grandes ideas

La moralidad del libre mercado. Las críticas morales usuales de la libertad económica y la respuesta razonable. Más el caso de Estonia y los comercios del gobierno.

Introducción

¿Son morales o inmorales los mercados libres? Butler hace una lista de las críticas que reciben y las contesta sin complicaciones. No es un asunto de eficiencia, porque ya se sabe que lo son y que forman una mejor opción que el intervencionismo económico.

Pero sí es una cuestión de examinar la otra crítica, la que afirma que los mercados libres son inmorales. ¿Son en verdad inmorales los mercados libres? Butler lo niega. No son inmorales. Más aún, son moralmente mejor que el resto de las alternativas.

Esta idea fue encontrada en Butler, Eamonn, The Best Little Book On The Market : How To Stop Worrying And Love The Free Economy. Hoboken, NJ. Capstone, pp. 126-138.

El punto de partida

El planteamiento del tema comienza con una historia personal de Butler. Durante su primera visita a Estonia, durante el dominio soviético, intentó comer en varios restaurantes.

Visitó varios sin éxito. Rehusaban atenderlo después de tocar la puerta y esperar que se abriera en instalaciones sin identificación.

Al final comió en uno después de que su amigo que lo acompañaba, natural de Estonia, logró convencer a quien abrió la puerta y alegó estar totalmente ocupado el sitio. No lo estaba. Ellos dos eran los únicos comensales.

El problema, le explicaron, era que no deseaban recibirlos ni atenderlos. Los empleados recibían su pago independientemente de tener o no clientes y preferían sentarse a jugar cartas. El menú en todos los restaurantes: un guisado de salchichas con especies y gelatina.

Tiempo después, en otra visita a Tallinn, la capital, los restaurantes abundaban, todo gracias a una serie de reformas que hicieron de Estonia, véase más abajo, un país de libertades, con reformas iniciadas por Mart Laar, el joven primer ministro.

La moral en esos dos casos

La historia sirve para entrar al tema con una pregunta. ¿Cuál de esos dos escenarios es más moral? Hay elementos allí que ayudan a examinar la moralidad del mercado libre.

En el primero de ellos, personas concretas optaron por rehusar dar servicio a otras; no tenían interés en hacerlo. En el segundo, las personas daban la bienvenida a la oportunidad de servir a otros.

En el primero, no hay duda, existían ideas morales, como la igualdad y el altruismo, pero ignoraban una cosa: la naturaleza humana. No había en ese sistema nada que sirviera para «mover» a las personas.

Solo se creía que la gente tuviera entusiasmo para hacer algo sin otra razón que el logro de una sociedad socialista. Obviamente no era suficiente.

En el segundo escenario, las personas están dispuestas a servir a los demás. Tienen incentivos para hacerlo. Pero muchas personas piensan que este mercado libre no puede ser moral porque está basado en el interés propio y este es un vicio.

Butler, entonces, hace una distinción.

El interés propio

El interés en lo propio es una parte de la naturaleza humana. Es necesario y bueno. Si ninguno de nosotros tuviera interés en lo propio, todos estaríamos en una situación muy triste. Nos cuidamos comiendo, bebiendo, usando ropa, satisfaciendo nuestras necesidades.

Este interés propio no puede ser un vicio. Podemos estar interesados en lo propio sin necesidad de dejar de ser honestos, confiables, justos y amables.

Lo que sucede es que hay una confusión grave: se confunde al interés propio con la codicia, la que sí es un vicio.

Es decir, la primera crítica a la que se refiere Butler es la que señala que los mercados libres son inmorales porque están basados en el interés propio que es un vicio.

Es falso, tener interés en lo propio no equivale a tener codicia y, aún más, un mercado libre hace depender al interés en lo propio del interés en los demás, un punto ya antes señalado por Bastiat.

En un mercado libre hay una conexión vital. Para poder satisfacer el interés en lo propio no hay otra manera de lograrlo que ayudar a los demás a lograr el de ellos.

