Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Obama Como Aprendizaje
Eduardo García Gaspar
16 agosto 2011
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Fue un extraño polo de atracción. Algo que llamaba la atención desde antes de su elección como candidato Demócrata, cuando se hablaba de él como una promesa política.

Y sucumbí a la tentación: seguí su camino con un poco de más atención que el resto. La intuición fue cumplida. Llegó él a ser presidente de EEUU.

Mi impresión no era la usual y ortodoxa. Veía en él una especie de esos productos malos que reciben una publicidad tan intensa que los convierten en una moda sin sentido. Y las modas no duran mucho.

Un amigo, recuerdo muy bien, opinó a principios de 2009 que Obama para él era un aire fresco. Le dije que parecía más una ventisca desordenada. Había algo en él que no convencía.

La popularidad en Europa, donde los electores suelen despistarse con facilidad. El Premio Nobel por anticipado, un caso único. El endoso de intelectuales, como Carlos Fuentes.

Sus palabras basadas en ser una esperanza casi mesiánica. Todos eran rasgos que se acumulaban creando sospechas de un candidato vacío, de un presidente aún peor que el anterior.

Y a esos se acumulaban otros. La penosa admiración de sus fans en los EEUU, algunos de los que caían en lo ridículo. Había y sigue habiendo en él un aire molesto, un sabor a soberbia, un aroma altanero, propio de ese que piensa saber todo de cualquier cosa.

Era una especie de culto que le perdonaba todo, que lo ponía por encima del resto hasta el punto de la incomprensión por parte del electorado.

Mis opiniones sobre Obama chocaron contra la opinión mayoritaria que enfrenté.

Lo veía como un engreído que cree saberlo todo de todo, otros lo consideraban un tipo inteligente y un gran orador. Lo veía inexperto, imprudente, desorientado y otros lo pensaban una fuerza renovadora, visionaria y con una agenda de bienestar claro.

La agenda, eso sí traía, una agenda al estilo de los gobiernos europeos que ignoró el problema real e inmediato.

Venía de Chicago, ciudad célebre por sus gobiernos escasamente virginales. Había acumulado una experiencia insuficiente que celebraban como capacidad organizativa comunitaria, lo que sea que signifique.

Había logrado una reputación excelsa de orador y, cierto, habla bien, su voz es atractiva, igual que su figura… pero el contenido era inexistente.

De nuevo, era esa idea del producto hueco que había logrado estar de moda y causar cierto furor, como un juguete de moda. Era eso de toda campaña electoral, pero llevado a un extremo pocas veces visto: la exageración de promesas, el exceso de expectativas, de esperanzas.

Un pequeño político, demasiado inexperto, con facilidad para esquivar compromisos reales, eso era todo.

En resumen un caso claro, quizá el más claro de estos tiempos, del fenómeno democrático que he llamado ciclo de ilusión-desencanto.

A la ilusión contribuyeron sus apariencias, sus dotes de orador y un apoyo casi patológico de los medios estadounidenses, más propensos a ver los errores de S. Palin que los de B. Obama. Pero la realidad llega.

La inexperiencia se hace notar. La soberbia impide corregir. La oratoria no basta. Surge el hábito de culpar al resto.

El desencanto es inevitable y se buscan explicaciones, algunas en extremo curiosas, como la de que el electorado no comprende su alta inteligencia (el gran orador no comunica).

El fenómeno Obama, en su sentido de ciclo ilusión-desencanto, muestra lecciones sobre la democracia. Las elecciones se han tornado en un concurso de promesas alocadas y sin sentido, que hacen pensar en los candidatos como superhéroes.

Quedarse en la crítica a Obama es demasiado limitado. Lo que merece una segunda opinión es eso de elecciones políticas convertidas en mercadotecnia sin producto que las justifique.

Obama, efectivamente, no es lo que se esperaba. El desencanto llega en su caso, pero también en el resto de los casos.

Si, por ejemplo, Zapatero ganó las elecciones es porque de él se esperaba algo mejor a lo que ahora se vive. La misma idea que se aplica a Chávez en Venezuela. En realidad a todos.

Criticar a Obama, o a quien sea que ha llegado al poder por voto popular, es una queja que de poco sirve si no se aprende la lección: las promesas imposibles destinadas a ganar votos en la realidad hacen perder confianza en los gobiernos.

La ilusión se convierte en desencanto y el desencanto produce intranquilidad.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema concreto en ContraPeso.info: Obama. Pero sobre todo en ContraPeso.info: Ciclo Ilusión-Desencanto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Obama Como Aprendizaje”
  1. Corina Dijo:

    En algo que no estoy de acuerdo de que un Presidente peor que el anterior, el Presidente Bush , fue un gran Presidente, solo que la publicidad en su contra pudo mas, que sus logros, no se tomaron en cuenta , por esto mismo que la prensa liberal hablo mal de el 24 horas al dia, en cambio surtio efecto en Obama la publicidad a su favor que levanto la prensa liberal y que sigue levantando, echando la culpa al Presidente Bush y ahora a la organizacion conservadora de los Tea Party. nunca Obama ha reconocido que sus politicas Socialistas han fallado, y que el ha gastado millones y millones y que ha triplicado la deuda en lo que lleva de Gobierno, y sus gastos personales son exorbitantes, como ahora que saco el Auto Bus, para su campaña de reeleccion con un costo altisimo, y quien lo paga pues claro los que pagan impuestos, es un hecho que estos Gobernantes Socialistas solo gastan el dinero de los demas. NOTA DEL EDITOR: el crecimiento del déficit comenzó con Bush y Obama lo elevó aún más. Es diifícil aceptar que Bush sea calificado como “gran presidente”.

  2. droctavio Dijo:

    Veo con agrado que el tema es tratado de manera general, como si el autor quisiese proponer una teoría en la política, es decir una hipótesis sobre el ciclo que propone. Sólo me atrevo a criticar que no ha expuesto él con suficiente claridad que esa teoría funciona con total separación de quién sea gobernante. Y finalmente, veo con preocupación la insistencia en reducir la política en la mente del ciudadano a calificar a este de bueno y al otro de malo, quedándose de tal manera en un nivel primitivo arrinconado en convicciones políticas personalizadas en alguien.





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