Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Política y Religión
Eduardo García Gaspar
5 julio 2007
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Empecemos por algo que sabemos. En los EEUU la religión influye mucho la conducta del ciudadano que vota: un buen sector de los estadounidenses decide votar considerando los principios de su religión.

Carter, Clinton y Bush hijo reconocieron su religión y hablaron de ella abiertamente. Kerry, por el contrario, durante las elecciones pasadas fue ambiguo, lo que ha hecho que la señora Clinton contrate una asesora sobre el tema y atraer el voto de ese segmento.

El efecto neto de lo anterior es una ventaja de los Republicanos, quienes son más abiertos a tratar y reconocer sus creencias religiosas que los Demócratas.

Votar a favor de los Republicanos es, por lo que se dice, un rasgo de los evangélicos cristianos, pero no tanto de los católicos, que son el grupo religioso menos constante en sus preferencias políticas.

El asunto es vital y tiene sus sutilezas. Los Demócratas tienen un gran celo por mantener la separación entre iglesias y gobierno, lo que es muy positivo.

R. A. Sirico, del Acton Institute, lo ha comentado diciendo que esa separación es buena para mantener limpias a las iglesias de la suciedad natural en la política. Los Republicanos tienen otro punto bueno: las creencias religiosas no pueden separarse de las decisiones políticas.

Por otra parte, en México suceden cosas diferentes. En contraste con los EEUU la política mexicana no toca el tema religioso. Se actúa como si no existiera, como si los políticos carecieran de creencias religiosas. Hablar de religión es tabú para un político.

Tenemos aquí por tanto el punto bueno de los Demócratas vecinos: esa separación mantiene limpias a las iglesias de la suciedad natural de la política y se da una sana separación de poderes. Muy bien.

Es eso que ya se ha dicho: resulta mejor moralizar a la política que politizar a la moral.

Y, adicionalmente en México se goza de otro punto sano, el de tener menos probabilidades del aprovechamiento político de las religiones.

No tenemos aquí, por ejemplo, el caso de Hillary Clinton contratando a una asesora para atraer a segmentos religiosos y convertir a la religión en una estrategia política hipócrita en potencia que quiere hacer aparentar al candidato como lo que no es.

Esos son los puntos buenos para la política mexicana, pero hay uno malo.

Aquí se ha hecho una transición errónea: la separación entre iglesias y estado ha sido convertida en separación entre religión y sociedad, haciéndonos un país escasamente religioso, menos que los EEUU en dónde la religión si es un tema a tratar. El tema es resbaloso y debo ser más claro.

Hay una diferencia entre discutir un tema e ignorar el tema. Hablar de religión, aunque sea acaloradamente, significa reconocer que existe y que es importante. Hacerlo de lado significa presuponer que no existe o que no tiene importancia.

Son cosas muy diferentes una y otra. Igual que son diferentes religión e iglesia. Separar a las iglesias del gobierno no implica ignorar a la religión y mucho menos separar a la sociedad de ella… pero eso es lo que se ha hecho.

En otras palabras, la política mexicana en este campo es más extrema y más simplista por cometer esos dos errores, creer que religión es igual a iglesia, e ignorar el tema dejando de hablar de él.

El punto merece una segunda opinión por ser uno escasamente reconocido y tener influencia poderosa en las personas. Y es que las creencias religiosas son la fuente más fuerte de las reglas de comportamiento humano al establecer cómo debemos actuar y lo que no debemos hacer.

Si se retira esa parte de los cimientos de la sociedad, ella se tambalea y sufre los efectos de fundaciones débiles. No digo nada nuevo. Ha sido dicho durante años.

Tocqueville, a mediados del siglo 19 escribió que no se puede ser libre sin tener creencias religiosas y que es imposible que las personas fabriquemos de la nada un código moral que ya existe.

Las religiones nos dan fuertes razones para limitar las opciones que la libertad nos presenta. Sin sus mandamientos la ética se limita a lo que la ley diga y resulta así que la moral es dictada por los gobiernos, instituciones célebres por emplear a personas muy alejadas del ideal.

En fin, preferiría el uso hipócrita de la religión por parte de los políticos que el hacer de lado el tema y cometer el serio error de creer que no existe.


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