Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Diálogo del Soñador
Eduardo García Gaspar
25 marzo 2014
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es una mala posición. Al contrario, es positiva y parte de una noción razonable. androjo

Pero tiene un problema. Su utilidad es limitada.

Sólo resulta útil cuando ambas partes comparten la misma posición.

El conflicto entre Ucrania y Rusia es otro caso que ilustra esa utilidad limitada del promotor del diálogo.

Es una doctrina establecida para solucionar conflictos el proponer que las partes dialoguen para llegar a acuerdos de solución. Es una buena propuesta que persigue evitar llegar a la solución violenta del conflicto.

El punto es que esta solución ta buena tiene una funcionalidad bastante restringida.

Proponer que sean el diálogo y la negociación las vías por las que se encuentren acuerdos que soluciones razonablemente un conflicto como el de Rusia-Ucrania, o el de Vietnam-EEUU, es aconsejable pero no debe causar demasiadas esperanzas.

En otras palabras, creer que por la vía del diálogo, la negociación y los acuerdos mutuos, todo puede solucionarse, es una posición ingenua que crea problemas mayores. No digo que sea mala, ni que deje de usarse, pero sí digo que es de aplicación muy confinada.

La posición está bien ilustrada en un cierto momento del conflicto entre Rusia y Ucrania:

“The leaders expressed their grave concern over Russia’s clear violation of Ukrainian sovereignty and territorial integrity, which is a breach of international law and a threat to international peace and security,” the White House said in a readout of the talks. “The leaders stressed that dialogue between Ukraine and Russia should start immediately, with international facilitation as appropriate.” xinhuanet.com 3 marzo 2014

El problema que tiene la posición de la solución dialogada se produce cuando ella es la única opción considerada por una de las partes. Si la otra no comparte la misma idea, el diálogo no servirá. Veamos esto más de cerca.

Arreglar problemas por la vía del diálogo puede ser útil solo cuando las dos partes piensan más o menos lo mismo. Cuando comparten ese mismo marco mental, creyendo que la solución última por la fuerza no es una opción.

Pero si una de las partes no comparte ese optimismo idealista que todo diálogo contiene, entonces el arreglo seguramente no llegará por esa vía. La clave de la mentalidad que propone solo al diálogo está en su idealismo y si la parte contraria se disfraza de idealista también, tenderá a ganar.

Es decir, dentro de lo francamente bueno que contiene la posición que propone el diálogo para resolver conflictos, hay dos eslabones en extremo débiles. Uno de ellos es el creer que es la única manera correcta de arreglarlos y, como consecuencia, no estar preparado para la posibilidad violenta.

La otra debilidad es la mentalidad misma del proponente del diálogo y que le lleva a actuar como un ingenuo que cree al pie de la letra lo que la otra parte le dice. Aprovechando esa credulidad, la otra parte lo engaña totalmente, evitando que se prepare para la siguiente etapa violenta.

Quizá el ejemplo más famoso fue la creencia de Chamberlain, el primer ministro británico, de que Hitler respetaría su palabra. Obviamente no lo hizo.

Este es el punto que bien vale una segunda opinión. El del optimismo idealista que posee el partidario del diálogo y la negociación como sistema que garantiza soluciones. Es la mentalidad democrática llevada al extremo y que no tiene otra posible solución que la del diálogo democrático.

Nada hay que no puede arreglarse por esa vía, según ese optimismo soñador, lo que le lleva a suponer que todo está sujeto a discusión, diálogo y negociación. Una suposición infantil que contiene el peligro de acordar democráticamente que no haya diálogo democrático.

Peor aún, este optimismo idealista en pro del diálogo lleva a comprender al mundo en dos partes opuestas. Por un lado, los que tienen la posición superior de la opción del diálogo y, por el otro, todos los demás, sean los que sean.

Lo que he intentado mostrar es una faceta de la mentalidad progresista de nuestros días, la que está infectada de un optimismo idealista que no es malo en sí mismo, pero que le lleva a suponer entornos un tanto fantasiosos. Vivir en la irrealidad lleva a errores.

Un caso que ilustra esta mentalidad en otros terrenos es el de la discusión sobre el aborto y los matrimonios homosexuales, donde el optimista idealista aplica su fe irrestricta en el diálogo. Supone así que el voto mayoritario o la opinión de la mayoría constituyen verdades irrefutables.

Un buen ejemplo de esa mentalidad que aísla de la realidad son las ideas de Oliver Stone sobre Hugo Chávez y el documental que realizó estrenado a un año de su muerte:

“Son entrevistas que dan una idea de amor, amistad, y de lo mucho que se le extraña, incluso yo… el espíritu, su presencia, cuando caminaba por el cuarto, sabías que era el ‘jefe’” mexico.cnn.com 4 marzo 2014.

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