Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Confusiones Igualitarias
Leonardo Girondella Mora
26 marzo 2008
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Si una encuesta se hiciera al respecto de la igualdad humana, habría de seguro un resultado claro —la mayoría de las personas contestaría que todos somos iguales, y eso es cierto sólo en un sentido. Quienes hayan contestado en la encuesta que no todos somos iguales, también hubieran tenido la razón, en el otro sentido.

Tanto los que respondieron que todos los humanos somos iguales como los que contestaron que no lo somos están en lo correcto. Una pregunta como “¿Cree usted en la igualdad humana?” es una mala manera de investigar el problema. Lo que sigue es un intento de señalar un camino más prometedor señalando dos aspectos de la igualdad que deben ser separados.

¿Cree usted en la igualdad esencial de las personas?

Esta es una mucho mejor pregunta porque separa las cuestiones esenciales —considera a las personas como con igual valor y potencial. Aquí sí, la respuesta correcta es decir que sí, que todas las personas son iguales. Tiene el mismo valor esencial una persona negra que una blanca, y un pobre que un rico, y una mujer que un hombre.

La solución cristiana en este campo es tal vez la mejor forma de justificar ese valor igual para todos sin excepción —todos los humanos son creación divina, hijos de Dios y tienen por eso una misma dignidad. Pero aún sin recurrir a cuestiones religiosas, la idea de una igualdad esencial es atractiva y se encuentra en las obras de muchos —Cicerón, por ejemplo, dijo que las personas son todas iguales, poseyendo la misma mente.

Las confusiones igualitarias tienen su causa en no separar a esa igualdad esencial de la igualdad que en términos filosóficos sería llamada accidental —para diferenciarla de la esencial y aprovechando los conceptos que traté en Igualdad Imprecisa hace tiempo.

¿Cree usted que las personas somos iguales en todo?

Existen sólo dos posibles respuestas a esto —la afirmativa y la negativa. Quien responda que sí cree que los humanos son iguales en todo debe solucionar un problema y explicar las diferencias humanas reales, como las muy diferentes habilidades físicas en los deportes, por ejemplo. No necesito dar más pruebas para demostrar que los humanos poseen amplias diferencias.

Quien responda que los humanos son iguales en todo, en adición a estar en contra de la realidad demostrable, piensa en un mundo de iguales absolutos —todos son idénticos en apariencia, habilidades, gustos, como clones totales imposibles de diferenciar. No hay otra opción que aceptar las diferencias accidentales, pero no sólo eso, sino admirarlas porque la diversidad accidental de los humanos enriquece a todos —la escasa habilidad manual de alguien, por ejemplo, es solventada con la de otros.

Mi conclusión lógica: es una tarea imposible igualar las cualidades accidentales de las personas y tratar de hacerlo, más aún, iría contra la igualdad esencial de las personas.

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Con lo anterior considerado, debe plantearse una pregunta pero no para la encuesta ficticia a la que me he referido. Si la igualdad esencial y desigualdad accidental de los humanos es así entendida, ¿por qué tanta insistencia en la igualdad vagamente definida? Lo que señalo es la obsesión con la igualdad que caracteriza a los socialistas y sobre la que basan prácticamente la totalidad de sus políticas y propuestas. Por dos razones.

Una de ellas es que los socialistas no diferencian entre igualdad esencial y desigualdad accidental —un considerable error de análisis que les suele hacer cometer violaciones de los derechos de la igualdad esencial.

La otra razón es la limitada visión socialista en este tópico —ponen ellos una atención única en uno sólo de los aspectos de la desigualdad accidental.

    La igualdad accidental posee una gran cantidad de variables, como diferencias físicas incontables, diferencias mentales sustanciales, diferencias innumerables de aptitudes, diferencias grandes en gustos y aficiones. De todas esas diferencias que se cuentan por millones, los socialistas ponen énfasis en una sola de ellas, las diferencias materiales de ingreso y patrimonio —nada más eso, que es lo que les produce una visión muy limitada del ser humano.

    La antropología del socialismo, concluyo, es extremadamente limitada y materialista por definición —no valora la igualdad esencial, ni considera a las desigualdades accidentales. Todo su desvelo está puesto en una de las desigualdades accidentales y esto es lo que origina el error en la filosofía humana del socialismo.

    Finalmente, otra pregunta que tampoco es para la encuesta. ¿Es poco importante el énfasis del socialismo en las cuestiones materiales de ingreso y patrimonio? La respuesta muy clara es que no, el mérito de socialismo está centrado en llamar la atención en esa variable, pero hasta allí. Carece de más méritos que ése. Sí, debe ponerse atención en las situaciones de miseria que existen y que deben ser atendidas, pero hasta allí llega el socialismo. Nada más aporta y nada más es capaz de ver. Esta es la causa central de la que proceden sus graves errores: no tiene una concepción completa del ser humano.

    Nota del Editor

    A lo señalado por L. Girondella Mora, debe añadirse un síntoma de nuestros tiempos, el del pesimismo popular: la constante repetición de la idea de que todo está empeorando, muy especialmente en asuntos de pobreza. Una muy bien seleccionada muestra de ese pesimismo políticamente correcto, fue señalado por un gran columnista, Sergio Sarmiento (Grupo Reforma, 14 febrero):

    El rector de la Universidad Nacional, el Doctor José Narro… afirmó ‘Junto a este mundo extraordinario y maravilloso nunca habíamos visto tanta pobreza, desigualdad, exclusión, problemas, enfrentamientos y migraciones en búsqueda de mejores condiciones de vida’… es políticamente correcto decir que las cosas están peor que nunca: que nunca habíamos visto, por ejemplo, tanta pobreza. Pero la información disponible apunta a una situación por completo diferente… el siglo 20 fue un tiempo de mejora sin precedentes en el combate a la pobreza y en el logro de mejores condiciones de educación y de salud en buena parte del mundo. Las estadísticas internacionales sugieren, de hecho, que las últimas décadas han sido un tiempo de mejoría significativa en el nivel y la calidad de vida… Entiendo que es políticamente correcto ser negativo. Pero si realmente queremos resolver los problemas del mundo, tendremos que empezar por identificar aquellas áreas en las que estamos teniendo éxito. La lucha contra la pobreza es una de ellas.


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