Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Perspectivas Personales
Leonardo Girondella Mora
5 febrero 2014
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La persona, siendo parte de la sociedad, tiene enfrente dos posibles formas de entenderse a sí misma separador.001—entre las que obviamente hay gradaciones. Dos maneras de ubicarse ella dentro de esa comunidad en la que vive.

En lo que sigue exploro de manera esquemática las dos perspectivas que las personas pueden adoptar como partes de la sociedad.

• La perspectiva personal. Quien se guían por esta visión de sí mismo, tiene un sentido de identificación propia frente a los demás y una forma de pensar que le hace valorarse en lo individual.

En esta perspectiva hay percepción de libertad y de responsabilidad individuales, con un cierto recelo en contra de limitación de libertades, más una dosis importante de inquietud personal que lleva a desarrollar iniciativas propias.

• La perspectiva impersonal. Quien se guía por esta visión de sí mismo no tiene una clara identificación de sí mismo en lo individual. Lo que más le sirve para identificarse es su pertenencia a algún grupo o segmento, del que se siente parte y sin el que perdería identidad.

No tiene una percepción valiosa de su libertad y menos aún de las responsabilidades que ella acarrea. No tiene grandes inquietudes personales de cambio, aunque viéndose como parte de un grupo podrá actuar como parte de él.

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Lo que tomo como punto de partida es la idea de dos visiones o perspectivas que sirven a la persona para entenderse a sí misma dentro de la sociedad —y el papel que ellas juegan en esa comunidad.

En la visión personal, la gente mantiene su identidad propia e individual —aún siendo parte de la sociedad, se conserva la diferencia que sirve para distinguirse del resto. El individuo no desaparece absorbido por la colectividad, sino que surge fácilmente identificable.

En la visión impersonal, por el contrario, la gente se pierde en medio de los grandes números de la masa —y deja su identidad propia, o mejor dicho, la que posee es sólo una referencia del grupo al que siente pertenecer.

En la medida en la que cualquiera de las dos perspectivas domine a un país, habrá consecuencias para su destino y prosperidad —siendo la visión personal la que mejores resultados produzca.

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La idea, apuntada aquí de manera breve e inacabada, sugiere la existencia de dos formas generales de verse a sí mismo —la de la persona que conserva su individualidad y se entiende como alguien único e irrepetible y la de quien carece de ese sentido de individualidad, dándose valor sólo como parte de alguna colectividad.

También, esas dos visiones las tiene el gobernante sobre aquellos a quienes gobierna —a los que puede entender como personas individuales, diferentes y únicas, que tienen valor en sí mismas; o, por el contrario, entenderlas solamente como elementos indiferenciados de la colectividad.

Me parece claro que en nuestros días, la perspectiva que domina la mente del gobernante es la que mira primero a la colectividad con gran atención, pero que descuida a la individualidad de las personas. Esto favorece medidas gubernamentales de tipo colectivista y que desvalorizan a la persona en sí misma, incluyendo sus libertades.

Parecería que el gobernante tiene gafas que sólo enfocan los grandes números, los grupos numerosos, los sectores importantes —y en esa forma entiende a la persona individual, la que no tiene más significado que su pertenencia a un sector o grupo.

Amante de las colectividades, el gobernante que padece esa miopía, habla de voluntad popular, de sectores obreros, de grupos enemigos, de industria nacional, de voz del pueblo, de segmentos marginados, de cualquier otro grupo —pero jamás de personas individuales, a las que no alcanza a ver.

Es como si únicamente pudiera ver el bosque, sin entender que está formado de árboles —acepta y entiende el concepto de bosque, pero el concepto de persona le es ajeno e incomprensible.

Tal vez, incluso, puede asignarse a esto la idea de paradigma —la manera profunda y tácita en la que se entiende un fenómeno complejo y que afecta la manera entera en la que se plantea su estudio. Comprender a la persona sin necesidad de su individualidad y sólo como parte de algo mayor, la sociedad.

No creo que exista mucha necesidad de aceptar que en la visión impersonal sobra la idea de la libertad y la responsabilidad —dos ideas que son propias del individuo, no de las colectividades.

Con lo anterior he intentado buscar una explicación de la pérdida del sentido de la libertad en nuestros días, no sólo en países subdesarrollados, donde nunca ha sido realmente popular —sino, lo más sorprendente, en países desarrollados, producto de la libertad y cuya juventud lejos de reclamar libertades exige volverse dependiente de los gobiernos.

Nota del Editor

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