«Eres un conservador». Este es quizá uno de los mayores insultos que alguien pueda recibir.

Ser acusado de conservador es un modo rápido y eficaz de descalificar todo lo que sea que la persona piense y diga, por inteligente y razonado que pueda ser.

Hablando de México, un columnista asegura que,

«Lo que sorprende es que, como de costumbre, aquí casi nadie se define conservador porque les da pena. Extraño caso en un país eminentemente conservador». Juan Ignacio Zavala

Y también, con toda razón, que,

«Parte de nuestro problema es creer que el conservador es la caricatura que se ha hecho de una opción válida y que nada tiene que ver, por ejemplo, con la religión». Ibídem.

Mi punto es ir en contra de visiones tontas que reducen al conservador a casos como este:

«La chica fue detenida tras grabar un video en el que iba caminando con una falda corta y un top sin mangas por un monumento en una de las provincias más conservadoras del país, según se supo después de que la televisión estatal Al Ekhbariya informara del suceso». univision.com

Lejos de ser un insulto que caricaturiza a quien es asociado con actitudes de retrógrado y reaccionario, el conservador tiene opiniones que son ricas en significado.

Por ejemplo, su rechazo consistente contra el socialismo y la expansión estatal. Y, más aún, su defensa de la dignidad personal y la libertad individual, lo que le hace un insospechado aliado del defensor de la libertad. Un aliado por demás curioso, porque le sirve de ayuda al liberal.

Sí, usted encontrará a conservadores tontos, cerrados y obtusos, que flaco favor hacen al conservadurismo. Pero, del mismo modo, existen liberales y progresistas que también son tontos, cerrados y obtusos. Encontrar a un conservador de ese tipo no cancela a la opción conservadora.

«Los conservadores no son reaccionarios. Como dijo Burke, “debemos reformar para conservar”, o, en un modismo más moderno: debemos adaptarnos. Pero nos adaptamos al cambio en nombre de la continuidad, para conservar lo que somos y lo que tenemos». Scruton, Roger. Conservatism: An Invitation to the Great Tradition (Kindle Locations 48-50). St. Martin’s Press. Mi traducción.

Siendo yo un defensor de la libertad humana, lo que me lleva a rechazar las ideas que acumulan poder en los gobiernos, debo confesar una gran simpatía por la mentalidad conservadora. La veo como una ayuda que pone en perspectiva a mi defensa de la libertad, haciéndola más sólida y real.

Para ser más concreto. Muchos de mis amigos liberales, en su sentido clásico original, que son incuestionables defensores de la libertad, suelen encontrar un gran punto de referencia en Ayn Rand. La citan con frecuencia colocándola en un nicho que a mi no me parece que merece.

Encuentro más ricas, sólidas y completas a otras defensas de la libertad, como las que han ofrecido Tocqueville, E. Burke, W. F. Buckley  y R. Scruton, más otros en los que encuentro la visión humana completa y real, no la frialdad abstracta del materialismo liberal de Rand.

En otras palabras, el conservadurismo hace una enorme contribución a mi liberalismo, al ponerlo en la realidad humana concreta, evitándome pensamientos demasiado abstractos. Esta contribución del conservador dada al liberal es invaluable.

Y una cosa más…

Una cita de Buckley ilustra esa mentalidad del conservador celoso de la libertad personal y que sospecha del poder estatal:

«No cederé más poder al estado. No cederé voluntariamente más poder a nadie, ni al estado, ni a General Motors […] Atesoraré mi poder como un avaro, resistiendo cualquier esfuerzo para drenarlo. Entonces usaré mi poder, como mejor me plazca. Me refiero a vivir mi vida como un hombre obediente, pero obediente a Dios, subordinado a la sabiduría de mis antepasados; jamás a la autoridad de las verdades políticas que ayer arribaron a la urna de votación. Eso es un tipo de programa, ¿no es así? Sin duda es un programa suficiente para mantener a los conservadores ocupados y los progresistas a raya. Y la nación libre». W. F. Buckley

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