Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Menor al Imaginado
Eduardo García Gaspar
15 marzo 2011
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Un problema serio es que nuestra curiosidad suele demasiadas veces ser satisfecha con explicaciones harto simples y, por eso, demasiado alejadas de la realidad.

Por ejemplo, la teoría de la conspiración. Todo eso de los complots.

Tome usted un tema, el que desee, por ejemplo, la duración de las bombillas eléctricas, o el del fracaso de un candidato en una elección, o la obsolescencia planeada.

Es posible explicarlo mencionando una conspiración secreta, oculta, de personajes poderosos que se reúnen clandestinamente, en algún recinto aislado y en un acuerdo sigiloso trazan un plan furtivo que da resultados sin fallas.

La debilidad de esas explicaciones es su simpleza, pero también eso es su fuerza. La simpleza permite una explicación comprensible a todos, muy llamativa y escandalosa. Nada tan atractivo como un buen secreto que se hace público.

Pero la simpleza tiene poco poder para explicar la realidad, que suele ser mucho más compleja. Un ejemplo.

Hace varios años una persona explicó los resultados de la nueva conformación del mundo inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. Todo eso de nuevas naciones, nuevas fronteras, desaparición de imperios y demás.

Su explicación: el poder de los vencedores. Eso y nada más que eso.

Dar esa explicación y quedarse callado es lo mismo. No, es mejor quedarse callado. Por supuesto que los vencedores tenían poder, faltaba más. Pero no explica todo, ni siquiera una mínima parte.

Tome usted ese ejemplo y profundicemos un poco.

La guerra la perdió el Imperio Otomano, Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. En 1919 se reunieron en París los Aliados. Claro que tenían poder sobre los vencidos, pero no era un poder tan absoluto. Puede verse ese poder más analíticamente.

Los vencedores no se ponían de acuerdo, tenían intereses separados y divergentes. Funcionó tan mal el comité de vencedores que se terminó por formar un comité más pequeño, con la esperanza de que generaran más acuerdos. Francia, Inglaterra, EEUU e Italia lo conformaron.

Y ni siquiera entre ellos hubo armonía. No ejercieron el poder de manera uniforme, como lo supondría una explicación simple.

Peor aún, cada uno de los equipos de trabajo de esas naciones tenía miembros con creencias y opiniones distintas, a veces, opuestas. No existía una mentalidad única ni entre esos cuatro, ni dentro de cada uno de ellos.

Las cosas se complicaron por razones adicionales. Las peticiones y solicitudes de los vencidos, más las de las nuevas naciones, surgidas de la vaga idea de la autodeterminación, complicaron las cosas terriblemente. El algunos casos había representantes dobles con diferentes objetivos, de las nuevas naciones.

Una situación tan compleja no se presta a la explicación del poder único del vencedor. No hay un único vencedor, ni un único vencido. Ni las partes piensan igual internamente. Ni se cuenta con información razonable para tomar decisiones.

No, la idea de que el poder único explica todo no es satisfactoria.

Mi punto creo que bien vale una segunda opinión para ser más claros sobre el tema. Es obvio que el poder importa y mucho, pero aún el poder más grande es limitado y negociado. Tome usted al clisé del poder total en esas reuniones de París negociando la paz, Woodrow Wilson. ¿Supone usted que se impuso totalmente?

No, dentro de su equipo había facciones, dentro de su gobierno no tenía apoyos claros, al contrario, tenía oposición. Clemenceau lo veía con sospecha, Lloyd George simpatizaba con él, pero no totalmente. Los italianos se retiraron del pequeño comité de los cuatro. Y como eso, en el resto de los casos.

El poder negociado se percibe fácilmente en una democracia, donde por sistema los desacuerdos con abiertos, igual que los acuerdos. Pero las negociaciones de poder permanecen ocultas dentro de otros regímenes. Incluso los más autoritarios tienen negociaciones internas, las que no se ven y eso es lo que da la imagen de un poder único.

Tome usted a un par de empresas, las que sean, y a las que se acuse de formar un cártel de precios. La noticia es llamativa y se percibe con facilidad, pero no es tan llamativa la realidad de que esas empresas tienen intereses propios que las llaman a actuar en contra del cártel.

Total, decir que el poder lo explica todo es una explicación con poco poder.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: División del Poder y en ContraPeso.info: Clisés.

Mi intención al señalar el ejemplo del tratado de paz al final de la Primera Guerra Mundial es apuntar el peligro de las explicaciones demasiado amplias, que atribuyen a una variable al poder de explicar absolutamente un fenómeno. Decir, por ejemplo que el Tratado de Versalles fue la causa de la Segunda Guerra Mundial es un caso de esas explicaciones monovariables que se aceptan por su sencillez y se debenn rechazarse por eso mismo.

Un libro recomendable sobre el tema es el de MacMillan, M. (2003). Paris 1919: Six Months That Changed the World. Random House Trade Paperbacks.

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