Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Casos Iguales
Eduardo García Gaspar
30 agosto 2012
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La historia data de años. Pero, hace días sucedió algo.

Habitantes de un poblado en Michoacán destruyeron una escuela.

Dijeron hacerlo para evitar la educación laica en ese sitio.

Un poblado llamado Nueva Jerusalén, sede de una secta religiosa.

Total, según lo reportado, hay dos opiniones en ese lugar. Unos quieren la instalación de una nueva escuela, con educación laica. Otros no la quieren, desean que allí sólo exista la religión que profesan.

El asunto ha llegado a mayores: los que no quieren la nueva escuela usaron la violencia y amenazan con más.

Las noticias apuntan que cerca de 300 niños no pueden iniciar clases por causa de la oposición del grupo religioso. A su cabeza está alguien de nombre Martin de Tour, un sucesor de otro, llamado Papa Nabor.

De salirse con la suya, esos niños tendrían que ir a clases en pueblos aledaños.

En fin, el asunto es claro, uno de libertades, concretamente de libertad religiosa.

La idea básica es simple: a nadie le puede ser impedido el seguir sus propias ideas en cuestiones religiosas, así sea el renunciar a ellas. Eso es su derecho y todos lo pueden ver. Sin embargo, hay algo que suele dejar de verse con gran facilidad.

Los derechos son al final de cuentas una prohibición para el resto, una obligación en todos. Me explico.

El derecho de libertad religiosa, en su parte visible, establece que usted puede creer en lo que se le antoje, incluyendo nada. Pero en su parte invisible, establece que nadie debe impedirle a usted creer en lo que se le haya ocurrido.

Digamos que alguien crea una iglesia que adora una botella de Johnny Walker (etiqueta azul, por supuesto). No hay problema, que lo haga. Podría tacharse de gracioso, alocado, vicioso, lo que se quiera, pero creer que la botella es un dios es parte de esa libertad.

La clave está en la obligación que el resto tiene.

Una obligación de no impedir esas creencias aceptadas libremente por los fieles walkeristas. Adorar esa botella, más aún, implica dejar a otros que tengan la religión que ellos quieran.

Impedirlo es una violación del derecho, una asimetría: tener uno el derecho de adorar a Johnny pero impedir que otros adoren a Chivas Regal. No es complicado, una vez que se muestra.

En ese caso de Michoacán, los fieles de una religión impiden que otros tengan el derecho del que ellos gozan. Son libres de seguir a Martin de Tour y de creer en la voz de un muerto, el general Lázaro Cárdenas (créalo), pero impiden que otros sigan sus propias creencias.

No tiene la simetría deseada. Es ilegítimo hacerlo, mucho más si hay violencia.

Habría una salvedad, la de la propiedad. Un templo judío, siendo propiedad privada, sólo permite en su interior a su propia religión. No podría llegar Martin de Tour y exigir que allí se realizara uno de sus ritos.

Dentro de esa propiedad privada, los demás no pueden exigir que se acepten, por ejemplo, ministros de otra religión. Aquí hay simetría en las dos direcciones.

Si el poblado es una propiedad privada única de esa religión, formal y legalmente, como una especie de convento muy grande, entonces sí, sí se tiene derecho a rechazar al intruso que intenta adicionar otra religión en su interior.

Me imagino que el poblado no sea una propiedad privada. Si no lo es, la conclusión es obvia: en ese pueblo debe existir libertad religiosa para todos, no sólo para los de una creencia.

Esos sucesos en Michoacán muestran bastante más que lo que se ve en ellos. No sólo la necesidad de simetría entre derechos de uno y obligación del resto, sino también una realidad poco examinada.

Me refiero a la educación pública en el país y que es laica por ley. Eso va muy bien para los ciudadanos que quieren esa educación para sus hijos, pero no para los que quisieran una educación religiosa y no pueden pagar escuelas privadas.

Es decir, en esa educación laica pública tampoco hay simetría. No se respeta en derecho de quienes quisieran tener materias religiosas, en beneficio de quienes no las quieren.

Más o menos igual, aunque en la otra dirección, de quienes no quieren materias religiosas en la Nueva Jerusalén y se lo impiden quienes sí las quieren (las suyas solamente).

Sí, los derechos son complicados porque más que derechos son libertades.

Post Scriptum

La idea en esencia es entender a los derechos como libertades que sólo pueden reclamar a otros esa libertad y nada más que ella. El derecho a la libertad de expresión, entendido así, obliga al resto a no impedir que usted diga lo que quiera y nada más que eso. Si usted quiere ejercerla, vaya y funde su propio periódico o cualquier otro medio.

Puede parecer obvio, aunque no lo sea. Muchos piensan que los jóvenes tienen derecho a anticonceptivos que el gobierno proporciona. Es un error, la persona tiene libertad para tener relaciones sexuales, pero no para exigir que otros paguen sus costos. Que él los pague y nadie mas que quien decide usar su libertad.

Usted tiene el derecho a comer naranjas, es decir, la libertad de comerlas. Esta libertad exige a los demás no impedir que usted las coma. Eso es todo y no significa que usted tenga el derecho de exigir que otros le provean con las naranjas que usted quiere comer.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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