Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es La Misma Gente
Leonardo Girondella Mora
8 diciembre 2015
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Es usual dentro de los círculos políticos que se expresen burlas sobre la demanda de productos —a la que se suele calificar de caprichosa, poco racional, impulsiva y tonta.

En lo que sigue intento explorar la razón de esas burlas y hacer ver que ella son injustificadas —más aún, intentaré hacer ver que las mismas burlas podrían hacerse a las elecciones a puestos de gobierno.

Comienzo por aclarar qué es la demanda. Es un concepto abstracto que representa decisiones de compra que el consumidor toma —acumulando miles de decisiones de miles de consumidores es posible entender la lógica de la demanda: cuando los precios de un bien bajan aumentará la cantidad demandada de ese bien; y viceversa.

En conjunto con la oferta, la demanda establecerá precios para cada uno de los bienes, en los que tendrá una influencia muy directa esa serie de decisiones de los consumidores —y, claramente, también de los productores.

Es esa serie de decisiones de los consumidores lo que intenta justificar las burlas y críticas, acusando a las decisiones de emocionales, impulsivas, irracionales, caprichosas, incomprensibles.

Mi tesis es que esos mismos consumidores a quienes acusan de irracionales, son los que votan en las elecciones —las mismas personas a quienes los candidatos en campaña pretenden atraer para que voten por ellos.

Si los políticos creen que los consumidores toman decisiones injustificadas, resultaría muy extraño que no pensaran igual sobre las decisiones de votos —tendría que concluirse forzadamente que las decisiones de voto sólo también irracionales y caprichosas.

Una decisión de compra puede ser entendida también como una decisión de voto electoral —el consumidor vota por una marca concreta de, por ejemplo, piña enlatada. La decisión de compra de un producto no es en el fondo diferente a la decisión de voto por un candidato.

Esas decisiones de compra y de voto son tomadas por la gente según sus propios criterios, gustos y opiniones. Seguramente algunas de esas decisiones serán irracionales e incluso tontas —pero también algunas otras serán razonables e inteligentes.

Las burlas en contra de la demanda de productos a la que los gobernantes consideran injustificable, lleva a estos a querer educar a las personas para seleccionar los productos y marcas que los políticos consideran adecuados según sus propios criterios.

Si los gobernantes actuaran con lógica, entonces también tendrían que educar a las personas para seleccionar a los gobernantes según criterios racionales —y, en sus campañas electorales, los gobernantes tendrían que volverse también racionales y apegarse a la verdad, lo mismo que exigen a la publicidad de productos.

Lo que quiero decir quizá pueda expresarse de otra manera. Cuando un gobernante en campaña electoral se dirige al electorado, suele llenarlo de alabanzas y pensar que se trata de personas inteligentes —sin embargo, cuando la misma gente selecciona productos piensan que esa gente es irracional.

Esto es lo que produce una situación paradójica. Por un lado en una democracia, se parte del principio de que la voluntad de la gente es digna de todo respecto —cuestionar esa voluntad popular es algo casi prohibido.

Sin embargo, por el otro lado, cuando se observa la conducta de los consumidores, muchos expresarán burlas acerca de la vulgaridad los gustos y la irracionalidad de las decisiones —a pesar de que esa misma gente en el terreno político es considerada intocable.

Si es que la «voluntad general» es un concepto que merece todo respeto, por necesidad debe concluirse que ese mismo respeto lo merece la voluntad general cuando ella decide comprar.

Finalmente, puede llegarse a otra conclusión. Si se solicita libertad para que las personas voten por aquellos candidatos a los que consideran mejores, resulta obvio que también se necesita pedir libertad para que las personas compren lo que a ellas les parezca mejor.

Con esto quiero terminar. Resulta incongruente pedir libertad en el terreno político para tener una democracia plena y no pedir la misma libertad en el campo económico —los gobiernos elegidos democráticamente caerían en una contradicción si ellos no respetan la libertad económica con la misma intensidad.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras