Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mal Gobierno, su Probabilidad
Eduardo García Gaspar
22 septiembre 2015
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Los gobiernos no han mejorado. Siguen ellos teniendo los mismos problemas de siglos atrás.

No hay una mejoría gubernamental como en cambio ha habido un adelanto científico y tecnológico.

Esta es la idea que sostiene también Barbara Tuchman.

Los gobiernos siguen teniendo los mismos problemas de antes, de hace siglos. Ahora disponemos de un iPad, pero seguimos sufriendo los mismos defectos gubernamentales del tiempo de la escritura jeroglífica.

Eso, que sabemos todos, puede ser ampliado pintando un panorama un tanto triste: la probabilidad de tener un mal gobierno es mayor que la de tener un buen gobierno. Las especulaciones siguientes quizá merezcan alguna atención.

• Primer caso, una nación cualquiera disfruta ahora de un buen gobierno y goza de una prosperidad creciente. La riqueza aumenta, la pobreza disminuye. Llega el tiempo de elegir al gobierno siguiente.

Mi creencia es que habrá más probabilidad de elegir a un gobierno malo que a uno bueno. A uno que llegue al poder usando argumentos de odio de clase y desigualdad, y que piense usar la riqueza creciente para financiar sus políticas redistributivas.

La riqueza y la prosperidad crecientes son tierra fértil para la autodestrucción cuando se olvida la causa de la creación de riqueza creyendo que se tiene derecho a ella y que los gobiernos son responsables de repartir (no de facilitar que otros produzcan). Esto se parece a la idea de Ortega y Gassett.

Casos como este son, imagino, el de Chile en los últimos años dando origen a un gobierno socialista actual; el de Argentina hace muchos años y que dio entrada a Perón; el de Europa Occidental y la implantación del estado de bienestar.

• Segundo caso, una nación cualquiera padece ahora un gobierno malo y está en medio de un estancamiento económico; la pobreza se reduce poco y este país no prospera como pudiera. Mi creencia es que este escenario lleva también a la mayor probabilidad de elegir a un gobierno que empeore las cosas.

Este es el caso de, por ejemplo, Nicolás II en Rusia y el posterior régimen soviético; de Batista en Cuba a Castro. Lo que describe la existencia de D. Trump en la situación del gobierno de Obama; lo que alienta las posibilidades de López Obrador con el gobierno de Peña Nieto en México.

Un mal gobierno actual, en otras palabras, eleva la posibilidad de un gobierno futuro aún peor. La desesperación del electorado se convierte en un terreno fértil para el surgimiento de redentores sociales (recuérdese a Hitler y la República de Weimar). Como se ha escrito:

«Hitler era un orador potente y cautivador que atraía a un gran séquito de alemanes desesperados por un cambio. Les prometió a los desencantados una mejor vida y una nueva y gloriosa Alemania. Los nazis apelaban especialmente a los desempleados, los jóvenes y a las personas de la clase media baja (propietarios de pequeñas tiendas, empleados de oficina, artesanos y granjeros)».

Conforme peor sea un gobierno en la percepción de los ciudadanos, mayor es la probabilidad del surgimiento de nuevos gobiernos aún peores. Esto será especialmente marcado en aquellas naciones en las que la democracia sea nueva y no se comprenda aún que el gobierno no es la solución universal de problemas.

Igualmente, será más marcado en el monto en el que dominen las ideas socialistas, incluso en países democráticos de tradición, las que cierran el panorama político y solo consideran a la alternativa de mayor intervención estatal.

Esto es lo que puede verse en la existencia de un candidato a presidente en los EEUU, B. Sanders, un socialista declarado.

Lo que he intentado hacer con brevedad con lo anterior es exponer una idea pesimista, o quizá simplemente realista. Ella explica en buena parte un fenómeno real e innegable, la consistente mala calidad de los gobiernos, definida como causa de un mal desempeño general que produce una prosperidad mucho menor a la posible.

El éxito de una gran prosperidad en una nación contiene el germen del surgimiento de un gobierno intervencionista elegido por sus promesas de redistribución de recursos que no podrá continuar creando. La prosperidad es el caldo de cultivo para las envidias sociales.

El fracaso de una prosperidad estancada contiene también la semilla del surgimiento de un gobierno intervencionista más extremo que el anterior y peor que él. La desesperación del electorado es caldo de cultivo que aprovecha el gobernante que promete utopías terrenales entre los más afectados.

Post Scriptum

Hay otra variable considerable, la atracción por el poder que tienen los gobernantes. Ellos endosarán con mucha mayor frecuencia escuelas y doctrinas políticas que justifiquen el aumento del poder gubernamental, que modos de pensar que quieran disminuirlo.

Quizá esto explique la gran abundancia de partidos socialistas e intervencionistas y la escasez de partidos liberales y libertarios. En México, por ejemplo, los tres partidos principales tienen una clara inclinación socialista (más pragmática que doctrinaria, me imagino). Véase, No, no lo Vuelvas a Decir.

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