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Economía Mexicana Ahora
Selección de ContraPeso.info
26 junio 2017
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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El disminuido crecimiento económico mexicano es la idea de Manuel Sánchez González en esta columna.

El dinamismo de la economía mexicana en los años recientes, inferior al promedio histórico, refleja factores que podrían ser transitorios.

No obstante, el insatisfactorio desempeño económico de largo plazo del país pone de relieve la necesidad de ampliar y profundizar las reformas estructurales.

De 2013 a 2016, el crecimiento medio anual del PIB de México fue 2.1%, tres décimas por debajo del observado durante el presente siglo.

El principal determinante de esta desaceleración se relacionó con la caída de la producción y del precio internacional del petróleo.

En efecto, un análisis de la evolución de los tres grandes sectores de la economía revela que el agropecuario y el de servicios se expandieron, respectivamente, a un ritmo promedio de seis y siete décimas por arriba del dinamismo del PIB, mientras que el industrial lo hizo 1.3 puntos porcentuales por debajo.

Claramente, el freno de la expansión económica se ha encontrado en la industria.

El sector industrial aporta aproximadamente un tercio de la producción del país. Un poco más de la mitad se relaciona con las manufacturas, las cuales ejercen una influencia notable sobre la economía, por estar muy integradas con el resto del mundo, en especial con Estados Unidos, mediante el comercio de mercancías, y por entrelazarse con otras áreas productivas internas.

Por orden de tamaño, los siguientes segmentos industriales son la construcción, que suele ser un indicador líder de la actividad económica, y la minería, la cual contiene, como su principal componente, la extracción de petróleo y gas.

El mínimo restante corresponde a electricidad y suministro de gas y agua.

Cabe destacar que la producción manufacturera se expandió cada año, si bien de forma descendente desde 2014, a una tasa media cercana al crecimiento histórico del PIB y superior a su propia referencia promedio.

De ahí que el menor vigor de la producción manufacturera de Estados Unidos, la cual suele estar relacionada con la de México, no parece ser el principal factor del menor dinamismo industrial.

La raíz de la explicación del debilitamiento de la industria se encuentra en el petróleo. Ello se observa, de manera directa, en la continua y cada vez mayor contracción minera, la cual alcanzó 6.4%, la más grande de la historia moderna, en 2016.

En esta evolución, influyó el descenso de la producción petrolera, acentuado desde 2014, así como el reciente desplome de los servicios relacionados con la minería.

La relevancia del petróleo se constata, además, de forma indirecta, en el virtual estancamiento de la construcción, que incluye una sustancial caída de la no residencial, en gran medida, de las obras públicas.

El derrumbe de los precios del petróleo y la todavía elevada dependencia de los ingresos presupuestales respecto a esa materia prima, condujeron al gobierno federal a recortar su gasto de inversión, especialmente el relacionado con la construcción.

De esta manera, mientras que el consumo total aumentó aproximadamente al ritmo del PIB, la inversión lo hizo muy por abajo.

La debilidad de la inversión se debió exclusivamente a la persistente caída de las erogaciones públicas. Aunque con significativa variabilidad, tanto la inversión privada como las exportaciones de bienes y servicios se incrementaron a tasas medias muy superiores al producto.

A juzgar por los datos del primer trimestre, es probable que durante 2017 el crecimiento del PIB continúe limitado por las consideraciones asociadas al petróleo.

Sin embargo, estas restricciones podrían irse liberando a medida que la producción petrolera aumente, como resultado de la reforma energética, y los precios del petróleo se recuperen.

Finalmente, la discusión coyuntural anterior tiene relevancia, en gran parte, porque el crecimiento económico disminuido que últimamente ha tenido México arranca de una referencia histórica, de por sí, decepcionante.

La expansión económica de largo plazo del país ha sido menor a la de América Latina y menos de la mitad de la correspondiente a las economías emergentes.

Esto conduce, inevitablemente, a la pregunta sustantiva sobre por qué la economía mexicana crece tan poco. La respuesta no puede ser sencilla, ya que el crecimiento económico es resultado de un sinnúmero de factores.

Empero, y sin llegar a generalizaciones excesivas, podría decirse que tales elementos definirían un ambiente favorable a los negocios. Se trata de instituciones que favorezcan la inversión y la productividad. Las reformas estructurales iniciadas recientemente van en esa dirección. No obstante, difícilmente pueden agotar las tareas pendientes. El camino por recorrer es largo.

Nota del Editor

Esta columna fue publicada anteriormente en El Financiero. Agradecemos al autor, Manuel Sánchez González, y a El Financiero el amable permiso de reproducción. Manuel fue subgobernador del Banco de México durante 2009-2016 y es autor de Economía Para Desencantados.

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