Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Arte de Preguntar
Eduardo García Gaspar
11 febrero 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Un periódico de la capital mexicana reportó que, “La dos veces alcaldesa de Mérida, Ana Rosa Payán Cervera… será candidata por los partidos Convergencia y Partido del Trabajo… Payán Cervera renunció a su militancia de 23 años en el PAN después del proceso interno de ese partido…” (el Univeral, 9 de enero)

Es decir, esa mujer panista cambió de partido, del PAN se fue a otros de plataformas muy distintas.

Días antes, en un programa de radio, una persona recomendaba al auditorio que pusiera frente a sí a dos vasos de agua y que antes de tomar el primero le hablara al agua, orando con palabras como “agua buena, agua buena”. Por esas fechas, en una entrevista, un político había declarado que su vocación en la vida siempre había sido la de servir a la sociedad y que eso lo motivaba a cumplir su labor diaria.

También alrededor de esas fechas, en otro programa de radio, la conductora entrevistó a una experta en numerología, la “ciencia” de adivinar el futuro por medio de los números que están en los nombres y fechas de nacimiento de las personas. Y que llevó a descubrimientos tan profundos como cambiar la personalidad modificando las tarjetas de presentación.

¿Qué tienen en común todos esos casos? El cambio de partido de Payán, la oración a un vaso de agua, la vocación de servicio del político y el conocimiento del futuro por medio de los números se parecen porque todos esos casos reclaman una sola cosa: pasar por el filtro del sentido común. Son ejemplos de información que no puede tomarse al pie de la letra. Reclaman aplicar un sano y sincero escepticismo.

Sobre el rezo al agua, por ejemplo, cabe hacerse preguntas. ¿Hay agua políglota que entienda rezos en diferentes idiomas? ¿De dónde viene la idea? ¿Le debo rezar tambien al brócoli que tiene mucha agua? Lo que intento decir es que debemos hacer renacer el arte de hacer preguntas de sentido común ante la gran cantidad de información que nos lanzan a diario.

¿Debo creer en una mujer que cambia de partido de un extremo al otro? ¿Acaso no importan las ideas de los partidos o es más importante llegar al poder? Porque si las creencias políticas importan, entonces no sería lógico irse de un partido que cierta ideología a otro que tienen la opuesta. No se trata de asentar con severidad que Payán es una mercenaria del poder, sino de hacer algo que es más atrevido, preguntar.

Igual con lo de los números. Si con ellos pueden hacerse predicciones personales, entonces la técnica sería la más popular del mundo: habría evidencias como la selección repetitiva de nombres y el evitar casarse personas con ciertos apellidos. ¿Podría alguien que se nació en cierta fecha evitar estudiar y a pesar de eso tener éxito debido a haber nacido en cierto díaa? ¿Qué investigaciones prueban eso?

Insisto, no se trata de volcarse contra la persona que dice ser experta en leer cartas numerológicas. Se trata de hacer preguntas de sentido común. Quizá preguntarle cómo es que ella no tiene la fortuna de Gates sabiendo tantas cosas, o cómo explicar los vaivenes en la vida a pesar de que el nombre y la fecha de nacimiento son constantes. Creo que esto puede llamarse un escepticismo sano.

Ante la común aseveración de los políticos que afirman que son movidos por su gran deseo de servir a la sociedad, caben preguntas como la de por qué razón no se han dedicado a la filantropía, o no son parte de una misión hospitalaria en alguna selva. O interrogarlos sobre si es suficiente querer hacer el bien o también se necesita tener preparación.

El escepticismo sano y saludable no pretende establecer polémicas, ni tampoco agredir. Tan sólo persigue profundizar en la información buscando elementos que ayuden a elevar o retirar el nivel de confianza en lo que se afirma. Eso es todo y se trata de desarrollar de nuevo el arte de hacer preguntas destinadas a entender y comprender mejor. No es para nada la actitud del cínico quien expresa no creer en nada.

El cínico pierde, el escéptico gana. Es intentar desarrollar de nuevo ese arte, el del sentido común y por ejemplo, preguntarse, por ejemplo, qué es la especulación económica. ¿Es en verdad mala, o tiene resultados buenos? Preguntando llegaremos muchas veces a encontrar nuestros errores y eso vale más que el oro.


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