De seguro algunos podrán lograr beneficios engañando a otros vendiendo bienes malos, pero a la larga, si se quiere mantener la clientela, debe dársele lo que ella quiere.

Canalizar el interés propio

El resultado neto de lo anterior es la consideración humana del interés en lo propio y cómo un mercado libre lo canaliza en acciones de atención al interés de los demás.

No hay otra manera de hacerlo que por medio de colaboración entre las partes, de muchas partes, como en el ejemplo de la ropa del obrero.

El ejemplo es de Adam Smith y apunta a la infinita cantidad de personas que colaboraron para producir la más cruda prenda de vestir. Entre todas ellas hubo colaboración y no conflictos, a pesar de sus diferencias y el lugar que habitan.

Puede verse la insistencia en lo bueno del mercado, su moralidad. Reconoce a la naturaleza humana, especialmente en lo del interés en lo propio tornándolo un incentivo para atender a los demás.

Y, no solo eso, sino que ese mercado crea un ambiente de colaboración, incluso entre gente hostil entre sí, si es que encuentran vías para comerciar.

Otra crítica a la moralidad del libre mercado

Butler ahora señala una crítica a su idea. Muchas personas podrán argumentar que existe una natural tensión entre quien vende y quien compra, pues ambos tienen intereses opuestos.

Esto, que muestra con fidelidad cualquier gráfica de oferta y demanda, se dice, causará conflictos que serían mejor resueltos por la vía de los acuerdos políticos de mayoría.

La crítica a los mercados libres, entonces, tiene otra dimensión.

Compradores contra vendedores

La primera, señalada antes, confundía al interés en lo propio con codicia. Sabiendo que no son lo mismo y que el interés en lo propio es positivo, ahora se trata de ver la crítica que señala que los conflictos serán mayores en un mercado libre por causa de los intereses opuestos entre vendedores y compradores.

La solución política a los problemas de intereses opuestos, dice Butler, en realidad incrementaría el riesgo de acrecentar el conflicto, porque los montos son mayores.

Una asignación legal obligatoria impuesta por la fuerza durante gran tiempo para el uso de recursos limitados es un incentivo muy grande que crea mayores motivos de conflicto que la asignación libre de recursos.

Por tanto, cuando la asignación de recursos es política aumentan los motivos para iniciar un conflicto o lucha por esos recursos. Esos motivos son mucho menores dentro de un mercado libre, que sí tiene conflictos, pero que resuelve por medio de un sistema de precios espontáneos.

Si la demanda por un recurso se eleva, entonces su precio sube y las personas deciden usar menos de ese recurso, o quizá abandonar totalmente su uso.

Todo eso sucede a diario, con decisiones personales que no dividen a la población como sucedería con las decisiones políticas de asignación de recursos.

Ingresos desiguales

Hay otra crítica al libre mercado y que tiene que ver con su moralidad. Butler usa un ejemplo para ilustrar esta crítica: una enfermera gana mucho menos que una celebridad a pesar de que la enfermera realiza una tarea más importante que la de la celebridad.

Eso, se dice, no puede ser justo (véase Los ingresos de maestros y celebridades).

Butler apunta que los salarios son precios y que los precios son el resultado de una serie de reglas impersonales, igual que las reglas para jugar ajedrez, a lo que se podría añadir la característica de las leyes que son escritas para todos y nadie en particular.

Esas reglas dan como resultado las diferencias de ingreso entre enfermeras y cantantes famosos: unas muy escasas celebridades que sirven a muchos al mismo tiempo, y muchas más enfermeras que atienden a unos pocos cada vez.

Desigualdad social

Se acusa también a los mercados libres de producir desigualdad en la sociedad. Pero, dice Butler, las desigualdades son mayores en las sociedades en las que lo que cuenta es el poder político y no los ingresos.

En un mercado libre, todos tienen oportunidades. En un sistema político, solo un reducido círculo las tiene.

Más aún, los mercados libres permiten una mayor movilidad social, con gente que con sus iniciativas puede elevar sus ingresos.

