Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La exclusión de la inclusión
Eduardo García Gaspar
6 noviembre 2017
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
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A mayor variedad, mayor riqueza. A más diversidad, mejor sociedad.

La idea es simple, de seguro demasiado simple.

Eso que se afirma, supone una sociedad que florece con la sola adición de lo que se llama diversidad: más razas, más religiones, más culturas foráneas, más idiomas, más etnias, más variaciones sexuales, más modos de pensar, lo que a usted se le ocurra.

Es una suposición creada en la cultura Occidental, parte de eso que puede llamarse progresismo, una serie de ideas que suponen posible la existencia de una sociedad ideal por medio de la acción gubernamental.

Uno de sus cimientos centrales es la diversidad cultural: la sociedad ideal posible se logrará añadiendo pluralidad cultural, variedad, heterogeneidad y todo eso que se connota en los términos “multiculturalidad’ y ‘pluriculturalidad’.

Mucho de las loas a la inmigración tiene este origen, el enriquecer a la sociedad por medio de la multiplicación de su diversidad, especialmente de razas, costumbres y religiones. El aumento de esa variedad traería a la sociedad mayor riqueza, la haría mejor y florecería pudiendo alcanzar ese estado de utopía que propone el progresismo.

Existe, sin embargo, un aspecto olvidado: una sociedad necesita consistencia, cohesión, unión, solidez. Algo que la una, articule y adhiera. No es que la diversidad en sí misma sea mala, pero puede serlo si se olvida la necesidad de las ideas de unión: «territorio, buen gobierno, las rutinas diarias de buenos vecinos, las instituciones de la sociedad civil y el funcionamiento de la ley» (véase la cita abajo).

La diversidad sola, mucho me temo, no creará una sociedad mejor, si no se añade el elemento de la unión. De todos esos elementos comunes que producen vínculos, relaciones y conexiones; y que no pueden ser tirados por la borda porque eso desmembraría a la sociedad haciéndola una reunión inconexa de individualidades indiferentes entre sí, o muy posiblemente en conflicto.

Esta es la omisión que creo que bien merece una segunda opinión. Poner toda la atención en la diversidad cultural ha producido una amnesia sustancial, la de abandonar las ideas que son comunes a esa sociedad y que la unen. La sociedad diversa debe también tener una cultura común.

La omisión, que es indiscutible, tiene sus efectos que no son insignificantes. Cuando se pone toda la vista en la adición de elementos culturales diferentes creyendo que eso basta para hacer que la sociedad florezca, se ignora que esa idea misma es producto de una cultura, la Occidental, cuyas ideas y creencias no pueden ser ignoradas sin costo.

Lo que la diversidad cultural produce es una situación riesgosa para la cultura que ha creado esa idea, pues ella misma se relega y menosprecia. Se llega a suponer que las «pluralidades» adquiridas son superiores a las propias y que las propias deberían desaparecer para tener el florecimiento buscado.

Esto puede verse en los esfuerzos que se hacen para que las nuevas maneras de pensar no se sientan ofendidas y se adapten con un esfuerzo mínimo a la sociedad que las ha admitido. Es decir, la sociedad que les ha abierto la puerta se rebaja por medio de esa palabra tan común ‘inclusión’.

Esa inclusión, llevada a su extremo, significa marginar a la cultura propia, esa que ha creado la idea de la pluralidad y diversidad. Y hace algo curioso, es ella la que cambia y modifica sin exigir nada a cambio a las «pluralidades» que ha admitido, las que terminan por aumentar su dominio (en el que no existe la idea de la inclusión, ni de pluralidad).

Un ejemplo:

«La inclusión es necesaria si queremos: • Un mundo más equitativo y más respetuoso frente a las diferencias. • Beneficiar a todas las personas independientemente de sus características, sin etiquetar ni  excluir. • Proporcionar un acceso equitativo, haciendo ajustes permanentes para permitir la participación de todos y valorando el aporte de cada persona a la sociedad». inclusión.redpapaz.org

¿Dónde queda esa parte que forma a los elementos comunes que unen a la sociedad? Sin ellos, se desintegraría por olvidar aquello que la produjo y dio consistencia, tanta como para crear la idea de la diversidad.

La inclusión, al parecer, ha excluido a la propia cultura que la creó.

Post Scriptum

Esto ha sido tratado ya en una buena obra:

«The long-term effect of this has been to open Western societies to immigration, and to impart an ideal of citizenship that, it is hoped, will enable people of disparate origins and backgrounds to live together, recognizing that the real source of their obligations lies not in that which divides them – race and religion in particular – but in that which unites them – territory, good government, the day-to-day routines of neighbourliness, the institutions of civil society, and the workings of the law. Sometimes it works, sometimes it doesn’t». Scruton, Roger. How to be a conservative (Kindle Locations 1632-1636). Bloomsbury Publishing. Kindle Edition.

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