guíen, que nos hagan entender la realidad más allá de las adopciones de niños por parte de artistas de cine y de las operaciones de cirugía plástica de alguna actriz.

Y es que al final somos un género a quien caracteriza el poder pensar, el poder abstraer principios, el crear ideas, el generar conceptos. La inquietud humana en esto es natural, está en nuestra esencia. Por muy personalistas que seamos, por mucho que rechacemos las ideas, algo dentro de nosotros nos llevará a ellas por gusto natural. Todo porque queremos explicaciones, queremos entender. Se ha tratado en México de vivir sin ideas y eso es una contradicción humana.


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