gobernantes imperfectos

Los riesgos que presenta todo gobernante carismático. El carisma le permite ejercer su voluntad sin límites, en medio de aplausos, ocultando su megalomanía y sed de poder.

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Regímenes que necesitan al gobernante con carisma

Un cierto tipo de régimen requiere líderes carismáticos para facilitar sus acciones. Analizando ese asunto, un autor escribió:

«Los dictadores, su personalidad e intenciones percibidas, jugaron un papel importante en la legitimación de los sistemas políticos que dominaban. Es difícil imaginar que cualquiera de estos sistemas hubieran sido admirados sin sus líderes deificados y heroicos. Incluso un líder menos carismático o pseudocarismático era esencial para simbolizar las supuestas bendiciones de estos sistemas». Hollander, Paul. From Benito Mussolini to Hugo Chavez: Intellectuals and a Century of Political Hero Worship (p. 299). Cambridge University Press. Kindle Edition

Es decir, los regímenes que se basan en la acumulación de poder en el gobierno necesitan, para su éxito, que quien los encabeza sea carismático para un gran número de personas comunes.

Necesitan que en él vean una encarnación del total de virtudes y sentimientos paternalistas. Una especie de superhombre al que todos admiran y frente al que todos ceden.

Y, más aún, uno de los grandes riesgos del gobernante carismático. Se usará ese carisma para disfrazar la realidad del líder: su «hambre inmensa de poder, creencia en su papel histórico e importancia, un sentido de misión, megalomanía y ser despiadado» (ibídem).

El gobernante carismático presenta, por tanto, dos riesgos que deben ser hechos explícitos

  1. mantener al líder como un objeto incuestionable de virtudes que le permita acumular poder en su gobierno con beneplácito popular y
  2. ocultar la realidad de soberbia, megalomanía y crueldad.

Carisma y culto a la personalidad

Carisma es, por supuesto, esa capacidad personal para cautivar a otros, para atraerlos y seducirlos, logrando convertirlos en adeptos y admiradores.

En casos extremos, los convertirá en fanáticos incondicionales dispuestos a todo por su líder.

Y el carisma es un elemento conveniente y de extrema utilidad en la proporción en la que un gobierno acumule poder en él y en su líder. Cuanto más centralizado está el poder en una persona más carisma necesitará, es decir, más incondicionales requerirá.

La idea del «culto a la personalidad» ayuda a describir este riesgo del carisma del político autoritario: «la elevación y adulación a escala religiosa, de un líder vivo y carismático, generalmente un jefe de Estado o un dictador» es.metapedia.org.

Ejemplos de esto los conocemos, como Castro en Cuba o Chávez en Venezuela, e incluso Xi Jinping en China ahora mismo con sólidos indicios anteriores.

Riesgos del gobernante carismático

Pero hay peligro serio cuando el síndrome del político carismático tienta las mentes de segmentos importantes del electorado.

Cuando las personas comienzan a contemplar a los candidatos como líderes carismáticos e inician el proceso de convertirlos en la encarnación de toda virtud detrás de lo que no perciben la simple ambición de poder.

Concluyendo

En resumen, la aparición de líderes carismáticos en una democracia corresponde a la desaparición de esa misma democracia que les permite su entrada.

¿Para qué se necesita democracia si se tiene al superhombre en el poder? Y la respuesta a esa pregunta inclina a partes importantes del electorado a dejar de lado a las ideas de democracia y república. Y todo comienza a girar en el quién gobierna, no en el cómo gobierna.

La mente del gobernante carismático

Comienzo por eliminar tipos de personas que no quieren ser parte de un gobierno. Esos a quienes no interesan los asuntos públicos, me imagino, se eliminan a sí mismos.

También, esos que tienen dedicación por sus propios intereses personales. Deben ser dos grupos grandes.

Igualmente se descartan muchos que no creen tener la preparación y, sobre todo, esos a quienes los asuntos políticos causan asco.

Estos últimos, se ha dicho, son personas con preparación y conocimiento, hábiles y preparadas, que por vocación propia se apartan de la política considerándola una ocupación envilecida y sucia.

Los interesados en gobernar

Por eliminación, en esta especulación, quedan personas que tienen un interés marcado en ser parte de un gobierno. ¿Qué interés puede moverlos a tener ese deseo?

Puede especularse que deben tener ciertas motivaciones centrales, algunas nobles, otras bajas.

1. Motivación altruista

Lo más obvio es una motivación altruista, el tener la inquietud de hacer el bien desde el gobierno. Es una actitud no muy diferente a la del misionero y de quien tiene sentimientos compasivos.

Incluso también similar a la del activista social que tiene una agenda política acerca de algún tema. Es un tipo que piensa desinteresadamente creyendo que puede hacer un bien a todos.

2. Motivación egoísta

Segundo, una motivación más oscura y temible, la del que desea aprovechar su posición de poder en beneficio propio. Uno de los riesgos inherentes al gobernante carismático, pero no el mayor.

Un beneficio propio muy claro es el dinero, que convierte a este tipo de persona en un vil ladrón que aprovecha los enormes recursos de los gobiernos para apropiarse de parte de ellos.

Lejos de querer hacer el bien, este tipo de gobernante quiere lograr su beneficio personal. Este tipo de motivación para ocupar posiciones de gobierno, y robar, debe ser ocultada, mantenida en secreto.

Y lo es, este tipo de gobernante siempre hablará de su vocación de servicio a la comunidad, de atención a los necesitados. Querrá aparecer como un ángel cuando es un demonio.

