Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
México Hoy: Asunto Práctico
Eduardo García Gaspar
1 diciembre 2014
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La situación es seria. androjo

Siendo reciente, actual y en desarrollo, tiende a ser vista sin tranquilidad.

Me refiero a los sucesos en México en estos momentos.

En lo que sigue intento verlos esquemáticamente por medio de sus actores.

Se tiene, me parece, un par de tipos de actores que juegan los papeles principales.

Uno de ellos es el gobierno, todo él. Conformado por un gran número de personas y organismos, presenta una situación particular que resumo a continuación en tres variables.

El gobierno actual, así como los anteriores, tienen en común un rasgo central de aplicación de políticas fracasadas que en resultado neto han logrado un país que está en una situación económica aceptable, pero que podía estar en una situación significativamente mejor.

Las políticas consistentemente mediocres son producto de ignorancia económica y política, pero también de preferencias ideológicas claramente inclinadas a regímenes intervencionistas, socialistas y de estado de bienestar.

En esos gobiernos se ha arraigado la corrupción, el aprovechamiento inmoral e ilegal de la posición de los gobernantes para beneficio personal. A lo que añado la realidad de recursos cuantiosos manejados irresponsablemente.

La autoridad mexicana registra su peor fracaso en sus labores de impartición de justicia y mantenimiento del orden público. Esto es lo que ha permitido la terrible situación de criminalidad que se tiene, sea o no debida al narcotráfico.

El otro de ellos es la masa de organizaciones y personas, que explícita o implícitamente, forman las marchas de protesta que se justifican a sí mismas en la matanza de personas en Ayotzinapa, Guerrero.

Un hecho que ha servido para acumular cualquier otra protesta contra el gobierno actual, sea la que sea, incluyendo notablemente la de los maestros opuestos a la reforma educativa. Hay en este grupo todo personaje y organismo que se ve dañado por no estar en el poder, al que quiere acceder por el medio que sea.

Este otro actor de la situación actual es una mezcla de todo lo imaginable, desde los radicales violentos anarquistas hasta los bienintencionados de profunda ingenuidad. Realiza lo único que puede hacer, protestar y hacerlo de la manera más visible y llamativa que se pueda, con el elemento constante de estos movimientos: exigencias crecientes y sin límite, combinadas con vandalismo.

Seleccionar entre esas opciones de grupos es, como dice un amigo, “verse obligado a seleccionar entre lo imposible y lo impensable”. Creo que es algo que vale una segunda opinión.

Dice él que es imposible pensar que a la larga puede mantenerse un gobierno de la naturaleza del que se tiene. Y que, peor todavía, es impensable considerar una opción de carencia de gobierno, como bien muestra la realidad de los sucesos posteriores a la independencia en 1821 y a la revolución en 1910.

Su modo de pensar es perspicaz. No hay duda de que el gobierno mexicano y los partidos políticos son un fracaso colectivo demostrado. Fallan en la labor central de un gobierno, la de mantener el orden, combatir el crimen, tener policía efectiva y una labor judicial aceptable.

Fallan consistentemente, con algunas pequeñas excepciones, en la aplicación de políticas económicas propicias al desarrollo. Su ignorancia económica parece ser supina. Y, peor aún, los puestos de gobierno han atraído a personas que tienen un sentido moral inexistente.

Y, sin embargo, el gobierno actual y los que sigan, si se mantiene la democracia, constituyen el único camino aceptable por el que puede transitarse hacia las correcciones necesarias en política económica, reformas judiciales y las demás. El camino que presenta el segundo actor, dice mi amigo, conduciría a dos situaciones en extremo negativas.

Llevaría hacia el desorden político y la lucha por el poder, otro escenario parecido al posterior a la revolución y que fue simplemente lucha por el poder, la que terminaría en el establecimiento de un régimen no democrático con los mismos rasgos del que creó la revolución.

Según mi amigo, hay en esta situación mexicana no un problema de creencia ideológica, ni de preferencia partidista, sino uno de eminente sentido político práctico. El de optar, entre dos males, por aquel que tiene el potencial de causar menos daño y mayores oportunidades de solución a la larga.

Post Scriptum

En mi experiencia, que viene de conversaciones con ciudadanos comunes, he encontrado todo tipo de opiniones, y entre ellas un común denominador: a pesar del fuerte rechazo a los gobernantes actuales, es aún mayor el rechazo a las acciones y peticiones de las protestas.

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