También suele criticarse la moralidad de los mercados porque ellos promueven el deseo de tener ganancias traficando con drogas, armas, o personas.

Butler responde que esta critica no es válida, pues sería lo mismo el culpar a la política por los fraudes en las votaciones. Las personas son las que cometen actos indebidos. Las reglas no los llevan a cometerlos.

Se habla también de explotación, como cuando se señala que se pagan salarios muy bajos a personas que producen bienes que más tarde son vendidos en países ricos.

Butler señala que esto no es trabajo forzado y que debe considerarse la alternativa a ese trabajo, seguramente mucho peor.

Grandes empresas

Hay otra crítica más a la moralidad del mercado libre, la del dominio de las grandes empresas.

La crítica está basada en la idea de que por economías de escala, los negocios crecerían sin límite anulando la competencia entre ellos, para terminar en una situación de unas pocas enormes empresas monopólicas.

La respuesta a esta crítica es simple, no ha sucedido: existen numerosas empresas en competencia y ellas no permanecen siempre en lugares privilegiados.

Sí, hay empresas enormes que son las que requieren gran capital e instalaciones, pero sigue existiendo competencia. Hay desconomías de escala y diferenciación de productos, más una elevación de tipos de bienes producidos.

No se cancela el riesgo de formación de cárteles y acciones indebidas de las empresas, pero para eso se tienen leyes.

En resumen, la moralidad del libre mercado

Concluye Butler considerando que los mercados tienen sus problemas, pero que son una opción muy superior a la alternativa.

No solo por motivos de resultados, sino también por motivos morales. Una economía centralizada arriesga todo a un plan de largo plazo elaborado por unos pocos que toman decisiones poco frecuentes.

Una economía de mercado es más democrática, con decisiones de muchos más, tomas con mucha mayor frecuencia y sin riesgos concentrados.

Por esto es que no hay compatibilidad de la democracia y libertades humanas con el socialismo.

El socialismo da enormes poderes que una democracia no puede restringir con facilidad y donde la oposición puede ser anulada con facilidad. Allí, los más despiadados son los que llegarán al poder para imponerse.

En una economía de mercado, nadie puede impedir las iniciativas de los otros. Los mercados son el futuro del mundo y necesitamos hacerlos florecer.

Y algo más…

Para el interesado en el tema, conviene ver Pros y contras del mercado libre. Sobre el libro examinado aquí:

The Best Book on the Market: How to Stop Worrying and Love the Free Economy

The Best Book on the Market: How to Stop Worrying and Love the Free Economy by Eamonn Butler

My rating: 4 of 5 stars
Simple, directo, sencillo, divertido. Una defensa de la libertad económica que genera la queja de siempre, “está sesgado”. Y eso es una buena señal, muchas veces.

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Bonus scriptum: más sobre las bondades morales de los mercados libres.

Ideas en Estonia: moralidad del mercado libre

Por Leonardo Girondella Mora –   11 junio, 2008

En julio de 2007, una columna titulada Estonian Wonderland de Johnny Munkhammar hizo una proyección que es digna de repetición aquí.

Si se toman las tasas actuales de crecimiento de Estonia, dentro de unos 14 años tendrá el mismo Producto Bruto per cápita que Suecia.

En 2006, por ejemplo, la economía de Estonia creció 11% —el ingreso promedio ha crecido 120% en 10 años. El ingreso de los más pobres, ha crecido en ese tiempo aún más, 160%.

La ruta de Estonia

Estonia tiene un flat tax que comenzó en 26% y ha ido reduciéndose. Se adoptó una política económica liberal, se privatizaron empresas.

Cada país puede tener sus características, pero el principio general es el mismo: la libertad da frutos en términos de prosperidad.

La siguiente pregunta es la natural —¿por qué no se hace lo mismo en otras partes, sea Venezuela, Argentina, o México? No debe ser por desconocimiento.

Obstáculos culturales

Una columna de F. Reyes Heroles (Grupo Reforma 27 mayo 2008) dio una indicación: los cambios necesarios para tener una ruta como la de Estonia tienen obstáculos culturales.