3. Motivación ideológica o académica

Es una motivación académica, sembrada generalmente en las aulas universitarias que produce una inclinación ideológica fundamentalista.

Se trata de los casos de personas que ha adoptado como verdad que lo explica todo a una ideología que ellas implantarán en la sociedad al llegar al poder.

Esta mentalidad ideologizada siembra en la mente la inquietud de emplearse en la única institución que tiene el poder para manejar a la sociedad entera y poder realizar la utopía que ha tomado como dogma

Será solamente siendo gobernante que la persona podrá realizar eso que considera como sociedad ideal y que ella conoce, aunque no el resto de las personas.

4. Motivación de obtener poder

Otro tipo de motivación, la más clara de todas: el deseo de poder. Es el adicto a la droga del poder.

Es una obsesión absoluta de llegar a tener un poder absoluto y así estar en una posición que no tenga obstáculos para hacer su propia voluntad, sin rendición de cuentas. Es un ansia de poder sin límites.

5. La motivación del iluminado especial

El mayor de los riesgos del gobernante carismático es el de sentirse iluminado y creerse la encarnación de las esperanzas de todos.

Para esta persona la nación morirá si él no gobierna. Solo él tiene el conocimiento y la sabiduría que se necesita. Peor aún, nadie es capaz de comprender realmente lo que está dentro de su mente. Necesita que lo dejen libre, sin hacer preguntas, sin dudar de la sabiduría que posee.

Su poder, por razones morales y para el bien de todos, no debe tener límites.

El gobernante carismático y sus riesgos

Los peligros se presentan cuando el gobernante siente ser un iluminado y tiene las motivaciones de poder e ideología, y ellos crecen sustancialmente si llega a ser visto como un líder carismático.

Entonces, se derrumban los frenos que evitan abusos de poder, como la división de funciones gubernamentales, y la sociedad entera está a merced de los caprichos y antojos del gobernante.

Con una característica muy especial. Un dictador, reconocido como tal, es un personaje reprobable. Pero el dictador carismático ya no, peor aún, se le ve como un héroe, como admirable.

Por eso repito las características que son la causa de los riesgos del gobernante carismático:

  1. el líder se convierte en una persona incuestionable y llena de virtudes que acumula poder con beneplácito popular y
  2. el líder oculta la realidad de su soberbia, megalomanía, sed de poder y crueldad.

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Y unas cosas más para el lector curioso…

Conviene ver:

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Semidoses políticos y su culto

Culto a la personalidad política. Una especie particular de ella, la del culto al candidato. Diferente a la del culto al gobernante ya en funciones.

Comencemos por el principio, el del culto estándar a la personalidad del político en el poder:

«El culto a la personalidad se refiere a un sistema establecido de veneración hacia un líder, al que se espera que todos los miembros de la sociedad se suscriban; un sistema omnipresente, que busca persistir indefinidamente». es.wikipedia.org

Es esta definición estándar, el culto a la personalidad consiste en diversas formas de adulación y veneración que se rinde a un líder que ocupa un puesto de gobierno.

Puede conocerse por la abundancia de estatuas, imágenes, afiches que pululan en lugares públicos; incluso se vuelve una materia de estudio en escuelas y tiene presencia constante en los medios.

El caso más clásico es el de J. Stalin, Otro es el de F. Castro y sus imágenes omnipresentes. Hay en este culto a la personalidad un cierto contenido religioso que coloca al líder por encima del resto en una posición que no puede ponerse en duda.

Me refiero a la existencia de un culto a la personalidad otorgado no tanto al gobernante ya en funciones, sino al candidato en campaña.

Este candidato en campaña, aún sin el poder que le otorgaría una posición de digamos, presidente, puede colocarse en un nivel ligeramente inferior de culto a su personalidad que el que tendría un gobernante ya en funciones.

Allí le venerarán, lo exaltarán, le rodearán de un culto que le hará ver como el salvador nacional que debe llegar al poder. El líder en el que potencialmente se convertirá.

Cuando eso sucede, y temo que no sea infrecuente, las elecciones democráticas se vuelven una competencia entre un semidiós y el resto de mortales candidatos, o una carrera entre semidioses.

Ninguna de estas posibilidades resulta aconsejable porque las palabras de los semidioses no están sujetos a crítica ni duda y las elecciones se convierten en una pelea violenta entre sus fieles y acólitos.

No habrá discusiones acerca de propuestas y políticas, sino tribunales que decretarán herejías, renegados y apóstatas. Y será elegido aquel que tenga más misiones de conversión a su persona como el salvador nacional.

Con una consecuencia indeseable, la pérdida de la libertad que la democracia debería proteger contra la expansión del poder gubernamental. ¿Quién osará poner en duda la santa palabra del ese candidato? ¿Quién se atreverá a apuntar siquiera un pequeño error que cometa?

¿Por qué tener una nueva elección en el futuro si ya se ha encontrado al semidiós que posee la verdad y personifica al pueblo entero del que conoce todo?

México y los personalismos

Lo anterior va muy ligado a un fenómeno muy visible en México: la incapacidad de centrar las discusiones electorales alrededor de ejes ideológicos.

No se habla de socialismo-capitalismo; de conservadurismo-progresismo; de proteccionismo-libre comercio; de intervencionismo-capitalismo; de asistencialismo-subsidiariedad y demás.

Las discusiones se construyen alrededor de personalismos, como porfirismo, salinismo, foxismo, panismo, calderonismo, villismo, priismo, zapatismo, carrancismo y los que usted quiera.

Esto resulta en un régimen sostenido más en personas que en instituciones y por eso, débil y con cierta inclinación a aceptar de buen grado un semidiós en el poder