Dice Reyes Heroles que en México al menos, el pasado se ha convertido en un mito glorioso que ha producido una cultura soberbia que desprecia el futuro. Se tiene una cultura autocomplaciente que odia las comparaciones y busca resultados rápidos.

A lo que debe añadirse también otro rasgo cultural, el desprecio de la libertad individual y la adoración extrema del nacionalismo definido como autosuficiencia gubernamental.

En menos palabras, aquí se cree que no funciona lo que en otros países da resultados positivos. Los intelectuales de uso múltiple son los más conservadores de todos,

Se oponen a todo cambio que pueda producir libertad: para ellos el gobierno es el secreto del progreso y a mantener esa mentalidad han ayudado profesores que en la educación pública desdeñan a las libertades personales y adoran al estado.

Las medidas generales para el logro del progreso son conocidas por todos —están en libros, revistas, reportes, casos históricos con el de Estonia. Nadie puede reclamar ignorancia al respecto.

Si esas medidas no se aplican, la explicación mayor que puede darse es la de la cultura, que en los países pobres coloca al gobierno por encima de los ciudadanos.

Ser un sirviente del gobierno no causa prosperidad, al contrario. Hay más moralidad en el libre mercado que en el intervencionismo económico. Saber que puede prosperarse y no hacerlo es una falta moral considerable.

Si el gobierno tuviera comercios

Por Eduardo García Gaspar 

Es lo que explica la diferencia que existe, por ejemplo, entre Amazon, la tienda en línea, y las disposiciones fiscales de muchos países. Una buena vía para explicar la moralidad del libre mercado.

Nadie está obligado a comprar en Amazon y precisamente por eso, esa empresa se esfuerza en ser amigable, eficiente, servicial. Su página en la Red es fácil de usar, muy fácil.

Pero como usted tiene la obligación de pagar impuestos, el gobierno no tiene ningún incentivo para hacer las cosas fáciles.

Dos mentalidades diferentes

Las empresas en un mercado libre intentan convencernos de comprar sus bienes. Las autoridades no necesitan convencer a nadie, ellas dan órdenes con amenazas de uso de coerción en caso de no cumplirse.

Las mentes de empresas y de gobiernos, por eso, parten de supuestos distintos y son muy diferentes. Es por eso que es muy sencillo comprar una computadora Mac en unos pocos minutos, pero en extremo complicado y caro abrir un negocio, por ejemplo en México.

Las dos mentalidades son tan diferentes que resultan ser incompatibles. No puedo imaginarme a un gobernante promedio pensando en depender de la libertad de consumo de las personas.

Si un gobernante tuviera un restaurante

Allí quizá no habría menú del que seleccionar. Daría él las órdenes de quién come qué, en qué momento y con qué bebida.

Es por esto que los gobernantes toman sobre sus hombros la imposible responsabilidad de decidir por otros y así ofrecen servicios de educación y salud, por ejemplo.

Ellos creen saber lo que el resto necesita sin necesidad de que nadie más decida. Desde luego que todo falla porque el gobernante en realidad no sabe lo que los otros quieren, nada más lo supone.

Si un gobernante tuviera una librería

Entonces, no preguntaría a cada cliente lo que desea comprar. A cada cliente le daría los libros que el político quisiera, le cobraría por la fuerza y eso le haría sentir muy satisfecho.

Desde luego los clientes terminarían gastando lo que no quisieron en libros que no les interesan. El gobernante entiende de órdenes siempre que él las dé, pero no de libertades especialmente las de otros.

Si un gobernante tuviera una tienda de ropa

Allí, ninguno de sus clientes decidiría las prendas a comprar. Eso lo ordenaría el gobernante haciendo vestir a todos de la manera que él cree que es lo mejor.

Eso le haría sentirse bien, creyendo que ha elevado el bienestar. Pero las personas terminarían vistiendo lo que no les agrada en tallas que no les vienen y a precios que no querían.

[La columna fue actualizada en 2019-10]